PROCLAMAN PRESIDENTE A PREVAL Y FRENAN LA CRISIS ELECTORAL EN HAITÍ
Las protestas en las calles descuidadas de Haití que hicieron fogatas con los autos y dejaron un muerto, se convirtieron ayer en un mar de festejos. La demanda finalmente se había cumplido. René Preval fue proclamado presidente electo y el irritante paso del ballottage quedó anulado
Preval, un agrónomo con buen tono y estudios en Bélgica, había ganado las elecciones del 7 de febrero pero estaba unas décimas por debajo del 50% de los votos, la puerta para ser proclamado. Pero el abismo peor se formaba por el hecho de que su principal competidor, Leslie Manigat, apenas arañó 12 por ciento. Persistir en el ballottage con esa diferencia era agigantar la crisis. La gente estaba furiosa.
Fuentes de la ONU dijeron a Clarín que el acuerdo “es una buena salida para evitar que la situación se complicara por la tensión en las calles”. Y remarcaron una cuestión de puro sentido común: ahora la comunidad internacional deberá contribuir para que el gobierno tenga éxito. Léase fondos.
Poco antes de que en las calles sonaran tambores de fiesta, las autoridades electorales acordaron distribuir los votos en blanco proporcionalmente entre los candidatos. Así, Preval alcanzó 51,15% de los votos, la mayoría absoluta. Manigat, un analista de política internacional de 75 años y que protestó todo el día demandando agónico la segunda vuelta, obtuvo 12%. Para este político, se trató de “un golpe de Estado”.
Ex presidente de Haití entre 1996 y 2001, Preval fue premier del gobierno del derrocado Jean Bertrand Aristide, en 1991. Representantes de la elite política y de los negocios intentaron frenarlo, pues temían que con él volviera también Aristide.
La parte violenta de la crisis arrancó el martes cuando Preval denunció un “fraude masivo o errores groseros” y llamó a sus seguidores a mantener la protesta. Y advirtió que si las autoridades insistían en realizar el ballottage, impugnaría el resultado.
La tensión aumentó el miércoles, cuando las autoridades electorales confirmaron que se encontraron urnas con votos en un basural de Puerto Príncipe. La mayoría eran a favor de Preval y al parecer habían sido desechadas el mismo día de los comicios. Para los haitianos fue casi macabro que la multitud de basurales que hay en la ciudad y que testimonian el abandono total en que se debate el país más pobre de las Américas, haya sido aprovechado para un posible fraude.
El acuerdo que resolvió la crisis se alcanzó tras una intensa actividad diplomática en una nación que es un polvorín redoblado desde hace dos años cuando, en medio de una revuelta popular —y con la mano de Washington— Aristide fue destituido.
Desde entonces, una fuerza de paz compuesta por unos 9.500 soldados de la ONU de distintos países, entre ellos de Argentina, se encuentra aquí, al mando de militares brasileños.
Ayer desde la mañana, miles de personas, procedentes sobre todo de los barrios más pobres, comenzaron a concentrarse frente al Palacio Presidencial en Puerto Príncipe para celebrar la proclamación de Preval, llevando carteles con la foto del nuevo presidente y entonando cánticos al ritmo de tambores y trompetas.
El triunfo de Preval también marcó el retorno de la ruidosa normalidad a Puerto Príncipe. Los pocos comercios abrieron y en las calles se amontonaron las motos, los autos y la gente que suele ir de un lado al otro para pasar las horas.
Podía verse desde la mañana el despliegue de las tropas de la ONU, colocados cerca de la sede del gobierno y en otros lugares de la capital. La novedad sin embargo alejó a la violencia. El resultado también causó buena impresión en el resto del continente. El secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, pidió que la comunidad internacional no se retire de Haití hasta que se consolide la democracia.
“Esta fue la mejor elección que Haití ha tenido en su historia”, dijo el diplomático. Su compatriota, Juan Gabriel Valdéz, el jefe de la misión de la ONU en Haití, calificó en coincidencia como “sabia” la decisión que acabó con esta parte del histórico conflicto del país. Para Valdéz “nadie puede dudar que el pueblo haitiano ha hablado”. A partir de ahora se verá hasta donde llega esa voz.
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