PRONOSTICAN QUE EN EL 2004 LA ECONOMÍA CRECERÁ 6 A 7%
Será que en los cálculos económicos se metió el espíritu navideño o el de los reyes magos. Lo cierto es que en los últimos días los pronósticos de los economistas para el 2004 pegaron un salto importante. Si hace un mes la expectativa promedio de 20 bancos y consultoras era de un 4,9% de suba del producto para el año que comienza, hoy es difícil encontrar a alguien que sostenga menos de un 6 o 7 por ciento.
“Nosotros estimamos un 7% de crecimiento, pero si nos equivocamos, será porque pecamos de conservadores”, explica Jorge Carrera, director del Instituto de Estudios Fiscales y Económicos. Carrera cree que la Inversión Bruta Fija subirá un 39% y el consumo privado, un 7,5%.
Además, este profesor de la Universidad Nacional de La Plata defiende el siguiente argumento: la actual medición del PBI, que en el último trimestre publicado marcó un alza de 9,38%, estaría subestimando el crecimiento. “La base es 1993, un año de sobrevaluación y con una economía muy distinta a la de hoy, con mayor incidencia de los servicios. Si se corrige esa base y se le da la ponderación real a la industria, se vería que la actividad tiene aún mayor dinamismo”.
Más allá de los problemas de números, son varios los analistas que en los últimos días se están jugando por un crecimiento en 2004 aún mayor que el del año que pasó. Miguel Bein, ex secretario de Programación Económica, ve como factible un escenario de crecimiento de más del 8% . Hace apenas un mes, la proyección era la inversa: el consenso de economistas preveía un 2004 con un par de puntos menos de crecimiento que el 2003.
La revisión de pronósticos a la suba se dio a lo largo de todo el año. En diciembre del 2002 se esperaba una mejora en la actividad del 2% para el 2003 (finalmente superará el 7%), y una inflación del 35%. Poco a poco, los pesimistas se transformaron en “cautelosos”, y los optimistas en eufóricos.
Hoy es posible escuchar a Ricardo López Murphy, Guillermo Mondino u otros economistas ortodoxos hablar de un verano en boom o de muy buenas perspectivas para el 2004. Las dudas se trasladan al 2005, por un virtual agotamiento de la política de demanda que lleva adelante el Gobierno, por falta de reformas estructurales o porque, como subrayan los adversarios intelectuales de Lavagna, el actual es un proceso de recuperación postcolapso y no uno de crecimiento sostenido. “O, más despectivo aún, de rebote técnico o de crecimiento por arrastre estadístico”, dice Carrera. “Como la ortodoxia se equivocó con el pronóstico de que todo se venía abajo a fin del 2003, ahora traslada la incertidumbre para el 2005. Así no hay discusión posible, siempre corren la cancha”.
Para Hernán Del Villar, de la consultora Alpha, esta idea de hablar de un buen 2004 y un agujero negro en el 2005 es “disparatada e inconsistente”. “No puede ser que haya economistas que digan que en el 2004 se va a crecer un 7% y el siguiente se cae todo”, apunta Del Villar. “Nosotros estamos trabajando con un escenario positivo también para el 2005, aun cuando no se hagan muchas de las reformas que se reclaman. Alcanza con el manejo fiscal prudente que vimos hasta hoy y con encaminar la negociación con los acreedores”.
A esta altura, Roberto Lavagna quedó en el bando de los cautos. Tiene sus razones para no sumarse al coro de los superoptimistas: las presiones a la suba del gasto que habrá en el año que comienza (empezando por los salarios estatales) y la negociación con los acreedores, que reclamarán que el exceso de recaudación sobre lo esperado vaya al repago de la deuda. Todos quieren su parte en la bolsa de regalos de Papá Noel, o de los reyes.
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