PROTEGER LA INDUSTRIA NACIONAL ANTE LA INVASIÓN DE PRODUCTOS IMPORTADOS
Muchos sectores productivos, y en especial las pequeñas y medianas empresas que han logrado durante el último año recuperar en parte su actividad, ven con preocupación la proliferación de ofertas de productos provenientes de China y otros países asiáticos -además de la Unión Europea, EE.UU. y Brasil- con los que resulta imposible competir en las actuales condiciones.
Estos empresarios Pymes, que encuentran en las fiestas de fin de año una oportunidad para incrementar ventas y consolidar su posición en el mercado interno, su principal fuente de sustento, se enfrentan ahora con la perspectiva de un recrudecimiento de importaciones provenientes de países industrializados que, dadas las asimetrías económicas, no pueden contrarrestar.
El problema planteado excede en mucho al Acuerdo Comercial con China.
En este aspecto queremos ser claros: no nos oponemos a los acuerdos y pactos de complementariedad económica – se trate del MERCOSUR o con China o con la Unión Europea -; sí nos oponemos a la firma de cualquier pacto de “libre comercio” sin que el país tome el debido resguardo de manera de proteger a los sectores productivos e industriales más sensibles.
No es un problema de “proteccionismo” o “librecambismo”.
Así como nadie plantea regresar a esquemas proteccionistas cerrados (donde se bloquea la entrada de cualquier producto importado), tampoco es admisible aceptar esquemas totalmente “abiertos”. Ni un sistema ni el otro rigen, hoy, en ningún lugar del mundo.
Los países serios y desarrollados del mundo tienen esquemas de comercio exterior donde “abren” la importación en las áreas que les conviene y “cierran” las importaciones en aquellos sectores sensibles de su economía. El típico ejemplo lo constituyen las restricciones de los productos agrícolas de nuestro país para su entrada al mercado de los Estados Unidos y la Unión Europea.
Tanto Europa como los EE.UU., que producen bienes industriales a precios muy bajos, pretenden que nosotros abramos indiscriminadamente nuestras importaciones a esos bienes; pero ellos cierran – a través de restricciones al comercio o subsidios a sus productores – la entrada de aquellos otros bienes que nosotros producimos a muy bajos costos: las materias primas de origen agropecuario.
Con China la ecuación es más difícil: ellos son grandes compradores de nuestras materias primas y – a través del convenio firmado hace unos días atrás – se comprometieron a elevar la compra de las mismas e, incluso, a incorporar nuevos productos que hoy no están incluidos en las transacciones comerciales, por ejemplo carne vacuna.
Sin embargo la experiencia histórica nos dice que de nada sirve poder “vender más” a un país o región determinada, si el precio a pagar por ello es la destrucción de ramas enteras de la producción en nuestro país, con su secuela de cierre de empresas, pérdidas de empleo y consecuente retracción del mercado interno.
Hay que aprender de las conductas de los países desarrollados, Europa por ejemplo. Ellos no tienen ningún problema a la hora de cerrar la entrada de ciertos productos. Cuando ello no es posible – por normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) o por la vigencia de ciertos acuerdos bilaterales – entonces subsidian a sus productores e industriales.
Es llamativo que en nuestro país, un gobierno que se dice “industrialista”, a un año y medio de haber llegado a la presidencia, aún no ha implementado ninguna medida de estímulo o de subsidios a las ramas industriales más sensibles de la industria, ante la competencia de los productos que ingresan del exterior a precios imposibles de reproducir en nuestro país.
Si el gobierno considera “inconveniente”, inadecuado o imposible la restricción al ingreso de ciertos productos desde mercados como China, EEUU, Europa o los países del sudeste asiático (por la vigencia de acuerdos internacionales que lo prohiben), entonces APYME pide al Gobierno Nacional la creación de esquemas de compensaciones y subsidios al estilo de los que existen en Norteamérica y la Unión Europea.
No se trata de “proteger” a “toda” la industria. Es necesario tener políticas activas en los sectores más sensibles.
¿Cuáles son los sectores sensibles? Aquellos que en nuestro país cuentan con un desarrollo importante pero no pueden competir con los precios que vienen del exterior. Estos sectores están claramente identificados: juguetes, calzados, textiles, relojes, artefactos eléctricos, instrumentos musicales, productos ortopédicos y de óptica y algunos productos plásticos y de caucho. No mucho más.
Medidas en estos sectores no implican “cerrar” la economía ni mucho menos. Por ejemplo, con China queda un amplio margen para el comercio bilateral ya que nuestros país necesita de ciertos insumos, bienes intermedios y de capital que aquí no se producen y allá sí – y a muy bajos costos -.
Medidas como las que planteamos afectarían, por ejemplo en el caso de China, el 30 % de los productos que dicho país vende a la Argentina (ya que el otro 70 % de las importaciones chinas son insumos, bienes intermedios y de capital). Decimos “afectarían” ya que no necesariamente se “cortarían” todas las compras; la diferencia es que nuestros empresarios podrían competir en condiciones más equitativas.
Finalmente, manifestamos nuestro asombro y remarcamos que nos llama poderosamente la atención que algunas entidades reclamen medidas semejantes a las aquí planteadas recién ahora, sin realizar ninguna autocrítica hacia atrás ya que, durante el período menemista, avalaron las políticas de libre comercio y apertura irrestricta que llevaron al desmantelamiento de la industria local y a la desaparición de miles de Pymes.
APYME vuelve a recalcar la necesidad de que el Estado implemente medidas de fondo para revertir las “reformas estructurales” de los ’90 y sus nefastas consecuencias de desindustrialización y extranjerización de la economía, con la consiguiente crisis para las Pymes y el agravamiento de la desocupación y la marginalidad en nuestro país.
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