Prevén llegar sólo en 2019 al equilibrio fiscal e inflacionario
El Gobierno calcula para este año un déficit de 4,8% y una inflación de 20 a 25%.
El Gobierno confirmó que decidió apelar a una estrategia gradualista en su intento por relanzar la economía hacia una nueva etapa de crecimiento. Según anunció ayer el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, la tasa de inflación se reducirá a un dígito y el Tesoro alcanzará el equilibrio fiscal sólo en 2019, cuando se acerque el final del mandato.
Prat-Gay presentó en la tarde de ayer el programa fiscal y las metas de inflación que el Gobierno espera para el período 2016/2019. “Son números aprobados esta mañana por el Presidente”, aclaró.
Allí se observa que planea una reducción progresiva de 1,5 puntos por año en el monumental déficit heredado de Cristina Kirchner, que tras llegar al 7,1% del PBI en 2015 bajaría a 4,8% este año y sería neutro en cuatro años. El descenso de la inflación se prevé también gradual: debería cerrar este ejercicio entre 20 y 25% y caer al 5% para 2019.
El panorama optimista mirando hacia el largo plazo se topa con un arranque gravoso que el ministro adjudicó íntegramente a “la herencia recibida”. “Nos gustaría ser más veloces, pero queremos ser cuidadosos y gradualistas con un objetivo descendente en el déficit, y estamos estudiando hacer un presupuesto plurianual con una baja del déficit más importante a partir de 2017”, aclaró Prat-Gay en un momento de la conferencia.
Por lo pronto, la hoja de ruta arranca con un déficit que se mantendría cerca de los 5 puntos durante este año, dada la pérdida de ingresos a que se resignó y resignará el fisco al eliminar o reducir retenciones, reintegrar el IVA a las compras de bienes de la canasta básica que realicen titulares de familias en situación de vulnerabilidad social, incluir a monotributistas en la asignación por hijo y elevar el mínimo no imponible y cambiar las escalas de Ganancias, por caso.
A su vez, porque del lado del gasto sólo se prevén ahorros por la quita de subsidios a los consumos residenciales de energía en el área metropolitana (aunque manteniéndolos para los bajos consumos) y “por reordenamiento de gastos”, categoría en la que incluyó el despido de “ñoquis”.
En el primer caso, los gastos del Estado nacional caerían de 4 a 2,5 puntos PBI (dado que se conservaría buena parte de los subsidios al transporte público), mientras que en el segundo el aporte a la austeridad sería menor a un punto.
La aún elevada brecha entre gastos e ingresos se seguirá cubriendo en principio con aportes del Banco Central (BCRA) y la Anses, mientras que el resto de los recursos provendrán de financiamiento en los mercados, aunque no se especificaron los montos. Es otro dato que confirma que se optó por el gradualismo, a diferencia de la estrategia de shock aplicada para resolver el atraso cambiario.
“Todavía no tenemos cerrado el plan de financiamiento”, se excusó el ministro. Sin embargo confió que el Tesoro espera recibir del ente monetario unos $ 160.000 millones en total durante el presente año.
Pese a todo, la reducción del déficit, que se plantea de apenas un punto para este año, es más drástica si se observa que la brecha entre ingresos y egresos bien medida escaló hasta 7,1% del PBI en 2015. En parte, por las medidas que la administración Macri dispuso a poco de asumir, como la baja de retenciones o el suplemento de $ 400 dado a jubilados a fin de año.
Pero principalmente “porque lo que algunos tomaron como señales de moderación en el gasto en la parte final de la administración anterior descubrimos que en realidad fue que dejaron de pagar”, especificó el funcionario. “La deuda flotante con proveedores, organismos y otros acreedores a fines de 2015 estuvo alrededor de los $ 110.000 millones”, detalló, al mencionar que el grueso de ella se generó en los últimos días de mandato de Cristina Kirchner.
Desde este punto de vista, la reducción del déficit (que se proyecta realizar a razón de 1,5 puntos por año en el resto de la gestión) se elevaría a 2,3 puntos en el ejercicio actual.
“Lo que nos dijeron que era un déficit primario de 2,3% del PIB (en 2015) resulta que fue 5,8 por ciento”, señaló el ministro, en referencia al desfasaje con el presupuesto original y antes de detallar que, mejor medido, superaba el 7%.
Luego afirmó que el objetivo para este año es bajarlo al 4,8%, y que una de las claves para lograrlo será la eliminación de subsidios en servicios públicos “al 30 o 40% más rico de la población que recibe ese beneficio”.
A su vez, calculó que en 2015 la inflación promedio rondó el 28%, dijo que la meta del Gobierno es que se ubique entre el 20 y el 25% en 2016, para caer escalonadamente hasta un 5% en 2019. “En el tema fiscal e inflacionario vamos a ser cuidadosos, pero tendremos mano dura”, señaló Prat-Gay, que destacó que espera una inflación inferior al 1% mensual a partir del segundo semestre del año.
Los analistas consideran que las metas son “ambiciosas” pero “cumplibles”, pero advirtieron que se va a necesitar “un buen diálogo con empresarios y sindicatos para coordinar expectativas”, dijo, por caso, el ex secretario de Finanzas Miguel Kiguel.
Con ese objetivo en mente, Prat-Gay les recordó a los sindicatos que con los cambios en Ganancias el Estado reintegrará este año a los trabajadores unos $ 37.000 millones netos. “Espero que lo tengan en cuenta a la hora de discutir las paritarias”, recomendó.
La economista Marina Dal Poggetto, socia del asesor del ex candidato presidencial Daniel Scioli, Miguel Bein, dijo que el plan que presentó el ministro “da idea de una herencia complicada en términos fiscales, lo que es así y presenta un sendero optimista de corrección”, lo que valoró.
Fuente: La Nación
Este contenido no está abierto a comentarios

