QUIEREN CERRAR LA ESCUELA DE LAS AMÉRICAS
Primero entró al campus disfrazado de soldado, trepó a un árbol y con un parlante propaló la última homilía antibélica de monseñor Oscar Arnulfo Romero, el arzobispo salvadoreño asesinado en 1980 por egresados de allí: lo bajaron a punta de fusil y le dieron dos años de cárcel. Al salir reincidió y salpicó con sangre el cuadro de Hugo Banzer, uno de los que adornan el Salón de la Fama de la vieja y temible Escuela de las Américas: pagó otros 14 meses de prisión. Ahora, el cura católico Roy Bourgeois, uno de los fundadores de la SOA Watch (Observatorio por el cierre de la Escuela de las Américas), vino a Latinoamérica para que al reclamo de ciudadanos de EE.UU. que “por año pagan con sus impuestos los 20 millones de dólares anuales que cuesta esa escuela de asesinos”, se sume el compromiso de la región de “no enviar más militares ni policías a la escuela”, dijo Bourgeois a Clarín.
Porque “no es algo del pasado —agregó—, no sólo fueron alumnos futuros dictadores como los argentinos Leopoldo Galtieri o Roberto Viola, el boliviano Banzer, el uruguayo Gregorio Alvarez, el salvadoreño Roberto D’Aubuisson o el guatemalteco Ríos Montt. Es algo actual: egresaron de allí quienes en 2002 intentaron el golpe contra Hugo Chávez y los que en Bolivia reprimieron a cocaleros del Chapare y a defensores del agua en Cochabamba en 2003”.
En Venezuela, Bolivia, Uruguay y Argentina, Bourgeois —que antes de ser cura fue militar y en Vietnam se horrorizó de la guerra y sus crímenes— logró un compromiso oficial: retirar a sus alumnos. Aquí, él y su comitiva vieron a los ministros Nilda Garré y Aníbal Fernández y al subsecretario de Derechos Humanos, Rodolfo Mattarollo. Hoy hay un solo militar argentino estudiando allí. Chávez se asombró de ver nombres de golpistas como ex alumnos, y Evo Morales, de enterarse que luego de Colombia y Chile, Bolivia es el tercer país con más militares allí.
Con Bourgeois, los activistas estadounidenses de SOA Watch Lisa Sullivan y Andrés Thomas Conteris y el salvadoreño Carlos Mauricio comentaron que “en 2001 estuvimos a un voto en el Congreso para cerrar esa escuela. Este año insistiremos de nuevo”.
Esa vez, Estados Unidos “hizo un maquillaje para que nada cambie”. Rebautizó la escuela —nacida en Panamá en 1946 y luego mudada a Fort Benning, Georgia— como Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica, WHINSEC por su sigla en inglés, pero “es igual que antes, sólo que en vez de hablar de lucha antisubversiva habla de terrorismo global y narcotráfico. En rigor, prepara a quienes defienden con sus crímenes intereses económicos en la región”, aseguraron.
La escuela ya tuvo 70.000 soldados latinoamericanos (ahora, también policías) graduados en contrainsurgencia, “técnicas de interrogatorio”, francotiradores y otras materias. “Pusieron cursos de derechos humanos, pero nadie va”, dijo Mauricio.
Argentina tuvo varios alumnos, como el menos famoso pero hoy preso en una causa de derechos humanos Domingo Marcelini, ex jefe de Inteligencia en Santa Fe en 1976-80. Galtieri, Viola, D’Aubuisson, el panameño Manuel Noriega y hasta los peruanos Vladimir Montesinos y el candidato a presidente Ollanta Humala —a quien se acusa de violar derechos humanos cuando fue oficial peruano y hoy es un nacionalista con apoyo de izquierda—, fueron a la escuela.
“En noviembre 20.000 activistas por la no violencia nos paramos en las puertas de la escuela, y por eso hoy hay 37 (ya hubo 180 en toda nuestra lucha) presos y presas, hasta monjas octogenarias que no quieren más esa vergüenza en nuestro país”, dijeron los militantes estadounidenses.
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