QUÉ DECÍAN LOS INFORMES ANTERIORES
En 1.999, la Coordinadora de Trabajo Carcelario elaboró un documento que, en uno de sus incisos, describía las condiciones infrahumanas en la que se encontraban los internos del “corralito”. En ese dossier – que aún mantiene una vigencia increíble – se podía leer. “…a esta situación ya denunciada en reiteradas oportunidades por nuestra organización a lo largo de los últimos tiempos, se le han incorporado serias denuncias sobre la colocación de “inyecciones “a los internos por parte del personal penitenciario. Específicamente la guardia armada. Las mencionadas aplicaciones serían de distintos calmantes como ‘alopidol, rohynol, akineton’, que según los casos provoca que permanezcan tres o cuatros días durmiendo dentro de los pabellones y en otros casos hasta deformaciones faciales por algunos días, además de trastornos en relación a la ubicación de tiempo y lugar, dificultades para expresarse , lentitud motriz y dificultades en el lenguaje, propio de los efectos de ciertos medicamentos (…) En relación a estos gravísimos hechos, hemos recibido además una carta donde se ratifican estas denuncias por parte de un interno que sufrió la aplicación de inyecciones sin ningún tipo de prescripción médica y que afirma que dicha práctica es permanente por parte del personal penitenciario en los últimos tiempos, como forma de controlar a la población penal, que se resiste a la aplicación de un régimen disciplinario que atenta contra la integridad física y psíquica de los ciudadanos privados de la libertad.-
En este orden de ideas los internos afirman que dichas “inyecciones” serían preparadas en el psiquiátrico que funciona en la Unidad; “el corralito”, y que a dicho lugar eran llevados originariamente los internos a quienes se le aplican las mismas, situación que ha variado en la actualidad, ya que son “tirados” en la planta 3 o 2 del pabellón Nro. 5, sin saber a ciencia cierta que criterios son los que se aplican para determinar el tiempo que permanecen en dicho lugar”.
En otro aspecto, aquel informe firmado hace cinco años por la Coordinadora de Trabajo Carcelario decía: “…es a todas luces evidente el tipo de “tratamiento” que esta metodología entraña, basado pura y exclusivamente en la aplicación de una medicación, en el aislamiento y la falta de actividades y contactos interpersonales, lo que potencia ciertas patologías y trastornos, que se pretenden modificar, producto del propio sistema de exclusión y encierro. “En definitiva, podemos afirmar que los mismos no curan ni rehabilitan.- Por otra parte, en oportunidad de visitar el llamado “corralito”, vimos las deficientes instalaciones, vidrios rotos, agua chorreando permanentemente de los caños, mojando todo el lugar, sin agua caliente para el baño que con las bajas temperaturas y la humedad reinante conforma un ambiente propicio a la propagación de enfermedades respiratorias y de la piel (…) Además, al solicitar las historias clínicas nos encontramos con que faltaban en su mayoría , tampoco existía una prescripción de medicamentos por parte del médico responsable. Y los mismos eran suministrados por un enfermero. La indicación estaba en un pizarrón apenas legible el nombre de la medicación y no figuraba la dosis”, finaliza.
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