Pueblo, se vende
Sucedió alrededor del año ’20 del siglo pasado. Parece mucho, pero no lo es. No lo suficiente como para que los abuelos pioneros no lo recuerden. Sin embargo, el hecho consta apenas disperso entre otros momentos históricos, en algunos papeles de la biblioteca de Los Antiguos, probablemente el único pueblo argentino que fue vendido entero, y encima por el gobierno chileno.
Cierto día llegó a la zona un forastero de apellido Méndez. El hombre venía a tomar posesión de las tierras. Algunos pensaron que se trataba de una broma, pero ante la insistencia del extraño visitante, y sobre todo ante su insistencia, la cosa fue tomando otro cariz. Los más exaltados mandaron a Méndez de una patada al otro lado de las montañas. Pero éste, tozudo, fue a Santiago de Chile a reclamar por lo que era de él.
Méndez, en verdad, tenía razón. O eso creía. Había adquirido los terrenos a un alemán de apellido Von Flachs que a su vez se los había comprado al estado chileno. Arturo Alessandri, entonces presidente, se había desentendido de las tierras de Chile Chico, de su propio país, pero también de la que ocupa Los Antiguos, que en resolución de litigios anteriores ya había quedado en claro que era argentina.
Entonces Méndez volvió al pago y no lo hizo solo. Acompañado de dos decenas de carabineros como escritura quiso hacerse valer. Pero otra vez fue repelido y los carabineros quedaron sitiados por la gente. Después vinieron días de confusión mayor. Algunos de la tropa de Méndez fugaron para dar aviso al gobierno trasandino y algunos de Los Antiguos le hicieron saber a la prensa de Puerto Deseado (500 kilómetros de aquí, al lado del mar), de la situación que atravesaban.
Cuando Hipólito Irigoyen se enteró mandó 120 soldados a defender la frontera. Pero ya no hizo falta. Su par, Arturo Alessandri enmendó su error y ordenó que los carabineros y Méndez volvieran urgente a Chile. Éste último querelló al alemán Von Flachs que a su vez hizo lo propio con el gobierno chileno, sin que por aquí se cuente que fue de la vida de los frustrados terratenientes. Los Antiguos siguió su marcha normal.
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