Pulpo a la gallega
Escenografía portuaria. Reproducción a escala menor de cualquier puerto. Es curioso, pero aún cuando los hombres que pueblan los puertos suelen llegar desde los más recónditos lugares del planeta, todos terminan pareciéndose. En efecto, los lugares y los hombres del Puerto de Rawson se parecen a otros. Pero sucede que cuando se habla de similitudes, es sólo en la superficie.
Digámoslo, ya que estamos por la zona, con una comparación marítima. El mar, por arriba, se parece a otros mares, pero el fondo descubre un mundo inesperado e inabarcable. Y los puertos, en sus historias de adentro, son como el fondo del mar. Precisamente, la historia de Marcelino González, el fundador de la marisquería del Puerto de Rawson, es historia profunda y es también, la historia misma del Puerto.
De hecho, el hombre dejó su huella como los tatuajes que quedan grabados en los brazos portentosos de los marineros. La calle principal -en los tiempos de Marcelino de ripio, ahora asfaltada, lleva su nombre, como también lo lleva la marisquería que ahora regentea uno de sus hijos y sus nietos, paso obligado para los turistas de paladar delicado y proceder sibarita.
Carlos González, el hijo de Marcelino, aspecto xeneize, anillos y cadenas dorados, cigarrillo en mano, por poco se emociona cuando recuerda la vida de entonces. El Viejo Marcelino había llegado en el 55. Era tal su fama de tipo recto que todos los marineros de los barcos le dejaban, mientras duraba la escala, la paga semanal. “A plata de hoy serían como tres millones de pesos”, dice Carlos.
La Sra. de González bordaba en las bolsas los nombres de los depositantes y cuando éstos se marchaban se llevaban su dinero. Pero como también tenían que comer, nació la marisquería, que hoy se jacta de recibir comensales todo el año, algunos más conocidos que otros, como Batistuta, y otros más anónimos, que siempre se van prometiendo que van a volver o que van a recomendar a los González.
Ahora es casi el mediodía y la cantina comienza a recibir los primeros amantes de la gastronomía del mar. Como fondo escenográfico, algunos barcos tristones surcan las aguas del río Chubut justo en el sitio donde éste vuelca sus aguas en el Atlántico. Enfrente está Conarpesa, la compañía española que es fuerte en la zona, corroborando que es otro tiempo y que, ya nada de lo que se produzca allí, quedará un 100% en nuestro país.
González da por terminada la charla antes de apurar un recuerdo sobre su madre, que fue la que enseñó a cocinar, la que impulsó la marisquería y la que, todavía, se da una vuelta para aconsejar a los mozos o remedar a los cocineros. A un costado, el cantinero trae una picada de mariscos memorables. Entonces, puerto y mariscos, mar y cantinas, el lugar vuelve a ser el mismo que fundó Marcelino.
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