Primer trimestre: aprobado o ha probado
Me preguntaba un amigo si es que me había cansado de contar historias de pobres perdedores, notando que este último mes, las notas parecían tener otro ánimo. Y no es tan así, aunque algo de razón puede tener, por eso de que las historias pasaron a ser diferentes, con respecto a aquellas del noreste.
Creo que el paisaje tiene mucho que ver, aunque parezca una banalidad. O sea, el ánimo del que cuenta, como el ánimo de quien vive donde le toca vivir, aparece condicionado por el paisaje. De modo que es factible que no sea el mismo el carácter de un pobre que se levanta todos los días en el Impenetrable chaqueño que el de uno que se levanta todos los días en la Quebrada de Humahuaca.
Y uno se contagia. Pero, si en el encabezamiento decíamos que no tiene más incertidumbres que certezas, la única certeza absoluta es que vivimos en un país –esto ya con o sin paisaje- en el que cada vez que nos levantamos –en Chaco o en la Quebrada, o donde sea- una nueva injusticia en la redistribución de la riqueza se está produciendo.
Y otra: la condición feudal de la Argentina, la que no consta en la Constitución pero se ejerce de hecho, no cambia ni con la geografía ni con los límites provinciales. Es la misma, aunque otros sean los nombres de la ignominia. Juárez en Santiago, o Alperovich en Tucumán, o Romero en Salta. Cambian los apellidos pero no las tácticas. Todo lo que produce un santiagueño, un tucumano, un salteño, va a parar a las arcas de un poder ancestral o a entenados que ese poder decida.
Hasta aquí, las certezas. En cuanto a los interrogantes, muchas veces, con la vista al frente en rutas interminables, donde se maneja mucho pero se piensa más, uno se pregunta esperando escuchar una voz interior y segura que le diga que no es así, si las condiciones para que los feudos se cristalicen no son verdaderamente culturales y, en verdad, no vale inmiscuirse para cambiar lo que nadie quiere que cambie.
Son preguntas demasiado complejas, demasiado difíciles de responder en un viaje que apenas tiene tres meses por un país que tiene muchos más años, y por historias de pueblos milenarios que se cuentan a medias, se omiten, se manipulan y –aunque mitiguen el dolor con la belleza del entorno- están ahí, con ese silencio tan sabio del que nosotros pocas veces podemos contagiarnos. Será mejor que yo lo intente ahora.
claudio_ [email protected]
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