PROCESAN A TRES POLICÍAS POR UNA MUERTE EN EL CENTENARIO
La Justicia procesó a tres policías de esta ciudad al sospechar que tuvieron distintos grados de participación en un supuesto caso de “gatillo fácil”, que terminó con la vida de un joven del barrio Centenario el pasado 12 de setiembre.
Aquel día, Gabriel Fernández recibió un tiro en la pierna -que le provocó fractura expuesta de tibia y peroné- y otro en la espalda, que finalmente le causó la muerte.
Frente a lo ocurrido, el policía Maximiliano Marcos Exequiel Moro, de 25 años y apenas ocho meses en la fuerza, fue procesado como presunto responsable de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. También resultaron procesados los policías Gustavo David Tanneur y Américo Albino Chamoulao, por el supuesto delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, en grado de partícipes principales.
Esto significa que, para el juez de Instrucción Julio César Costa, existen elementos como para sospechar firmemente que Moro mató a este chico, con la participación o, incluso, el incentivo de los otros policías que participaron de aquel operativo.
Ese día, los tres uniformados recorrían la villa del Centenario en su patrulla, hasta que en un momento determinado vieron a un grupo de jóvenes que, según el relato de los policías, estaban armados y comenzaron a correr en distintas direcciones.
De acuerdo con la versión de Moro, persiguió a Gabriel Fernández por un pasillo con ingreso en calle Tarragona y, durante la carrera, intercambiaron disparos. Pero en un momento determinado, el chico se topó con un tapial de 2,40 metros de altura que logró trepar y saltar, hasta caer en otro pasillo con salida sobre calle Raúl Tacca. El policía asegura que los disparos que impactaron en Fernández fueron realizados mientras se producía la persecución.
Las conclusiones del juez
Pero Costa considera que los uniformados no dicen toda la verdad. En el momento de resolver, el magistrado considera que “si los disparos hubieran impactado en Fernández antes de que llegara al tapial -teniendo en cuenta que una bala rozó una vértebra y otra provocó fractura expuesta de tibia y peroné-, el joven no hubiese podido trepar” una pared de semejante altura.
“Tampoco hubiera estado en condiciones de accionar el arma que, según Moro, portaba” y disparaba.
Analizando las heridas, los relatos y el lugar de los hechos, Costa llega a la conclusión de que “si Fernández pudo trepar el tapial, saltar y desplazarse luego varios metros, es evidente que las heridas se produjeron después de que saltó… De esta manera cobra veracidad el testimonio de una vecina, quien afirmó haber visto al chico saltar el tapial, caer y levantarse cojeando como si se hubiera doblado la pierna”.
Pero existe un testimonio relevante: esta misma vecina se resguardó en el interior de su casa, pero antes vio a un policía que se acercó, se paró frente al chico y le dijo “íte duele…!”..
Luego logró escuchar que uno de los uniformados alentaba a otro para que disparara: “Ponelo, ponelo, dale, dale…”, afirma haber oído la testigo. Segundos después, se produjeron varios disparos.
“Teniendo en cuenta que se trata de una resolución provisoria -remarca Costa-, concluimos que Moro disparó su arma reglamentaria y ocasionó la muerte de Fernández. Pero no en el pasillo de calle Tarragona -como dice el policía-, sino después de que el chico saltó el tapial e ingresó a otro pasillo que tiene entrada por calle Raúl Tacca”.
“En ese momento -agrega el magistrado-, el chico estaba desarmado -los policías reconocen que el arma que supuestamente portaba había caído en una zanja a varios metros del lugar-. Los tres uniformados tenían el control absoluto de la situación, a tal punto que hablaron con el chico y le pidieron sus datos”.
Costa afirma que “Moro disparó sobrepasando en forma injustificada los límites del estado de necesidad propio de la legítima defensa”. Además, hasta los policías coinciden en que en el lugar de su muerte Fernández estaba desarmado, pues supuestamente su revólver había caído en una zanja cercana.
Desde el día de aquella muerte, familiares, amigos y vecinos de la víctima vienen reclamando con insistencia e, incluso, llegaron a organizar manifestaciones de protesta frente al edificio de los Tribunales locales.
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