¿QUE HUBIERA PASADO SI SE CERRABA LA DEFENSA ANTES DE LA INUNDACIÓN?.
Un informe interno elaborado por la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (Fich) de la Universidad Nacional del Litoral aborda las causas que determinaron la inundación en nuestra ciudad.
Fue presentado recientemente en público por el ingeniero Mario Schreider, en una conferencia en el predio que la Universidad Nacional del Litoral posee en El Pozo, junto al decano de esa casa de estudio, ingeniero Cristóbal Lozeco, y otros docentes de esa facultad, que abordaron otros aspectos.
Las explicaciones de Schreider se apoyaron en imágenes, gráficos y las cifras disponibles sobre el río, tanto de organismos provinciales como de institutos nacionales y de la UNL.
Dividió a las causas en naturales y antrópicas (por acción del hombre), y entre éstas últimas subrayó el problema de la defensa inconclusa hecha junto a la Circunvalación Oeste, cuyo talón de Aquiles fue el tramo ubicado detrás del hipódromo, por donde ingresó el agua que anegó a uno de cada tres santafesinos aproximadamente.
En una parte de su explicación señaló que “las defensas supuestamente se construyeron para proteger a la población de los efectos de las crecidas. Los tramos I y II de la Circunvalación Oeste fueron hechos entre el ’94 y el ’98 y su cota de coronamiento es de 17,50 (IGM)”, es decir unos 9 metros para el hidrómetro del puerto.
La finalización provisoria
“El punto está dado en cómo se finalizó el tramo II. Hubo una finalización provisoria del terraplén en la calle Gorostiaga, en las inmediaciones del hipódromo. Y había que desarrollar un tramo III, que iba a contar con un terraplén de unos 2.700 metros de largo, que extendía la defensa hasta llegar, aproximadamente, hasta la calle Estado de Israel, adonde las cotas no son inundables y se separa a la ciudad de la creciente”, recordó.
“El determinante de que el agua ingresara a la ciudad es porque esta obra no fue construida, y ya se contaba con un anteproyecto desarrollado por una consultora privada”, afirmó.
Tras mencionar que la defensa efectivamente construida se comportó perfectamente, sin sorpresas, y “no fue superada por el agua”, expuso qué hubiera pasado si se hacía el tramo de la defensa que cerrara el anillo hasta una cota segura.
“Si no hubiera existido una rotura del terraplén o un ingreso puntual de agua -que nunca debe descartarse porque las obras son falibles-, probablemente en esta oportunidad, para estas condiciones de crecida, no debería haber ingresado el agua masivamente a la ciudad” si se cerraba el anillo.
Revancha suficiente
“Con los datos que hemos podido recopilar sobre la zona del hipódromo, vemos que la cota del pelo de agua, es decir hasta donde alcanzó el agua en ese sector, estuvo entre 16,80 y 16,90 metros (IGM), mientras que la cota de coronamiento del terraplén (que no se hizo) debió ser de 17,50 metros (en IGM, equivalentes a 9 metros del puerto)”.
Con esos valores, “había una revancha suficiente como para pensar que si no se daba un ingreso puntual de agua por alguna falla, probablemente en esta situación, en esta crecida, no hubiera existido un ingreso masivo de agua”, afirmó.
“Éste -definió- es un elemento sustantivo para tener al menos una idea sobre cuáles fueron las causas de esta inundación”.
Luego recordó lo más conocido del rápido anegamiento, y destacó que “lo peor fue que el agua no podía salir por la defensa y entonces comenzó un proceso de embalsamiento” dentro de la ciudad.
Hubo “áreas urbanas cubiertas con más de 4 metros y lugares en los que entre media hora y dos horas y media, de estar secos pasaron a tener más de dos metros de agua”, comentó.
“El terraplén se convirtió en una trampa”, indicó mientras se apoyaba en una infografía publicada por El Litoral el 4 de mayo, titulada en forma similar a esa expresión.
