PRIMER ROUND ENTRE LAS MUJERES QUE DISPUTAN LA PRESIDENCIA DE CHILE
Cuatro millones de chilenos se apostaron frente a la televisión a las 10 de la noche del miércoles. La cartelera no anunciaba un partido de fútbol ni un reality show. Pero el espectáculo era inédito: por primera vez dos mujeres —Soledad Alvear y Michelle Bachelet— disputarían la candidatura presidencial del oficialismo y todas las encuestas indican que cualquiera de las dos le gana al candidato de la derecha, Joaquín Lavín.
El debate de estas dos mujeres de clase media y algo más de 50 años marcó el inicio de la recta final de la carrera presidencial en Chile. El primer escrutinio será el 31 de julio, en las primarias de la Concertación, de donde saldrá la candidata que deberá disputar con el abanderado de la derecha el 11 de diciembre la elección.
La tensión que se respiraba en el set hacía recordar una gran final por las eliminatorias del Mundial y las primeras incisivas preguntas de los cinco periodistas hicieron subir la temperatura. Estaban frente a frente dos mujeres, estudiantes de la mejor escuela (Liceo Nø 1), y con otro denominador común: las dos fueron impuestas por la ciudadanía y las encuestas, desafiando a sus dirigencias partidarias que tenían a otros varones lidiando por el sillón que ocupa Ricardo Lagos.
Una, Soledad Alvear, abogada, casada y de la Democracia Cristiana, ha sido ministra de los tres gobiernos de la Concertación: en el Ministerio de la Mujer con Patricio Aylwin, de Justicia con Eduardo Frei, y Canciller de Lagos. Arrastra fama de estudiosa y aplicada desde la infancia y sólo salió del gobierno una vez que firmó los tratados de libre comercio con EE.UU. y la Unión Europea, de los que fue artífice.
La otra, Michelle Bachelet, médica y socialista, igual que Salvador Allende, separada, ha trabajado en los gobiernos de la Concertación desde 1990, pero sólo con Lagos llegó a ser ministra de Salud primero y de Defensa más tarde. No sólo fue la primera mujer que llegó al Ministerio de Defensa, sino que además es hija de un general de Aviación, Alberto Bachelet, constitucionalista y brutalmente torturado después del golpe militar de Pinochet, quien murió en la cárcel por falta de asistencia médica. Si en Salud consiguió erradicar al menos parcialmente las colas en los consultorios gratuitos, en Defensa fue símbolo de la reconciliación. Su imagen sobre un tanque pasando revista a las tropas y con los oficiales cuadrándose a su paso, provocó más de un estremecimiento en la ciudadanía.
Pero ni el recuerdo de su padre salvó a Bachelet de una pregunta quemante: si su relación sentimental con un miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez la hizo en la época aceptar la lucha armada para terminar con la dictadura. Bachelet, por un segundo, abandonó su sonrisa y con aplomo respondió: “Hace 20 años tuve una pareja del Frente Patriótico. Cuando la gente trabaja conmigo nunca le pregunto su militancia. Lo que me importan son sus valores, sus sueños y convicciones. El tenía su pensamiento y yo el mío”.
Alvear tampoco tuvo guante blanco. La relación de su marido, alto ejecutivo de una universidad privada, con las licitaciones del Ministerio de Justicia, donde ella fue titular, le permitieron sacar una energía desconocida: “No hay ninguna situación irregular, ni ética ni jurídica. Si alguien quiere atacarme, la candidata soy yo, atáquenme a mí”.
Los que esperaban a dos mujeres en una lucha libre se decepcionaron. No hubo ataques personales: allí está la clave de su éxito. También se frustraron los que esperaban anuncios espectaculares, aunque se sabe que el cuarto gobierno de la Concertación no será de continuidad.
Bachelet se muestra imparable en las encuestas (con un 61%) y muchos ya empezaron a extrañar a Lagos. Otros, a mirar con más entusiasmo las claves sorprendentes e inéditas de un gobierno con rostro y carácter de mujer. Para Lavín la campaña empeora. No tiene armas para disputar con una mujer. Más cuando todo hace suponer que Lagos logró exorcizar el fantasma del socialista que destruye la economía y a quien hay que derrocar. Allende ya puede reposar en su tumba.
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