Puerto Deseado
De noche, hay que esperar hasta la última curva para toparse con la ría Deseado, con el puerto y con las luces de una de las ciudades más importantes de Santa Cruz. Recién entonces aparecen amarrados al muelle, y entre sí, todos los barcos pesqueros que son buena parte del sustento económico de la zona, pero que ahora no salen mar adentro porque no es temporada de pesca.
Y es allí, en el instante preciso de la primera impresión, cuando uno empieza a visualizar que puede valer la pena el desvío para llegarse hasta este sitio. Un rato después, todo lo relacionado a lo visual será poco, porque podrá desayunarse con una localidad que conjuga muy bien relatos de barcos hundidos, nostalgias de ferrocarril que ya no es o leyendas de bucaneros que el tiempo no ha podido borrar.
Deseado, a la vera de la ría, parece una ciudad romana, por los murallones que la rodean. Claro que estos son naturales y le dan una fisonomía atractiva, cuando el atardecer mezcla los colores que el sol hace brillar en las rocas con los azules de la más variada gama que las aguas agitadas del mar Argentino traen hasta la costa, siempre custodiada por decenas de barcos.
Con semejantes condimentos, Puerto Deseado, aún cuando hoy sólo la visitan unos tres mil turistas en el año, es una de las ciudades con mayor potencial en este sentido. Claro, todavía no necesita vivir de esta industria. El tercer puerto del país ve salir hacia distintos destinos buena parte de la producción lanar patagónica y tiene instalada la sede de once compañías (10 de capitales mixtos, una sola nacional) dedicadas a la pesca a gran escala.
Como muchas ciudades argentinas, Deseado creció al ritmo del puerto y el ferrocarril. Cuando cerraron este último y el cambio no favorecía a la exportación, el pueblo tuvo un invierno más duro que nunca, pero supo sobreponerse y hoy, de la mano de la relación peso-dólar, ha vuelto a ser próspero, tanto que es común ver por los negocios un cartelito que en el norte es poco frecuente: “se necesita empleado”.
No obstante, no todo es lo que se ve en la superficie. En el fondo, hay quienes se quejan de la relación que montan con la comunidad las compañías pesqueras con mayoría de capitales españoles. Dicen que dan mucho menos de lo que se llevan y que hay una de ellas que está tramando “sembrar” langostinos en la entrada de la ría, lo que pondría en riesgo el equilibrio ecológico de uno de los sitios más bellos de la Patagonia Austral.
A propósito de esto, cualquier deseadense le dice a un recién llegado que no podrá irse de la ciudad sin visitar la ría. Y, en efecto, trataremos de comprobarlo. La hospitalidad de la vecindad de uno de los lugares más afectados por la ira del volcán chileno Hudson, que hace unos años la cubrió de cenizas, permiten suponer que la parada por unos días en Puerto Deseado será un bálsamo después de reparar el auto del periodista ambulante. Amén.
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