PRESIONADO, BUSH PIDIÓ PERDÓN POR LAS TORTURAS
Acorralado por un escándalo que podría poner en riesgo a su gabinete, el presidente estadounidense, George W. Bush, hizo finalmente ayer el pedido formal de disculpas que había omitido el día anterior.
El gesto fue interpretado como un claro intento de poner fin a las críticas desatadas alrededor del mundo, tras la difusión de fotografías de prisioneros iraquíes humillados por soldados norteamericanos.
Sin embargo, en su mensaje, Bush intentó rescatar al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, sobre quien llueven los reclamos de renuncia.
El pedido de disculpas, que registra pocos antecedentes, revela la profunda preocupación con que la Casa Blanca ve las posibles ramificaciones del escándalo, que justamente en un año electoral ha sumido a la administración republicana en una de sus mayores crisis. Esto se sumó ayer a otro retroceso en la política norteamericana en Medio Oriente: Bush retiró su apoyo a que Israel mantenga algunas colonias en Cisjordania.
“Lamento la humillación que sufrieron los presos en Irak y la humillación que sufrieron sus familiares”, señaló Bush, en compañía del rey Abdullah II de Jordania.
“También lamento que la gente que vio esas imágenes no haya podido comprender la verdadera naturaleza y el sentimiento de los norteamericanos”, enfatizó el mandatario.
El presidente estadounidense se vio forzado a hacer el pedido de perdón ante la indignación que las imágenes difundidas en los últimos días causaron en Irak y alrededor del mundo. Aunque había prometido que “los responsables serán llevados ante la justicia”, Bush había evitado pedir disculpas al ser entrevistado un día antes por dos cadenas de televisión de amplia difusión en el mundo árabe, Al Hurra y Al Arabiya.
Otro gesto dirigido a aquietar las aguas en los países de la región: el mandatario estadounidense dio un paso atrás en su apoyo a la anexión de territorios palestinos en Cisjordania por parte de Israel.
El mes pasado, Bush había provocado otra fuerte polémica al manifestar su respaldo a la iniciativa del primer ministro israelí Ariel Sharon, que además de una retirada unilateral de la Franja de Gaza impulsa la anexión permanente a Israel de algunos asentamientos judíos. Fue un claro giro en la política norteamericana hacia Medio Oriente y causó gran indignación en el mundo árabe y en Europa. Incluso fue criticado por un grupo de ex diplomáticos estadounidenses.
Durante una conferencia de prensa con el rey Abdullah de Jordania, Bush respaldó la creación de un Estado palestino, aunque también apoyó a Sharon y su plan de retirada de Gaza. “Debemos aprovechar la oportunidad para iniciar el proceso hacia la creación de un Estado palestino”, dijo Bush, a la vez que el rey Abdullah puso el acento en un regreso a las fronteras de 1967.
Pero a pesar de los intentos por limitar los daños del escándalo y aplacar la ira en el mundo árabe, la confusión que reina en la Casa Blanca quedó en evidencia en las últimas horas, en las que la capital norteamericana se convirtió en un hervidero de rumores.
Citando fuentes oficiales, The New York Times y The Washington Post revelaron ayer que Bush le expresó a Rumsfeld su “enojo” por el hecho de no haber sido informado antes de los abusos y de la existencia de fotografías.
Este tipo de comentarios a la prensa es en sí mismo excepcional en una administración que pone gran énfasis en la disciplina interna y es sumamente celosa de la intimidad de sus manejos y decisiones. La difusión de la amonestación de Bush fue deliberada y mostró por primera vez el impacto que está teniendo el caso en la Casa Blanca, aunque luego el presidente se ocupó de ratificarlo en su cargo.
“Rumsfeld es un muy buen secretario de Defensa; ha servido bien a nuestro país; es una parte importante de mi gabinete y se va a quedar en mi gabinete”, dijo Bush.
De todas formas, Rumsfeld, uno de los principales arquitectos de la guerra en Irak, podría tener sus días contados en el gabinete, en medio de un escándalo que continuó creciendo ayer con la difusión de nuevas imágenes de abusos contra presos iraquíes.
Su eventual renuncia no sólo dañaría la ya debilitada credibilidad de la administración republicana. También proyectaría una sombra sobre todo el esfuerzo del gobierno norteamericano en la guerra contra el terrorismo, la columna vertebral de la gestión de Bush a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Pero aunque abundan las especulaciones, parece difícil que Bush se deshaga en lo inmediato del jefe del Pentágono, especialmente en un momento tan delicado de la posguerra en Irak y cuando el mandatario busca la reelección en una carrera que se prevé muy cerrada con el senador demócrata John Kerry.
Ayer, durante todo el día, se sucedieron los pedidos de renuncia de Rumsfeld. Además de los principales diarios, varios legisladores demócratas exigieron la salida del jefe del Pentágono. El influyente senador por Iowa, el demócrata Tom Harkin, afirmó: “Por el bien de nuestra nación, la seguridad de nuestras tropas y nuestra imagen en el mundo, el secretario de Defensa debería renunciar”. Nancy Pelosi, la líder demócrata de la Cámara de Representantes, se sumó a su reclamo.
“El último en enterarse”
Kerry, en cambio, alentado por nuevas encuestas que lo muestran otra vez cabeza a cabeza con Bush en la intención de voto para noviembre, apuntó directamente a su rival. Observó que, como presidente, no va a ser el último en enterarse de lo que ocurre bajo su mando.
La controversia está lejos de haber terminado. Rumsfeld testificará públicamente hoy ante la comisión de fuerzas armadas del Senado, que investiga los abusos en Irak, cita considerada una “lucha por su supervivencia política”. La sesión durará algo más de dos horas. El funcionario pasó todo el día de ayer preparando su presentación.
El factor desencadenante de la crisis fue una serie de fotografías en que se ve a prisioneros iraquíes sometidos a abusos físicos y psicológicos, así como a humillaciones sexuales, hechos ocurridos en noviembre pasado en la cárcel de Abu Ghraib, en Bagdad, sitio donde el depuesto régimen de Saddam Hussein había cometido excesos durante décadas.
Las imágenes, a las que ayer se sumaron otras publicadas por The Washington Post, dieron la vuelta al mundo y causaron una fuerte conmoción internacional.
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