PROFESORES Y ALUMNOS FORMAN UNA UNIVERSIDAD PARALELA
“Yo no sabía que había existido la Edad Media”, confiesa una alumna de segundo año de la carrera de comunicación social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Es el botón de muestra de la falta de preparación con que llegan los alumnos a la universidad. Y si a esto se suman las falencias de las facultades públicas, como las clases masivas o las carencias edilicias que terminan conspirando contra los alumnos, el resultado es el profesor particular. De allí que sean cada vez más estos tipos de profesores los que ofrecen sus servicios. Algunos de ellos son estudiantes de las últimas materias y otros ya están recibidos, y encuentran en las “lagunas” educativas una forma de hacer un buen negocio.
Si bien al principio las clases de apoyo se dictaban únicamente para las materias más difíciles, ahora la situación cambió porque hay ofertas para todas las asignaturas y carreras.
“Los chicos no saben lo que pasó el 9 de julio de 1816”, enfatiza un profesor particular, mientras otro explica que “antes de darles anatomía hay que enseñarles la regla de tres”.
Esta realidad se plasma en las carteleras de las distintas facultades de la UNR, donde cuelgan las más diversas ofertas de clases particulares con folletos que parecen pelear entre sí para ver cuál atrapa primero la atención de los estudiantes. Son de distinto tamaño y color.
“Química general e inorgánica, 2º parcial” , aclara un panfleto con tubos de ensayo dibujados. Junto a este, otro gran cartel ofrece clases para distintas materias, todo en la Facultad de Medicina.
La mayoría de los afiches cuenta con un sistema troquelado para que el alumno se lleve el teléfono y hasta el mail “[email protected]”. En otros se lee en grande la materia “Cultura y Subjetividad” y el nombre del profesor con la dirección y el teléfono. Otros, más tímidos, sólo dicen “metodología, 156-022933”.
En Ingeniería los panfletos en tres colores anuncian las asignaturas “álgebra I, análisis matemático I, informática I” y una leyenda abajo: “Preparación continua diferenciable e integral todo el año”, coronada con un gran “Llamanos!!”. Otro, amarillo, atrae por el gran eslogan donde se lee: “Si le preguntás a tus compañeros de otros cursos acerca de primer año, te dirán Hacéte preparar”.
En Ciencias Económicas, matemática es la materia filtro que dio origen al Instituto Universitario Matemático, con profesores que como dice el folleto son especialistas en la materia “exclusivamente a nivel universitario”. Con este compite el Instituto de Enseñanza Particular Oroño, que “te prepara para todas las materias”.
Cecilia (así, simplemente con un nombre de pila se anuncia en los carteles) es psicóloga y una de las que cuelga su oferta de enseñanza particular en la Siberia. Prepara alumnos de psicología de la UNR y de una facultad privada. “Los chicos no entienden nada y no saben leer”, cuenta a La Capital. Sin embargo, aclara que “no se trata de alumnos con problemas de aprendizaje, la mayoría tiene una inteligencia media, pero las clases masivas y los profesores sin tiempo terminan por llevarlos a acudir a un apoyo extra”.
A sus alumnos la clase les cuesta 12 pesos la hora, pero “hacen el esfuerzo porque no comprenden los textos y no saben cómo escribir las respuestas en un examen”, agrega.
Julio, que dicta clases particulares de química, coincide con Cecilia al decir que los estudiantes no tienen hábitos de lectura. “Cuando les das algo para leer, lo primero que hacen es ver cuántas páginas son para evaluar si es mucho”, relata el profesor. A su juicio, “los padres se ocupan muy poco de los estudios de los chicos, y a veces el único salvavidas que tienen es un profesor particular”.
“Tienen graves problemas de relación con los profesores”, dispara Cristina Elicade, quien lleva nueve años dictando clases particulares de materias de humanidades y de psicología. “Esto se demuestra en que no preguntan en las clases, ni tampoco en las consultas”, ejemplifica.
A la hora de evaluar si aumentó su trabajo como profesora particular en los últimos años, recuerda que cuando ella estudiaba era extraño ir a un profesor, al que sólo se acudía “como apoyo para alguna materia”. Pero hoy Cristina brinda clases particulares para todas las materias y años. Las cobra 15 pesos la hora, “menos que un turno médico” aclara. Tiene unos 50 alumnos.
Los panfletos de profesores particulares circulan como pan caliente los meses previos a los exámenes. “Hasta los del centro de estudiantes te los dan”, cuenta un alumno de Ciencias Económicas.
