PRIMERA SALA DE TEATRO EN USHUAIA
USHUAIA.- Para los indios onas, el Hain era una choza ceremonial, pero también era el nombre de un rito de iniciación que debían pasar los hombres para entrar en la adultez. Este rito enfrentaba a los adolescentes varones con supuestos seres malignos que los atacaban con más intención de asustarlos que de hacerles verdadero daño. Dice la leyenda que en uno de estos enfrentamientos un joven en plena trifulca logró sacarle la máscara a uno de sus atacantes y vio que era su hermano mayor, y desde entonces el gran rito pasó a ser, sobre todo, el mantenimiento del secreto: nadie debía saber que detrás de esas máscaras pintadas había seres humanos. Era una de las maneras que tenían los hombres de conservar el poder.
Suponer que a la sala teatral que el último jueves se inauguró en la ciudad de Ushuaia le pusieron Teatro del Hain sólo por la primera acepción del término sería demasiado facilista; es en la segunda definición donde lo teatral entra en juego, con los ocultamientos, los secretos y las máscaras, eso sí, quizá con fines mucho menos perversos.
Con toda la euforia que tienen los ritos de inauguración se abrió esta sala, que no sólo se puede considerar “la más austral del mundo” (slogan que calza bien a casi todo lo que hay y ocurre en la lejana Ushuaia), sino que también es la primera sala de teatro independiente de la provincia. Banda, murga y discursos sentidos lograron atemperar el frío (sobre todo para los porteños, porque para los lugareños los 5º grados son para buzo, campera liviana y no mucho más) de un anochecer que recién empezó a concretarse pasadas las 21.30.
Sala se busca
Hasta ese día el teatro independiente de la zona circulaba por el Salón de Usos Múltiples Germán Sopeña del ex presidio, más conocido como La Panadería, ya que allí funcionaba la del penal mientras éste estuvo en funcionamiento; por el teatro de la Casa de la Cultura, que como única sala de la ciudad tiene un calendario de eventos, actos escolares y convenciones que dejan muy pocos huecos para los teatristas del lugar; por el único cine que funciona al lado del penal y por salones de actos de las escuelas amigas.
Con este panorama no fue difícil que las autoridades del Instituto Nacional del Teatro (INT) se convencieran de que era beneficiosa una sala para la actividad en la zona. Así, la Asociación Civil Teatro de Hain, que agrupa a varios elencos de la ciudad, se puso a buscar un lugar donde instalar su futuro teatro. Un viejo y casi abandonado obrador en el Barrio Andino fue considerado el más adecuado, y la asociación lo compró en parte; el resto del dinero, que se necesitaba para su acondicionamiento, llegó de manos del INT.
Lo que desde afuera se ve sólo como una sencilla construcción de chapa pintada de azul metalizado esconde una cálida (son varias las estufas que dan calor al lugar) sala de 100 metros cuadrados que permite a 85 espectadores disfrutar de cada función.
“La Secretaría de Cultura de la Nación venía gastando casi el 90 por ciento de su presupuesto sólo en el 10 por ciento de la población, básicamente la de Buenos Aires, y queríamos romper con eso”, resumió Ignacio Saavedra, el jefe de gabinete de la secretaría, para explicar el apoyo del INT a los teatristas fueguinos. Apoyo que de hecho continúa en la construcción de una segunda sala para albergar las producciones de otra asociación, la Actuar, que agrupa a otros elencos de la región.
“La presencia de asociaciones se explica básicamente en que somos tan pocos que debemos agruparnos para tener más fuerzas en nuestros pedidos, son una suerte de ONG”, explica Eduardo Bonafede, actor, director y dramaturgo rosarino que, además, es el representante en el INT de Tierra del Fuego, ciudad en la que vive desde 1982.
Aires patagónicos
Desde la época en que Bonafede llegó a Ushuaia, la misma en que la población empezó a crecer en forma contundente, el teatro fueguino se empezó a meter con temas relacionados con el desarraigo, la lejanía y también con la historia de los indígenas de la zona. “Con el tiempo los temas se fueron universalizando, aunque siempre aparecen señas del lugar, como la nieve y la soledad.” Las palabras de Bonafede no hacen otra cosa que marcar las características de gran parte del teatro producido en Ushuaia, un teatro oscuro, dramático. “Deben ser las características de la ciudad, encerrada entre las montañas y el canal [Beagle], porque las propuestas de la gente de Río Grande viran más hacia el humor, y es cierto que allá el paisaje es más abierto, más amable”, concluye el autor de la obra que quedó en 3er. lugar (ver aparte) y que habla de un futuro agobiante y negrísimo.
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