“Pugliese fue el mejor alimento para mi música”
Rodolofo Mederos es sin lugar a dudas uno de los tres bandoneonistas vivos más importantes de la historia del tango, junto a Leopoldo Federico y Néstor Marconi. A pesar de que por estos días el reniegue un poco de sus búsquedas estéticas de juventud, su grupo "Generación 0" alucinó a los melómanos de la década del 70 y escribió algunas hojas en la historia de la música popular argentina. Por estos días, el maestro del bandoneón concentra todo su talento musical en su orquesta típica y su trío, y se luce en los escenarios del mundo. Este lunes, a las 21hs, los santafesinos tendremos la oportunidad de disfrutar de su trío, en el marco del cierre del ciclo Lunes de Paraninfo.
_ En algunas notas periodísticas usted definió a su trío como “de patio”. ¿Qué significa un trío “de patio”?
_ Generalmente la música se suele clasificar de maneras curiosas: música de cámara, música de concierto, música coral, música mala, música buena, música popular. Pareciera ser que el hombre no se pone de acuerdo sobre cómo definir la música. El trío es un conjunto de naturaleza camarística por su característica de grupo reducido y por su forma de tocar. Así como los músicos europeos de esos pequeños grupos, hace tres siglos atrás, tocaban para la realeza en la cámara de las cortes; en Argentina, el trío de tango hacía lo mismo pero en el patio de la casa y la realeza era la gente que se acercaba con sus mates. Yo recuerdo que mi vieja traía pastelitos y la gente escuchaba y bailaba en el patio. Por lo tanto, para mí el origen de esta música fue el patio de las casas. Por eso yo la llamo música de patio en lugar de música de cámara.
_ ¿Qué posibilidades musicales le brindó el trío? ¿Por qué eligió esta formación?
_ Uno no sólo elige el formato de trío sino que elige a los músicos que lo integran. La formación de dos instrumentos de cuerdas con el bandoneón (que es un aerófono) da un equilibrio maravilloso. Sería bueno recordar a Aníbal Troilo que hizo su cuarteto con dos guitarras o una guitarra y un guitarrón y un contrabajo. Yo creo que son timbres que se llevan muy de acuerdo, que caminan de la mano. En mí trío no hay competencias, no hay imposiciones; cada uno hace lo que tiene que hacer y completa lo que está haciendo el otro. Elegí esa formación porque es íntima, es cómplice; a diferencia de la típica que es una patota. Aquí las voces de cada uno se escuchan nítidamente. El trío funciona como una gestal. Yo elegí para este trío a mis queridos y entrañables amigos Armando de la Vega en la guitarra y Sergio Rivas en Contrabajo.
_ Este trío quedó inmortalizado en un disco titulado “Intimidad”.
_Así es. Es parte de una trilogía. La orquesta típica editó un disco que se llama “Comunidad”. En aquel trabajo todos luchamos por una causa común. Como si fuéramos una hinchada de fútbol o como una reunión política. El trío es parte de esa comunidad pero en este caso nos sentamos a la mesa a conversar sobre ese partido de fútbol. Y el disco “Soledad” soy yo sólo con el bandoneón recordando ese partido de fútbol.
_ Leí por ahí que el trío estuvo en Europa haciendo un espectáculo titulado “Del amor” junto al poeta Juan Gelman.
_ Así es. Este espectáculo se estrenó en Barcelona, en octubre del año pasado. Espectáculo que vamos a traer a la Argentina y con el cuál haremos una gira por el país.
_ ¿Cómo surgió la idea de este espectáculo? ¿Cómo es su vínculo con Juan Gelman?
_ Yo lo conocí a Gelman hace alrededor de 7 años cuando le dieron la distinción de ciudadano ilustre, en Capital Federal. En aquella oportunidad él me convocó, sin conocerme personalmente. Por supuesto, yo llevé mi bandoneón y toqué debajo de algunos de los poemas que él recitó. Aquella experiencia nos dio la temperatura para proponernos algún día hacer un espectáculo juntos. Pero pasaron años para que esto saliera a la luz. Estos proyectos no se pueden hacer de manera forzada. Después nos encontramos en México (donde reside Juan Gelman), en el marco de una gira del trío. En la casa de unos amigos en común nos comimos un asado y volvió a surgir la idea de hacer algo juntos. Y bueno, a través de correos y comunicaciones telefónicas comenzamos a diseñar este espectáculo. Esta propuesta se llama “Del amor”. Se trata de una selección de poemas de Gelman referidos a ese sentimiento, recitados por su autor y musicalizados por el trío. La puesta de luces y escenográfica es de Cristina Banegas. Es una puesta muy sobria, muy despojada pero muy rica a la vez. No se aún los días y horarios en los que vamos a actuar pero se que vamos a presentarnos en Buenos Aires, en Chaco, en Córdoba, entre otros lugares.
_ Maestro, hace un rato usted hablaba de su típica pero a mí me gustaría llevarlo a su experiencia con la típica del gran Osvaldo Pugliese. ¿Cómo vivió aquellos tiempos?
_ Fue mi última experiencia en un grupo que no fuera dirigido por mí. Yo tuve el privilegio y la fortuna de participar en la orquesta de don Osvaldo.
_ ¿Cómo fue la relación con Don Osvaldo?