Recordó que más adelante “se hicieron las voladuras que eran la única solución para que el agua escapara y se aliviara al menos parcialmente la situación”. Señaló que la Fich asesoró a los organismos provinciales sobre el trabajo de cierre en la zona del hipódromo, eligiéndose como traza hacer el terraplén de piedra y arena sobre el asfalto de la Circunvalación Oeste, desde el 4 al 8 de mayo.
Causas naturales y antrópicas
Para la Fich está claro que en el origen de la crecida extraordinaria del Salado -de una recurrencia algo mayor a los 100 años- fue una combinación de causas naturales y antrópicas.
Entre las primeras, el informe subraya que las lluvias de gran intensidad dentro del territorio santafesino en su enorme mayoría causaron la inundación.
Se trata de precipitaciones de tal importancia que hubo pluviómetros, que registraron en tres meses tanto como el promedio anual habitual; y otros que en sólo 5 días midieron tantos milímetros como lo que normalmente llueve en todo un mes.
Para mostrar el proceso de crecida, el ingeniero Schreider recordó que en el hidrómetro del Inali se midieron 5,42 metros el 12 de marzo y 6,37 metros el 30 de abril, cuando tuvo lugar el pico.
Al hablar de los efectos antrópicos (causados por el hombre) mencionó los cambios en la producción agraria, y la deforestación que han quitado capacidad de absorción al suelo. Además de la obra de Circunvalación Oeste, subrayó que actuó como un dique la autopista, porque su puente “sólo permite un escurrimiento del 8% de lo que necesita el Salado”.
Debate sobre la previsibilidad
Para el informe de la Fich, la previsibilidad no existía desde el punto de vista cuantitativo, pero sí había signos o advertencias cualitativas.
“Cuantitativamente -señaló Mario Schreider-, no había previsibilidad; no se podía decir que la crecida iba a tener tal o cual caudal, porque de hecho el Salado no tiene un sistema de alerta hidrológico, ni escalas hidrométricas”, como sí posee por ejemplo el Paraná.
Sin embargo, “sí había elementos cualitativos de previsibilidad, por ejemplo el sistema de pronósticos de alerta hidrológico de la Cuenca del Plata. Allí a partir de una imagen satelital se veía con claridad que había una mancha de inundación, y su destino lógico era la ciudad de Santa Fe. Otra evidencia cualitativa eran los impresionantes valores de lluvias y los signos de aguas arriba, de que ciertas obras habían sido superadas, como los puentes cortados en San Justo, o sobre la ruta 4”.
“Sobre si había o no posibilidad de prever esta inundación, sólo podemos dar una media respuesta: no se podía precisar con exactitud, pero había indicios de que algo grande iba a suceder”, expresó.
Sin plan B
La exposición sobre la creciente del Salado en la Fich tuvo como uno de sus ejes centrales mostrar la necesidad de que la ciudad esté preparada para eventos como el ocurrido y advirtió que tanto por el borde oeste como por el sistema del Paraná, vivimos en “una zona de riesgo”.
El ingeniero Mario Schreider advirtió que “un mensaje que debe quedar en la población es que aun si se hubiera hecho el tramo tres (y seguramente entonces no estaríamos aquí hablando), no hay obra que quite el riesgo totalmente”.
“Siempre una obra de defensa tiene una probabilidad, una altura que puede resistir, y por supuesto cuanto menor es el riesgo mayor es el costo. Por eso debe haber un compromiso entre el costo de la obra y la probabilidad de que pueda ser rebasada por el agua”, explicó.
Además, “las obras pueden fallar por falencias constructivas o falta de mantenimiento, y por eso siempre debe haber un plan B, es decir qué hacemos si la obra falla, y eso fue lo que pasó; estuvimos sin ese plan de contingencia sobre cómo actuar ante esta situación. Un plan que diga cuál es la responsabilidad de cada uno ante este problema, y todos (los organismos, las instituciones y los vecinos) sepan qué tienen que hacer”.
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