PROCESADO POR MATAR AL REMISERO SAÑUDO
Guillaza reconoció ante el magistrado la autoría del homicidio y relató con lujo de detalles cómo se fueron sucediendo los hechos. Ambos se conocieron cuando este empleado municipal le ofreció al remisero la posibilidad de obtener una licencia, a cambio de 2.500 pesos.
Sin embargo, Guillaza no cumplió con su palabra, ni le devolvió el dinero que había cobrado en dos pagos. Más aún, ante el juez dijo que gastó dicho monto para hacer frente a cuentas que tenía en su casa y que se habían incrementado ante el nacimiento de su hija.
El día del asesinato decidió contarle la verdad al remisero. Por eso lo citó en la zona cercana al country Los Molinos; comenzaron a discutir y -según su versión- mientras forcejeaban se le escapó un tiro del arma que había llevado.
A pesar de estar herido, Sañudo seguía peleando, por lo que Guillaza tomó las llaves del auto, abrió el baúl, sacó la manija del gato hidráulico y comenzó a golpearlo hasta quitarle la vida.
Desesperado por lo que acababa de ocurrir, corrió aproximadamente cien metros. Fue entonces cuando se percató de que había olvidado sus anteojos en el remís y decidió regresar para buscarlos. Allí se le ocurrió la idea de sumergir el Fiat Siena en el río Salado, pero lo consiguió a medias porque ante el contacto con el agua el motor se detuvo.
Salió del auto, fue a la parada de colectivos y regresó a su casa.
Este relato de Guillaza coincide con una serie de testimonios tomados por el juez Saurín, quien lo procesó por los presuntos delitos de homicidio, estafa y portación de arma de fuego de uso civil, todo en concurso real.
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