PUEBLADA EN LA RANITA: DEMUELEN UNA CASA Y BUSCAN A UN ASESINO
Pasado el mediodía de ayer, un puñado de hombres pertenecientes a la V Zona de Inspección de la URI y agentes de la Seccional 7a. trataban de contener a un horda enfurecida que, después de haber demolido a golpes de martillo una vivienda en Lucio Mancilla y Chaco, buscaba a uno de los matadores de Ariel Zarza con intención de hacer justicia por mano propia.
Carmen Zarza, madre del occiso, dijo estar indignada porque nada pasó a los asesinos desde la muerte de Ariel, crimen consumado en las calles de La Ranita, el último domingo en horas de la tarde.
Entre el humo de la fogatas que rodeaban la casa demolida a golpes Carmen, junto a un centenar de personas entre familiares, amigos y vecinos sostenía un retrato de su hijo muerto además de un cartel con la leyenda “Justicia para Ariel”.
La mujer sostiene que desde el domingo no ha recibido la respuesta esperada de parte de la justicia, es decir que los asesinos siguen en libertad y no dejaron el barrio, además, según sus palabras textuales: “se ríen de mi, de mi hijo muerto y de todos nosotros”.
En tanto la madre de Ariel dialogaba con la prensa estaba claro que otros en torno a ella y en la cara de la policía organizaban la búsqueda del asesino prófugo, un hombre que, según ellos, se guarece en las inmediaciones.
Los agentes dirigidos por el comisario Amable no parecían pertrechados para la ocasión y, cuando estaba claro que en lugar hacían falta personal con cascos y escudos protectores, estos trataban de frenar a los más exaltados apenas vestidos con sus uniformes de fajina.
En el vecindario se instaló un clima de guerra desde que el domingo a la tarde el grupo en el que formaban los asesinos comenzó a hostigar a Ariel y a otros integrantes de su grupo de familia, pero al llegar la noche se escucharon disparos de armas de fuego y pronto se vio que Ariel había caído, herido de muerte por dos, o más disparos de escopeta que lo alcanzaron en el pecho.
Entonces una patrulla de la Seccional 7a. ingresó a La Ranita y encontró que Zarza agonizaba en la vía pública, no muy lejos de su domicilio de calle Chaco y 2do. Pasaje.
No obstante, el joven en quien habían hecho blanco no menos de dos perdigonadas alcanzó a vivir para señalar a sus agresores. Por sus nombres y apellidos Zarza denunció a los autores de los disparos, dos hombres jóvenes que son conocidos en La Ranita.
Así las cosas los policías salieron detrás de los agresores mientras Zarza era llevado al hospital José María Cullen. Los uniformados, contra lo que era de esperar, no apresaron a los hombres señalados sino a un hermano de la víctima.
Presuntamente el muchacho fue capturado cuando con ánimo de venganza y armado de dos revólveres buscaba a los hombres marcados por el infortunado Ariel.
Por esos momentos desde el hospital Cullen se comunicaba a la Seccional 7a. que Ariel Zarza había dejado de existir.
Un poco después y cuando en La Ranita se temían otros episodios de violencia como nuevos tiroteos o incendios de viviendas, la policía apresó a un sospechoso. Poco antes de la medianoche un tal “Manolo”, un sujeto de 24 años de edad, sería detenido y conducido a la comisaría del barrio San Agustín.
Ahora, los familiares y amigos de Zarza entienden que los otros sujetos que formaron junto al único hombre detenido siguen en libertad y se burlan de ellos.
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