PROSTITUCIÓN INFANTIL, LAS REDES DE UN OSCURO NEGOCIO EN ROSARIO
“Todos saben que existe pero hasta ahora nadie se ha puesto a investigarla”, dice Ricardo Ciccarelli, el delegado de la Defensoría del Pueblo, refiriéndose a la prostitución infantil en Rosario. El organismo provincial no ha avanzado más que hasta la definición del tema como uno de sus ejes de trabajo para 2004, pero Ciccarelli se muestra confiado en que la investigación arrojará resultados. “No puedo aún dar mayores pistas pero he tomado contacto con organizaciones no gubernamentales de otras provincias, como Córdoba, y estamos ya intentado acercamientos claves, aunque para dar intervención en el tema a la Justicia esperaré a tener pruebas firmes”, afirmó el funcionario. Mientras tanto, adelantó que detectó publicadas en internet ofertas de sexo con menores en Rosario.
El delegado de la Defensoría del Pueblo no tiene aún las pruebas que necesita, pero sí información suelta y extraoficial a partir de la cual infiere que “en Rosario sí hay prostitución infantil y que no se trata de casos aislados sino de una red de comercialización de sexo”. Y se propone avanzar en su investigación hasta confirmarlo. “He tomado contacto con la ONG Ángel, de Río Cuarto, Córdoba, que está trabajando en una investigación como ésta y ellos me contaron que para llegar a los tipos que regentean la oferta de sexo con menores se contactaron primero con mujeres que ejercen la prostitución callejera, que fueron quienes los acercaron a los menores prostituidos”, explica Ciccarelli.
Marcela Lapenna, de la Fundación Chicos, organización que trabaja con menores en situación de calle, señala por su parte que no ha detectado en los años que lleva charlando con menores en riesgo la existencia de “redes de comercialización de sexo con menores en la ciudad”, y que, contrariamente a lo que opina Ciccarelli, más bien cree que de lo que se trata es de casos aislados.
Lapenna advierte que hay que ver a qué se hace referencia cuando se habla de prostitución infantil, ya que, dice, una cosa es “chicos menores de hasta 14 años y otra menores pero de entre 14 y 18”. “No he escuchado nunca de la existencia de redes pero nosotros trabajamos con una población puntual. Son los chicos que se fueron de sus casas y ésos no son fáciles de engañar. El pibe que se fue de su hogar tiene muchas cualidades de determinación que hacen que no sea fácilmente engañable. Sí, una vez tuvimos el caso de una nena, una preadolescente, que contaba que la llevaban a trabajar a los pueblos, lejos, al interior de la provincia de Santa Fe o de Córdoba, porque ella tampoco sabía adonde había ido exactamente, aunque no iba obligada”, cuenta Lapenna.
“Cuando empecé a trabajar con menores en riesgo, en 1989, me topé con el caso de una nena que se subía a los autos por un paquete de galletitas. Terrible, pero tiene que ver con el marco de violencia y locura de la calle”, agrega la especialista.
Ciccarelli, por el contrario, cree que “hay redes”, que están “organizadas” y que funcionan a nivel local. Y, en ese sentido, asegura que se pondrá a trabajar en forma conjunta con instituciones vinculadas con el tema.
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