PRUEBA DE FUEGO PARA EL BUEN JUEGO
La dinámica que gobierna la periferia del fútbol hace tambalear esa tendencia en la cual se hallaban impregnados los torneos domésticos. Esto es: favoritos a campeón cualquiera de los poderosos y el resto debía repartirse algunas pequeñas porciones de la ilusión de dar la vuelta. Mandaba con autoridad el G5 (grupo de los 5), imponiendo las características del juego. Otras parecen ser las posibilidades en las vísperas del Clausura.
En principio, la escasa incidencia económica de los clubes europeos en el mercado futbolero local hizo que las transferencias fueran mínimas. No se produjeron las consuetudinarias sangrías. Apenas un puñado de apellidos con peso emigraron; Diego Milito, Sebastián Battaglia, Ezequiel González, Guillermo Pereyra, Alejandro Domínguez. Todos jóvenes, todos afirmados. Pero la cantidad, importante claro, no alcanza para influir en una posible disminución de la calidad. Ahí aparece un dato a favor sobre el fútbol por venir.
Otro detalle gravitante lo determinará el tránsito en la Copa Libertadores. Cuerpos técnicos y planteles de Boca y River han proclamado sus ambiciones; el objetivo principal es llegar a Tokio en diciembre. Sin similar énfasis, pero seguramente con ambiciones parecidas, el objetivo está instalado en mentes y corazones de los jugadores de Independiente, Central y Vélez. ¿Desertarán estos equipos en la lucha por el título casero? Aquí sí dependerán de como les va en la feria.
No es ésta, por supuesto, la misma señal que la de los torneos pasados. El presente de los grandes es desparejo. Y agazapados, pero fantaseando despiertos, el resto de los equipos (con formaciones casi sin modificaciones) se preparan para dar batalla en los tres frentes; el del campeonato, el de la clasificación a las Copas y para mantener la categoría.
Las propuestas tácticas, estratégicas o planteos en disputa serán las que se dan en cualquier parte. ¡Ojalá aparezca alguna innovadora, audaz, distinta! Y si se sabe que todos los futbolistas están preparados físicamente al máximo, más que nunca cada conjunto dependerá del talento o creatividad de sus mejores individualidades para desequilibrar. O de aprovechar el mínimo resquicio que le ofrezca el rival para sacar la ventaja. Porque se descuenta que correr, corren todos. Que presionar, presionan todos. Que meter, meten todos. Que cuidarse, se cuidan todos. Y que arriesgar, arriesgan cuando pueden. Esa ha sido la regla de oro en los recientes campeonatos. La balanza se volcó para el lado del oficio y la consistencia de Boca, en el Apertura 2003, adornado con los brillos de Tevez en parte inicial y los destellos de Iarley y compañía en el tramo final. La incógnita será conocer si eso se repite y si Boca atiende la contienda local con la misma intensidad que la internacional.
Hay promesas de observar, más allá de lo apuntado con norma básica (transpiración, etc, etc, etc) que dan cierto margen para suponer que se darán algunos choques atractivos. No es cuestión de hacer nombres propios, pero si muchos de los que dirigen mantienen fidelidad a sus antecedentes históricos y son consecuentes con las declaraciones, la esperanza por un juego mejor podría medianamente lograrse. ¿Por qué no imaginar que Banfield, Newell’s, Estudiantes, Colón, Quilmes, Arsenal, Gimnasia, Olimpo y cualquiera de los otros, apuestan en grande? Ahí reside, quizás, otro interrogante. ¿Se animarán? ¿Podrá el Racing de Fillol prenderse en lucha máxima?
Siempre es atrayente que el círculo de aspirantes se amplíe. Dominado como estuvo el fútbol argentino por River, Boca, San Lorenzo, Independiente y Racing en el último lustro, la alternativa a que surjan otros candidatos despierta interés. Estimula. Porque se quedaron la mayoría de los jugadores que pueden darle lustre a cada noventa minutos. Y porque es natural aguardar que nuevos chicos se sumen para incentivar el gusto por el buen juego. No importarán tanto los dibujos si predominan los gestos audaces. La intención y la decisión de ganar por encima de la especulación o el temor. Si eso se da se puede sospechar que veremos toque, circulación, gambetas, goles. Tristezas, tensión y alegrías. Al cabo, se puede entender las necesidades (pelear el descenso, por ejemplo) pero se debe reclamar un compromiso con los espectáculos. Porque si la pasión del pueblo por sus camisetas se descarta, por qué no responderle con grandeza. El fútbol es parte de la vida. Y bien jugado es casi como la vida misma.
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