PRESIÓN DEL FMI EN UNA GESTIÓN CLAVE POR LA DEUDA
El FMI pronosticó ayer que la economía argentina crecerá este año un 5,5% y un 4% en 2004. Pero hizo una salvedad: remarcó que para que ese crecimiento económico se concrete y se pueda sostener, el Gobierno deberá aplicar las reformas comprometidas ante el organismo y apurar la negociación con los acreedores privados por la deuda en cesación de pagos.
El comentario podría haber sido sólo la repetición de un consejo conocido. Sin embargo, adquirió una dimensión especial, dado que se produjo a sólo 72 horas de que la Argentina presente ante la comunidad financiera internacional una propuesta para reestructurar los casi 100.000 millones de dólares de deuda en default.
La opinión del FMI quedó registrada ayer a través de varios canales. Uno de ellos fue el economista jefe del organismo Kenneth Rogoff, en declaraciones que hizo en Dubai, en las actividades previas a la asamblea anual. En simultáneo, en Washington se difundió el informe del Fondo con las perspectivas económicas mundiales, que incluye varios párrafos sobre las tareas pendientes de la Argentina. Y por último, el titular del FMI, Horst Köhler, en declaraciones publicadas en su país de nacimiento, Alemania, también cargó las tintas sobre el caso argentino (ver Un apoyo…).
Rogoff sostuvo que hasta tanto no se conozcan los resultados de la negociación que Argentina iniciará con sus acreedores en Dubai, será difícil calcular cómo será el crecimiento económico de largo plazo. Añadió que sin esa información no es posible estimar qué recursos tendrá disponibles la Argentina para tratar de fortalecer la recuperación.
Frente a eso, reiteró el pedido al Gobierno para que encare “las reformas estructurales destinadas a afrontar los pagos” de la deuda en default, y “devolver la confianza tanto a los inversores argentinos como extranjeros”.
Y al evaluar el impacto que podría tener un eventual fracaso de esas negociaciones sobre la economía argentina, el economista del FMI estimó que “podría frenarse el crecimiento”. Lo explicó así: “El peligro es que sus relaciones en el sistema de comercio internacional saldrían perjudicadas y podrían registrarse otros problemas que llevarían a una disminución del crecimiento”.
Según Rogoff, la lista de reformas que Argentina tiene que realizar incluye la flexibilización del mercado laboral, la reconstrucción del sistema bancario, la restauración de la confianza de los inversores domésticos y extranjeros sobre la seguridad jurídica, resolver problemas políticos como la relación entre la Nación y las provincias para “poder tener un proceso presupuestario mas racional”.
Durante la conferencia de prensa que dio en Dubai para presentar las perspectivas económicas mundiales Rogoff señalo: “Contrariamente a la opinión general, el crecimiento que registró Argentina durante el período más reciente, no ha sido tan alentador, si se lo compara con otros países que superaron crisis de deuda en los años 1980 o 1990”.
Rogoff puso como ejemplo las economías asiáticas, que “tuvieron un repunte mucho más pronunciado” que el argentino, pese a que sus gobiernos estaban pagando parte de la deuda, mientras que Argentina “no hizo ningún pago significativo”.
En tanto, el capítulo del informe del FMI sobre América latina dice que en la Argentina “la recuperación emergente sigue siendo vulnerable debido a diversos factores, incluyendo la falta de sustentabilidad de las finanzas públicas, la falta de progresos en la superación de la debilidad bancaria, una deuda empresaria alta, la inseguridad jurídica que continúa y la pobreza reinante”.
Y subraya la necesidad de que el Gobierno realice las reformas, renegocie la deuda en default, fortalezca el sistema financiero, impulse la reestructuración de la deuda de la compañías privadas y “asegure que los pobres estén protegidos durante esa transición”. Entre los factores que faltan corregir, según el Fondo, figuran “finanzas públicas insostenibles y falta de progresos en hacer frente a la situación de bancos débiles”.
A la vez, el FMI consideró que la salida del corralón fue “exitosa” y que “no tuvo un efecto negativo mayor sobre los depósitos bancarios”. Agregó: “Los indicadores del mercado permanecieron generalmente estables, con una sustancial apreciación del peso desde finales del 2002, los intereses a corto plazo disminuyendo un poco y las reservas internacionales aumentando”.
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