PROCESAN A LA MADRE Y PADRASTRO DEL NIÑO HALLADO EN LA AUTOPISTA
Escalofriante, desgarrador, incomprensible. Así es el relato acerca de cómo murió Nino, el pequeño de 6 años que fuera encontrado el 22 de setiembre pasado semienterrado junto a la autopista Santa Fe-Rosario, cerca de Coronda.
Quienes investigan el caso -algunos con muchos años de experiencia en este tipo de situaciones- no pueden disimular el impacto que fueron viviendo a medida que los hechos comenzaban a dilucidarse.
A Nino lo mataron por ser travieso y porque dejó escapar un conejo. Todos los elementos recabados por la policía y la Justicia llegan a la misma conclusión: Alberto Armando Gómez, un marino mercante que tiene 41 años y vive en la ciudad de Rosario, golpeó brutalmente al pequeño, lo envolvió con un cubrecama, lo llevó hasta Coronda y lo enterró. Por si todo esto fuera poco, hizo una fogata sobre el montículo que apenas cubría el cuerpo del niño.
Por este motivo, el juez de Instrucción José Manuel García Porta lo procesó por los presuntos delitos de homicidio calificado por alevosía y ensañamiento, por lo que le podría corresponder una pena de cadena perpetua.
Según el magistrado, este hombre mató al niño “en una actitud premeditada, aprovechándose de la indefensión del menor, matando sobre seguro y sin riesgos porque el pequeño no podía defenderse de tanta agresividad y violencia…”.
Y lo hizo con ensañamiento, “puesto que, a través de los distintos castigos descriptos, hizo sufrir innecesariamente al niño hasta darle muerte, propinándole castigos físicos brutales”.
Pero Gómez no es el único procesado. Delia Beatriz Albarracín tiene 28 años y es la madre de la víctima. Todos los testimonios, incluso el de ella misma, indican que observó cómo su pareja golpeaba a Nino hasta matarlo, cómo lo enterró y hasta cómo prendió fuego en el lugar.
Al principio negó los hechos, pero dos de sus otros tres hijos -un chico de 9 años y una nena de 8- contaron la verdad. Por ese motivo, no tuvo más remedio que reconocer lo sucedido y dejar de proteger a su pareja. Ahora, ella asegura que lo hizo por temor, pero para la Justicia esta explicación no alcanza.
De hecho, el magistrado la procesó por considerarla partícipe principal de homicidio agravado por alevosía, ensañamiento y por el vínculo.
Los informes psicológicos y médicos que se realizaron a la madre de la víctima dicen que “se trata de una persona en que la acción filicida es inconsciente… Nino no respondía al modelo de objeto idealizado por ella y no evidencia signos de desesperación, ni remordimiento por el hijo perdido… La reacción que aparece es la pérdida de su pareja, pero no la del hijo. No se advierten repercusiones emocionales por la muerte de su hijo”.
Con respecto a Gómez, los especialistas llegaron a la conclusión de que “tiene una personalidad psicopática, frialdad afectiva, egocentrismo, ausencia de sentimientos de culpa, siendo responsable penalmente de sus actos”.
La relación entre Gómez y Albarracín se inició hace varios años. Ella era prostituta, y así lo conoció. Pero este hombre llegaba al extremo de llevar a los hijos de Albarracín a la casa de su verdadera esposa, a quien le mentía y le hacía creer que se trataba de niños huérfanos a quienes él ayudaba.
Todas las personas que, de una u otra manera, compartieron sus vidas con Gómez, reconocieron haber sido víctimas de su violencia.
A Nino lo mató a fines de agosto o principios de setiembre. Lo golpeó con un palo y un cinto, lo azotó contra una pared hasta dejarlo inconsciente. Luego le pidió prestado el auto a un vecino y lo llevó hasta Coronda.
Pero en este viaje macabro llevó a la mamá del niño y a sus dos hermanos, quienes fueron obligados a presenciar la escena. Ellos terminaron contando todo lo sucedido a su verdadero padre, con quien no mantenían contacto desde hacía años, pero que se hizo cargo de los chicos frente a la tragedia.
¿Por qué actuó un juzgado de Santa Fe, siendo que la víctima y los procesados son de Rosario?
El cuerpo fue hallado en jurisdicción de Coronda y resulta imposible determinar si Nino murió en Rosario o si, por el contrario, fue enterrado todavía con vida, aunque inconsciente.
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