PUERTA VA POR LA HAZAÑA EN EL ABIERTO DE FRANCIA
El año pasado, Mariano Puerta miraba la final de Roland Garros por televisión, hoy es la sorpresa en París y el segundo Grand Slam del año lo tiene como protagonista de su definición. Desde las 10 (televisa ESPN), su rival será Rafael Nadal, el español que por potencia y talento la lógica pone como el gran candidato a quedarse con la victoria en el partido decisivo. Ocurre, sin embargo, que enfrente tendrá a un cordobés empecinado en seguir haciendo ruido.
Nadal y Puerta, los dos zurdos, los dos potentes, los dos temibles cuando se plantan cerca de la línea de base y golpean con firmeza, animarán una final de esas que tiene un claro favorito y que acaso por eso pueden resultar tan apasionantes. Esta será la cuarta vez en dos años que se enfrenten —uno en un challenger y dos en el circuito grande—.
Como el suizo Roger Federer y como otro argentino, Guillermo Coria, incluso por sobre ellos, Nadal aparecía en los papeles como favorito. Era su superficie, su momento, llegaba con los títulos de los Masters Serie de Montecarlo y Roma y en una racha que ahora se extiende a 24 éxitos sobre polvo de ladrillo. Y lucía una mezcla de tenis potente, agresividad y fortaleza que lo hacían casi invencible. Coria se fue en un lunes negro para el tenis argentino en el que también se despidió Gaudio, Federer se rindió ante el propio Nadal en una de las semifinales y los demás, como en el teatro, hicieron mutis por el foro (el propio Gaudio, Ferrero, Safin, Nalbandian, Agassi). Pero al torneo le surgió un protagonista sorpresivo.
De la historia de Mariano Puerta ya se dijo casi todo: los comienzos promisorios, su pico de rendimiento cinco años atrás, las lesiones y el antidoping positivo, su accidente con el ascensor, el resurgir silencioso desde el fondo del ranking. Los challengers jugados —y ganados— en Irán, Uzbekistán y Bolivia. Las dificultades económicas que trajeron el no producir. Y la vuelta, los triunfos cada vez más valiosos, la final en el ATP de Buenos Aires, las tres victorias sobre el español Carlos Moya. Faltaba la consagración en el escenario más glorioso. En dos semanas, ocupando el sitio que sus compatriotas encumbrados dejaron vacante, callado y paciente, Puerta se hizo un lugar en la final de París, allí donde había sido finalista junior diez años atrás, todavía tierno. Y ahora está en la final. Las cámaras y los flashes lo persiguen más de lo que alguna vez soñó. Como ayer a la tarde, cuando posó junto a su rival de hoy para fotógrafos de todo el mundo en plena plaza de los Mosqueteros. Prende la tele en el hotel y se ve ganándole al ruso Nikolay Davydenko. Se ve obligado a almorzar en el vestuario porque el número de curiosos desborda el comedor de los jugadores. Y eso que para muchos es el partenaire, el retador imprescindible para que el campeón se luzca.
Nada, sin embargo, parece conmover a este muchacho de hablar pausado. Ayer, por ejemplo, casi no modificó su rutina. Se levantó pasadas las 10 y media y desayunó con su psicólogo, Daniel Durán. Se fue al club y practicó en la cancha 5 durante apenas 20 minutos mientras en la 4, separados por una terracita llena de gente que le daba la espalda, Nadal peloteaba con Mats Wilander, el único en la historia que fue campeón en su debut en Roland Garros. Afrontó con paciencia las mismas preguntas de siempre y dejó tres o cuatro frases (“Yo soy David y él es Goliath”, “Me encanta ir de punto”, “Llego más entero que en Acapulco, cuando me ganó en febrero”, “Me felicitaron Wilander y McEnroe”). Y seguramente no advirtió que el stand de la firma Babolat, la misma que creyó en él cuando estaba suspendido, tiene un cartel con todos los tenistas que usan sus raquetas: Nadal, Roddick, Moya, González, Massú, Ljubicic, Andreev, Zuluaga, Benneteau. Y que su nombre no figura.
Al mejor de cinco sets, en el mismo estadio en el que Gastón Gaudio y Guillermo Coria le mostraron al mundo el año pasado lo que es capaz de lograr el tenis argentino, allí donde Guillermo Vilas ganó en el 77 y jugó otras tres finales, Mariano Puerta irá por la consagración. Si gana Rafael Nadal, si se da la lógica, el mundo del deporte asistirá a la consagración de un nuevo monstruo, un prodigio del tenis y del marketing, un atleta lleno de polenta y de carácter al que vendrá a ver hasta el rey de España. ¿Y si gana Puerta?
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