PREVÉN NUEVOS Y MÁS VIOLENTOS FENÓMENOS CLIMÁTICOS
Cuando al doctor Giancarlo Icardi, secretario de Salud de la ciudad italiana de Génova, le comunicaron por teléfono que su joven sobrino tenía fiebre, dolor de cabeza y los ojos acuosos después de un día de playa, el calentamiento global no fue el primer diagnóstico que tuvo en mente. Sospechó una gripe fuera de época.
Pero otros 128 amantes de la playa con síntomas similares fueron a hacerse ver a distintos hospitales de Génova ese fin de semana de julio pasado. Aunque 24 horas después los problemas de salud habían sido superados, los científicos rápidamente difundieron una perturbadora noticia sobre la causa del mal: un alga tóxica de aguas cálidas que ahora crece en un mar Mediterráneo cada vez más cálido y que jamás había brotado en un balneario situado tan al norte de Italia.
“Es la primera vez que tenemos este problema en Liguria (región del norte de Italia que abarca a Génova)”, señaló Icardi.
Mientras que para combatir esos cambios climáticos los países de toda Europa reducen la emisión de gases que provocan el llamado efecto invernadero, tanto los científicos como los ciudadanos están descubriendo que las consecuencias ya están entre nosotros. Sostienen que se está produciendo un calentamiento irreversible que persistirá durante un siglo, aun cuando las emisiones contaminantes sean controladas por el Protocolo de Kyoto, el tratado internacional para limitar los gases de invernadero.
Y con ese fin, añaden, los gobiernos y los ciudadanos deben prepararse para un futuro de temperaturas más elevadas y adaptarse a un clima más caluroso y tormentoso. “Además de atenuar el calentamiento del clima, también deberíamos concentrarnos en la manera de adaptarnos”, expresó Richard Klein, del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto del Clima, en Alemania.
Las incipientes señales de advertencia del calentamiento global son evidentes: aumentos de decesos estivales debido a olas de calor en Europa; la migración hacia el Norte de algas tóxicas y peces tropicales hacia el Mediterráneo; la propagación de insectos portadores de enfermedades en zonas inhóspitas de Suecia y la República Checa.
Los científicos consideran que el calentamiento global podría ser en parte causante del número cada vez mayor de violentos huracanes, como Katrina, así como del incremento de inundaciones, como las que anegaron partes del centro de Europa el verano boreal pasado. El calentamiento global también fue relacionado con los recurrentes incendios estivales en Portugal, ya que la península Ibérica se ha vuelto más calurosa y seca.
Durante los años 90, el promedio anual de desastres relacionados con el clima y la temperatura duplicó el de los años 80, según la Oficina Europea del Medio Ambiente, con sede en Copenhague. Para contrarrestar esa tendencia, los países y los políticos están comenzando a pensar en los cambios que deberán introducir.
Los agricultores franceses optan ahora por cultivos que toleran mejor las altas temperaturas, por ejemplo, nabo en lugar de maíz. Los centros de esquí austríacos que ya no pueden contar con nevadas tienen previsto construir canchas de golf y trazados para el llamado turismo de aventura.
La municipalidad de Brescia, Italia, ahora entrega gratuitamente a la gente mayor aparatos de aire acondicionado, una rareza en ese país. Los planificadores de la nueva red de subterráneos de Copenhague elevaron todas las estructuras ya que prevén que en los próximos 100 años el calentamiento global podría causar un aumento de medio metro en el nivel del mar.
La mayoría de los pronósticos científicos indican que, aun con las normas de emisiones reducidas promulgadas por el Protocolo de Kyoto, las temperaturas aumentarán de 4 a 11 grados centígrados en Europa durante los próximos cien años, un poco menos que en el resto del mundo. Y la gente, en gran medida, no está preparada.
“Es muy escasa nuestra ductilidad ante el cambio de clima”, afirmó Jacqueline McGlad_e, directora ejecutiva de la Oficina Europea del Medio Ambiente. McGlade pronosticó que, si no se hiciera nada, la gente del norte y del sur de Europa, donde se espera que el efecto sea más intenso, podrían convertirse en “refugiados climáticos”, que se irán desplazando hacia el centro del continente.
La evidencia del calentamiento global es ahora irrefutable, y casi todos los científicos consideran que ha sido producida -o, por lo menos, acelerada- por las emisiones de gases relacionadas con la industrialización.
Para 2080, según el Centro Hadley para la Investigación y el Pronóstico del Clima, de Gran Bretaña, cada verano de por medio será tan o más caluroso que el verano de 2003, que provocó 20.000 muertes en Europa.
“Se espera que lleguen casi a desaparecer los inviernos fríos, que se produjeron una vez cada 10 años en los últimos 30 años”, dijo McGlade.
Efectos perceptibles
Algunos de los casos analizados más a fondo se registraron en Suecia, donde los científicos documentaron la proliferación de insectos portadores de enfermedades junto con las temperaturas más altas. Esos insectos, que transmiten la enfermedad de Lyme y un tipo de infección cerebral, sólo sobreviven en inviernos cortos y templados.
“Las variaciones del clima influyeron de manera muy perceptible”, dijo Elisabeth Lindgren, del departamento de ecosistemas de la Universidad de Estocolmo. “Ahora -continuó- vemos enfermedades en zonas donde nunca existieron, así como más casos en las zonas donde existieron anteriormente.”
“Debido a las temperaturas invernales más templadas, ciertos lagos suecos tienen más bacterias y detritos, lo cual afecta la recreación y también la provisión de agua”, observó Gesa Weyhenmeyer, de la Universidad de Ciencias Agrícolas, de Uppsala.
Puesto que las temperaturas invernales en Suecia aumentaron hasta 3 grados centígrados en los años 90, en muchas partes del país dejó de nevar y desaparecieron las capas de hielo en las últimas dos décadas, lo cual produjo efectos dramáticos en la ecología.
Debido a que el territorio que rodea el lago Malaren ya no se congela durante el invierno, pequeñas partículas de tierra se disuelven en el lago, y a veces transforman el agua corriente de Estocolmo en un desagradable líquido turbio.
A veces, adaptarse al cambio climático es sencillo: el gobierno sueco, por ejemplo, incentiva a los habitantes de las zonas boscosas para que planten nuevas especies de árboles que crecen mejor en un clima levemente más cálido. En Hamburgo y Rotterdam, se están construyendo nuevos muelles que se adaptarán a los posibles aumentos de los niveles del agua.
En otros casos, la adaptación llegaría a ser tan costosa, que las autoridades podrían optar por dejar que la naturaleza siga su rumbo. A lo largo de la costa británica, en Norfolk y Essex, los municipios locales analizan la posibilidad de dejar que la marginal tierra de cultivo costera, ya acosada por las frecuentes inundaciones, simplemente se hunda en el mar a medida que aumente el nivel del agua.
“Tal vez lo más sensato sería ceder terreno y modificar el contorno costero”, señaló Klein. “No habrá que seguir pagando subsidios -agregó- y esas chacras podrían transformarse en un salubre pantano salino en lugar de seguir siendo una infértil tierra de cultivo.”
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