_Tenemos que retrotraernos muchos años atrás cuando yo era joven. Por aquellos años, yo tenía en mi cabeza otros planes que no eran estar en una típica. Les recuerdo que cuando abandoné la orquesta de Pugliese organicé el grupo Generación 0, que tenía más que ver con lo que mucho tiempo después se llamó la música de fusión. Yo sentía que tenía que explorar un camino que no era por el que venía y que tampoco era el que Piazzolla nos había marcado. Yo entendía que el camino de Piazzolla era para él y no debíamos seguirlo. Por lo tanto, organicé este grupo que tenía que ver con el rock que estaba surgiendo en argentina. Yo me estaba liberando para hacer mis propias experiencias. Me llevó unos cuantos años darme cuenta que integrar la orquesta de Don Osvaldo me dio el mejor alimento, desde el punto de vista de la sustancia del tango. Yo, hoy, no pensaría lo que pienso y no tocaría lo que toco si no hubiera estado en la orquesta de Pugliese.
-Leí por ahí, que muchos años después usted se encontró con el maestro Pugliese y tuvo un encuentro muy intenso.
_ Es verdad. Yo estuve durante muchos años en la escuela de música popular y un alumno me preguntó cómo hacía Don Osvaldo para manejar los acordes y los pedales del piano para hacer el famoso acompañamiento tan característico de su estilo. Nosotros le llamamos a este acompañamiento La Yumba, sin referirnos al tango que lleva este nombre sino a ese marcato tan particular. Y yo no supe explicarle a este alumno este concepto. Yo lo tenía incorporado pero no había teorizado sobre esto. Por lo tanto, le pedí hasta la semana siguiente para contestarle. Al día siguiente lo llamé a Don Osvaldo. Yo no sólo quería pedirle estos datos técnicos para ser solvente en la docencia sino que también quería encontrarme con él humanamente porque sentía que en mi juventud podía haber tenido alguna desprolijidad con el maestro. Yo quería agradecerle por haber estado en su orquesta. Y Osvaldo me recibió. Siempre recordaré que me dijo que lleve medialunas. Creo que él intuía porque estaba yo en su casa. Le comenté la experiencia de la escuela de música
de Avellaneda y le dije todo lo que tenía que decirle. Él me palmeó el hombro y al ratito me llevó al piano para explicarme su marcato. Él tocó un largo rato para mí y yo me sentía un privilegiado porque lo tenía a un metro. Se hizo tarde, apareció su mujer y me invitó a cenar. Fue un día muy intenso para mí. Yo le estaré toda mi vida agradecido a Don Osvaldo y a los compañeros que me dejaron entrar en aquella memorable orquesta.
_Maestro, no sólo tuvo la oportunidad de tocar con Don Osvaldo sino que también tuvo una muy buena relación con Astor Piazzolla. ¿Es cierto que Piazzolla le prestó un bandoneón cuando a usted le robaron el instrumento en Buenos Aires?
_La vida fue muy generosa conmigo porque me ha rodeado de gente que fue muy solidaria conmigo y que me aportó mucho desde lo artístico. Cuando yo llegué a Buenos Aires desde Córdoba me robaron el único bandoneón que tenía, que era un regalo de mi viejo y que era mi herramienta de trabajo. Luego de este episodio estuve muy angustiado y desolado; con una orfandad muy grande. Yo le comenté esta situación a Piazzolla y Astor me prestó un bandoneón. Este préstamo resolvía mi situación laboral pero yo no podía comprar un bandoneón. Yo cada tanto lo llamaba y le preguntaba si lo necesitaba. Y un día me dijo que lo iba a vender y que si yo lo quería que se lo pagara como pudiera. De todas maneras, yo no podía pagar el instrumento. Y un día me dijo que me deje de joder y que se lo pague cuando sea famoso. Aún conservo ese bandoneón y los valoro mucho porque tal vez tiene algo de su energía; además es un instrumento maravilloso.
_Hace un rato, usted decía que cuando era joven pensaba que la música de Piazzolla era un camino sólo para él. Idea que por lo que tengo entendido sigue vigente en su actualidad.
_Yo disfruté, disfruto y seguiré disfrutando de la música de Piazzolla. Pero hace mucho que me di cuenta que seguir su camino no era una buena decisión. Su música es tan acabada en si misma que te diría que está hecha para ser tocada sólo por él. Hay otras músicas que son más abiertas, que permiten que otros se involucren, que hagan arreglos. Yo siento que seguir el camino de Astor es caer en una esterilidad.
_ ¿Usted siente que hay mucha mala copia de la música de Piazzolla?
_ Quiero que se entienda bien lo que voy a decir. No estoy haciendo un juicio de valor sobre la obra de Piazzolla. Pero ocurre que la música de Astor no generó una escuela, por lo tanto solo deja imitaciones. A diferencia de otros músicos que si hicieron escuela como Arolas, Troilo, Gobbi, Pugliese. Uno puede hacer mil arreglos de “El choclo” o “La comparsita” pero no se me ocurre que se pueda hacer un arreglo de “Adios Nonino”, cambiándole armonías y otras cosas. Tal vez, yo no tengo el talento para hacerlo. Pero hasta ahora no encontré ninguna versión mejor de un tema de Astor o si quiera igual a las originales. Es curioso esto. Yo pienso que es como querer hacer un arreglo de una música de Johann Sebastian Bach.
Para escuchar la nota con Mederos dirigirse a este link.
Este contenido no está abierto a comentarios

