¿QUIÉN DIJO QUE EL SEXO DA RATING SIEMPRE?
La competencia por el rating suele poner la pantalla chica al rojo vivo. Y en más de una manera. En estos tiempos de horarios flexibles y peleas fuertes por conservar a una audiencia elusiva, la TV plantea una hipótesis poco novedosa, pero llevada al extremo: cuanto menos ropas vista más será mirada. Una estrategia que anteanoche probó no ser tan cierta. Es que con diferencias de pocos minutos dos ficciones, “Doble vida” en América y “Botines” en Canal 13, intentaron la alquimia de convertir el sexo en dinero. O más bien de convertir el sexo por dinero en números de rating. Y los números no le dieron la razón. La telenovela de Endemol consiguió siete puntos de rating, seis décimas menos de lo que hizo el pasado viernes, mientras que “El silencio de Julia”, el capítulo de “Botines” que se vio anteanoche midió 12,5 puntos, dos puntos menos que el episodio anterior.
Lo cierto es que más allá de los resultados en el rating, la pantalla chica mostró anoche minuto a minuto dos puntos de vista ficcionales sobre un tema que ya se convirtió en figurita repetida.
“Doble vida” es una tira que gira alrededor de dos ejes: el asesinato misterioso de la esposa de un reconocido cirujano plástico (Jorge Marrale) y un prostíbulo de lujo que regentean Sabrina (Moria Casán) y Alex (Gonzalo Valenzuela), un empresario que en sus ratos libres ejerce él mismo la prostitución. Aunque con ciertos pruritos. “No soy una máquina sexual”, decía el muchacho en el capítulo de anteanoche, el primero desde el cambio de horario que colocó al ciclo de Endemol en la franja de las 22.30. Pero, claro, en la TV de estos días la puntualidad falta sistemáticamente a la cita. “Código”, el ciclo periodístico de Rolando Graña, terminó diez minutos antes de las 23, y el sexo no tardó en hacer su aparición en la ficción. Esta vez se trató de un recuerdo del pasado: Violeta (Romina Ricci) y su marido, Rafael (Adrián Navarro), se aman y eso justifica que ella se prostituya para pagar el tratamiento médico de él.
Prostitución y violencia
Por el lado de “Botines”, el ciclo de Pol-ka, la escena sexual entre el personaje de Nacha Guevara, una señora bien, pero solitaria, y el muchacho (Joaquín Furriel) que un amigo (Arturo Puig) le “regala” para su cumpleaños, no mostró demasiadas desnudeces, pero sí una fuerte carga de violencia que parece ser la marca del sexo que se anima a mostrar la TV. Lejos de los taxi-boys de “Doble vida”, pintados como buenos chicos de su casa que dan el mal paso por necesidad, el personaje de Furriel mostró una cara más oscura y acaso más realista del mundo de la prostitución.
Claro que, más allá de las evidentes diferencias de calidad entre los productos de ficción que se animan a mostrar a sus criaturas en la cama (o en el jacuzzi, sobre el escritorio, en el auto y varios etcétera salidos de la imaginación subida de tono de los guionistas), los resultados en las cifras son similares. Cuando se trata de la ficción y, más allá de cualquier consideración moral que se haga de estos programas, los números indican que el sexo no levanta la temperatura de la pantalla. Al menos no de la forma buscada por los productores. Así, cuando la semana que pasó la historia de “Hombres de honor” mostró a sus protagonistas, Luca (Gabriel Corrado) y María (Laura Novoa) en la cama y luego al personaje de Corrado en la misma situación, pero con la madrastra del personaje de Novoa (Virginia Innocenti), el rating de la tira no logró superar su mal momento. De hecho el jueves y viernes de la semana que pasó, el rating apenas alcanzó los once puntos.
Mientras que los cuerpos ligeros de ropa e insinuantes le otorgan a “ShowMatch” sus mejores marcas -el lunes que pasó, en los 26,5 puntos de rating mucho tuvo que ver la cámara “sorpresa” de Luciana Salazar en la que simula conducir un ciclo de un canal condicionado-, está claro que los espectadores de ficción tienen otras exigencias. “Amor en custodia” y “Pasión de gavilanes” lejos del tradicional horario fuerte de la TV son los programas de ficción con mayor rating y aunque tienen al sexo como ingrediente de sus fórmulas, la medida de ese elemento podría medirse en pizcas mientras que en los ciclos nocturnos la ecuación se invierte y muchas veces las historias parecen ser apenas un relleno entre las escenas en las que los personajes se desnudan para la cámara. Que esas desnudeces muchas veces tengan como centro al mundo de la prostitución puede tener que ver con la falta de respuesta del público. Cansado tal vez de que la TV, la mayoría de las veces, muestre al sexo en sus costados más sórdidos.
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