PRESOS AFIRMAN QUE LA TORTURA RIGE EN LA CÁRCEL DE CORONDA
A cada denuncia, una sesión de tormentos. Eso acusan cuatro convictos en la cárcel de Coronda en una carta que también implora al Poder Judicial la debida atención a sus reclamos. Es que hace un año ya que ese presidio no cuenta con la indispensable figura del juez de ejecución penal que debiera velar por el normal cumplimiento de la condena de los presos, sin otros castigos extra como los que estos reos advierten sin pausa desde el mes pasado.
Se trata de los presidiarios Hernán Gómez, Franco Coman, Ariel Sosa y Miguel Ángel Díaz, todos recluidos en los buzones, tal como en la cárcel denominan las celdas de castigo. El jueves escribieron una carta en la que afirman ser objeto de “torturas físicas y psicológicas por parte de personal del Servicio Penitenciario (SP)” mientras “la ley así lo permite y no toma cartas en el asunto”.
La revelación de los detenidos no es nueva y se debe a que el 17 de enero pasado ya habían radicado una denuncia penal por apremios ilegales contra la Guardia Armada de la Unidad Penitenciaria Nº 1, establecida en la histórica capital de la frutilla. Luego de eso– “por no recibir ayuda judicial”, según su entendimiento del asunto– los autores de la acusación volvieron a padecer “una brutal golpiza por parte de la Guardia Armada”.
En ese entonces, la voz que encendió la mecha fue la de una madre: Ana Salinas, quien visitó a su hijo –Miguel Ángel Díaz, de 27 años– en el penal y regresó a Rosario aterrada por el deterioro físico del muchacho y las inocultables huellas de golpes varios en cualquier parte del cuerpo. Tras la visita siguiente, Mónica (hermana de Díaz) aseguró que los carceleros habían vuelto a castigar y a reprender: “Si tu vieja sigue denunciando, vos sos boleta”, le habrían dicho.
Díaz y su familia procuran que algún juez intervenga y disponga el traslado a otra prisión ajena al Servicio Penitenciario de la provincia. Todo ha sido en vano hasta ahora.
El director del SP, Fernando Rosúa, le dijo la semana pasada a El Ciudadano que, de los 1.600 presos alojados en Coronda, 1.000 son oriundos de Rosario. “Todos quieren que los traslademos más cerca de su familia, pero no lo podemos hacer porque no hay estructura para eso”, argumentó el funcionario.
El 31 de enero los presidiarios renovaron la acusación, habida cuenta de que los tormentos –siempre según sus dichos– no cesaron a pesar de haber acusado con nombre y apellido a los guardiacárceles más violentos.
Al menos hasta el jueves pasado, la última represalia de los custodios del presidio ocurrió en la medianoche del lunes 2. “Un montón de empleados encapuchados entraron a nuestro pabellón y se dirigieron a la celda donde se encuentra Sosa. Le dieron una brutal golpiza y uno que traía un cuchillo le cortó la mano”, relata el texto de la misiva enviada a esta Redacción.
“Luego de golpear a Sosa, fueron a la celda de Coman para darle la misma golpiza y un par de puntazos en una de sus manos. Luego se dirigieron hasta la celda de Gómez y lo llevaron esposado a un lugar que no sabemos donde. Por último, quisieron entrar a la celda de Díaz, pero este se cortó con una gilé e impidió que entrasen a golpearlo”, narra la misiva redactada a mano, con bolígrafo azul y en ajado papel de formularios continuos.
Igual que en la primera denuncia, aquí los autores de la carta cuentan que espiaron esa irrupción “por los agujeritos del pasaplato de la puerta” y juran que así reconocieron a tres carceleros en misión de ilegal escarmiento: “el oficial Walter Escobar, el celador Gordo Cuello y el Gringo López, empleado de la 6-A (sic)”, afirmaron en el mensaje.
Los reos añadieron que al día siguiente fueron revisados por médicas que constataron numerosas lesiones. Desde la familia de Díaz aseveraron que ese detenido perdió dos dedos por causa de estas palizas.
La carta culmina con la revelación de la última amenaza proferida por un carcelero: “Si no terminan con las denuncias, los vamos a matar de una manera que nadie se dará cuenta”. Y cierra implorando atención a “algún juez, antes de que suceda una desgracia, como ya ha pasado en otras oportunidades”.
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