PUNTA DEL ESTE SE LLENÓ DE TURISTAS EXTRANJEROS
La gente aquí está padre”, dice con un inconfundible acento mexicano Rafael Zaga. “Padrísima”, insiste a orillas del mar y rodeado por dieciocho miembros de su familia.
El empresario de 40 años es la comprobación justa de lo que se dice de esta temporada que comienza en Punta del Este: que está lleno de extranjeros, que está todo bastante más caro y que todavía la clase media argentina no llegó.
El año pasado, Zaga pasó por Punta del Este con su mujer, una morocha de sombrero cowboy turquesa y que está comiendo un choclo. El lugar les encantó y entonces convencieron a toda su familia para pasar aquí las Fiestas. Desde el patriarca de la familia de 67 años a Daniel, el más chico, de dos.
Como la mayoría de los extranjeros —sobre todo los brasileños— llegaron a Punta del Este para pasar el fin de año. Los Zaga se quedan cinco días y también, como el resto, aprovecharon el viaje para visitar Buenos Aires y otro lugar de Argentina, como Bariloche.
“Nos cansamos del Norte (por Estados Unidos). Nos tratan mal y por eso decidimos mirar al Sur y mira qué bonito es”, explica Zaga mientras hace una crítica: falta infraestructura hotelera y servicios.
En que está lleno de extranjeros coincide Laura, que también es extranjera acá porque es de Buenos Aires. Es rubia, está paseando por la costa de Montoya a Naia y Buffi, dos perritos blancos y rulientos. “Estoy desde el 26 de diciembre y lo veo lleno de brasileños. Más que nunca”, insiste mientras que con la misma mano intenta sostener su sombrero de paja y acomodarse la microbikini negra. Para esta contadora de 29 años “está bueno que haya más extranjeros, porque son divertidos”.
“Sin duda, este es el año más internacional de Punta del Este”, reflexiona Wally Diamante mientras disfruta de la vista del mar en el parador Bikini Beach. “Es también el reflejo de lo que pasa con Buenos Aires como destino turístico. La ciudad está considerada como unas de las mejores para visitar y esto rebota acá porque los turistas siguen su viaje”.
En el aeropuerto de Punta del Este esta tendencia se refleja en la cantidad de vuelos. Todos los días llega un vuelo de Brasil, uno de Paraguay y doce desde Buenos Aires.
Y a partir del 14 de enero cuatro veces por semana aterrizará uno que viene desde Chile.
Además de sumar acentos, los extranjeros están modificando a Punta del Este en los precios. “Cambió el mercado”, dice Diamante. Ellos mantiene los precios que bajarían si sólo llegaran argentinos.
“Está todo un 30 por ciento más caro”, dice Dolores, argentina de 29 años, traje de baño de dos piezas plateado y con dos hijos.
Como estrategia para sobrevivir al sacudón de precios, Dolores explica que pocos comen en los paradores de la playa al mediodía. (Aclaración necesaria: un agua con gas chica cuesta casi dos dólares).
“Además aprovechamos y cortamos el día de sol”, justifica.
El cambio en la estrategia del presupuesto también lo notó Mabel Salazar. Ella vende desde hace cinco temporadas ropa en Montoya. Segunda aclaración: parece casi una obligación bajar a la playa con una túnica hindú o algo gitano y si es blanco mejor.
Salazar se queja de que este tipo de ropa tiene poca venta y de que parece que todavía no empezó el verano. Claro, recién es lunes 2 de enero y todavía falta mucho, pero mucho, para que el verano termine.
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