PRISIÓN PREVENTIVA PARA EL CONFESO MATADOR DE PACHECO
Carlos Gastón Gianini (20) fue procesado por el juez Rubén Saurín, por encontrarlo penalmente responsable de la muerte del delegado del Tribunal de Cuentas de la Caja de Jubilaciones de la Provincia, Héctor Edgardo Pacheco.
Los cargos por los que será juzgado Gianini son los de “homicidio calificado cometido con alevosía”; y por los delitos de “robos calificados reiterados, privación ilegítima de la libertad y portación de arma de fuego”. Las últimas imputaciones estarían ligadas a un hecho anterior al crimen, también confesado por su autor.
El abogado y contador que trabajaba para el Estado fue encontrado muerto de tres balazos en la cabeza, en su vivienda de calle Crespo al 3700, frente al parque Garay. El hallazgo se produjo la tarde del viernes 8 de octubre, cuando una de sus hijas que estaba junto a su abuela, ingresó al domicilio en busca de su padre.
Notificadas las autoridades policiales y judiciales, comenzaron las tareas de investigación para dar con el autor material del hecho. Pasaron varios días hasta que se logró inculpar a Gianini; en ese lapso fueron muchas las versiones que circularon en torno del caso. Las hipótesis que se barajaban eran las de crimen pasional, ajuste de cuentas y robo, entre otras.
Para robarle
El caso que movilizó a la ciudadanía por la trascendencia pública de la persona, y por algunos versiones de caracter íntimo, quedó resuelto cuando se difundió que un joven de 20 años, detenido por la policía, se declaró culpable en la indagatoria.
Las pistas que orientaron a la justicia para detener a Gianini surgieron de las actuaciones prevencionales realizadas en el domicilio. Una de las tareas fue “corroborar las llamadas telefónicas efectuadas oportunamente por la víctima”, de donde se desprende que Pacheco “se habría comunicado con una agencia de acompañantes de este medio donde se lo identificaba como cliente de la misma y solicitando el servicio de un masculino para una sesión de masajes”.
De los testimonios recogidos por personal del Juzgado de Instrucción Penal de la quinta nominación, se deduce que “un tal `Gastón’ prestaba servicios en la agencia, y habría concurrido en varias ocasiones” al domicilio del funcionario.
Gianini le dijo a la justicia que efectivamente había concurrido a la vivienda, “y tras realizar los masajes de rigor, procedió a tomar un revólver que se encontraba en el dormitorio. Valiéndose de ello exigió la entrega de dinero y en tales circunstancias efectuó los disparos con el arma, para luego tomar la plata que se encontraba en el lugar y darse a la fuga”.
Además de las declaraciones recibidas por la justicia, se efectuaron una serie de peritajes, de los que sobresalen “los informes de laboratorio del examen de elementos secuestrados”. Un pantalón con manchas de sangre sobre las que se hicieron pruebas de ADN, y el análisis de cabellos y colillas de cigarrillos recolectados en el lugar del hecho fueron suficientes para ligar definitivamente al muchacho.
Confesó todo
De los testimonios recolectados, surgen indicios de que el matador de Pacheco habría participado de otro delito -no denunciado- contra una agencia de acompañantes de calle San Jerónimo, en la que habría trabajado con anterioridad. En ese lugar lo conocían como Santiago, y lo sindican como el autor de un ilícito, “cuando en compañía de un tal Rodrigo ingresa al departamento portando armas de fuego reduciendo al personal”. La pareja de atacantes se hizo de “prendas de vestir, celulares, dinero y bebidas alcohólicas entre otras pertenencias”.
Una vez más, Gastón Gianini se declaró culpable, pero en esta oportunidad se escudó en que había actuado bajo los efectos de estupefacientes.
La valoración que hizo el juez echa por tierra la hipótesis de premeditación maquinada por el agresor, ya que el arma estaba en la vivienda, es decir que Gianini no fue a casa de Pacheco con intención de matarlo. Sin embargo, “la intención de obtener dinero a cualquier costo, y aprovechando que su víctima estaba desprovista de todo tipo de defensa, concreta su propósito deliberado de darle muerte”. Es así que el juez encuadró las acciones legales como homicidio calificado cometido con alevosía, y deberá aguardar sentencia tras las rejas.
“Ser dios”
Gastón Gianini sostuvo en sus declaraciones al juez, que “el hecho de contar con el arma de fuego en sus manos hizo que se produjera un `crack’ en su visión, y lo hizo sentir `dios’; y afirmó que su objetivo era obtener dinero a cualquier costo”.
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