Así, mientras los chicos llegan a estados de desesperación porque no saben cómo enfrentar los exámenes, los profesores particulares se disputan con uñas y dientes a este público cautivo. Enseñan en sus propios domicilios, al principio acuden uno o dos chicos, pero luego son los alumnos los que extienden la fama. Y en un departamento puede llegar a haber más de 20 estudiantes preparándose para una materia pagando hasta 25 pesos la hora.
Algunos de los que empezaron de esta manera hoy ya conformaron institutos que se convirtieron en un paso obligado para aprobar un examen.
EL PÚBLICO CAMBIÓ
Hace unos años, quienes requerían la ayuda de profesores particulares eran los alumnos del secundario, pero ahora la situación es otra. El profesor Carlos Impellizzeri, quien hace más de 40 años se dedica a la enseñanza particular en la ciudad y hoy dirige un instituto, afirma que “el 80 por ciento de los alumnos” que tiene “son universitarios, cuando antes eran sólo el 10 por ciento”. El docente señala que “los estudiantes secundarios ya no tienen tanta necesidad de venir, porque la enseñanza es muy light”. A su vez, corrobora que quienes más solicitan apoyo son alumnos de Bioquímica, Ingeniería y Medicina. Sin embargo, admite que le sorprendió la llegada de estudiantes de carreras como derecho o ciencia política. “No son carreras donde realmente haga falta un apoyo, pero en estos casos es donde más se advierte que no tienen técnicas de estudio y que no comprenden lo que leen, lo que es aún más grave”, admite.
Los docentes particulares coinciden en que los alumnos “no saben estudiar, ni resumir. No saben extraer las ideas principales de un texto y lo peor es que cuando terminan de leer algo y uno les pregunta qué leyeron, no saben qué responder”, remarcan.
“TE TENÉS QUE HACER PREPARAR”
Pamela estudia ingeniería industrial en la UNR y se hizo preparar para análisis matemático y álgebra. “Empecé a ir a un profesor particular porque no entendía nada en clase, y un día me entregaron un folleto y fui”, cuenta la estudiante. Las clases por materia le cuestan 200 pesos por mes y va al profesor tres días por semana, tres horas por día. “Está bueno ir -reconoce- porque el profesor está conectado con los de la facu y sabe qué te van a tomar”, revela.
Pero Pamela no es la única que asiste al profesor, en primer año “todos van a profe particular”, confiesa.
En Ciencias Económicas “la más difícil es matemática”, reconoce Fernando, alumno de la carrera. “Somos más de 100 y la profesora explica muy rápido. Además, si le preguntás algo te lo responde una sola vez; si lo entendiste, bien, y si no, también”, dice con resignación.
La universidad intenta paliar estas fallas con las clases de consulta, pero los alumnos más de una vez se encuentran con que en ese horario “no está ni siquiera abierta la escuela de matemática -tal cual se queja Fernando-. Igual depende del profesor”, advierte. Otro de los alumnos protesta: “Se creen que todos salimos del Politécnico”. Y otro agrega: “Te la hacen difícil para sacar gente, y a los dos o tres meses somos muchos menos”.
“Todo el mundo se hace preparar en física”, cuenta Celina, estudiante de primer año de bioquímica. También tienen muchos alumnos los profesores de química y matemática. “Algunos se empiezan a dar cuenta de que no saben nada para cuando llega el parcial. Yo empecé a ir desde principio de año porque me faltaba base de la escuela”, recuerda una alumna de la carrera, y explica que va porque “el profesor en clase no explica bien y a veces van muy rápido, en cambio en el particular te dan más consejos o secretitos sobre cómo es la cátedra y qué tomarán en los parciales”. Celina paga 16 pesos la clase. Por su parte, Marina comenta que en primer año de la carrera de psicología todos sus compañeros se hicieron preparar en estructura biológica del sujeto, entre otras.
A pesar de que los panfletos dicen “profesor particular”, muchas veces los chicos se encuentran con clases de más de 20 alumnos en lugares reducidos. Por supuesto que esto no disminuye el costo de la cuota.
Falta de base, problemas en el aprendizaje, dificultad para estudiar. Todo confluye entre los estudiantes para la formación de un mercado que crece: el de los profes particulares que, lejos de la imagen de las clases individuales, en muchos casos ya generan verdaderas academias. Toda una universidad paralela.
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