"QUIERO SER PARTE DE LO QUE SUCEDE ACÁ"
Detrás de un pocillo de café, sentada a una mesa de la confitería del hotel donde se aloja, Marilú Marini empieza a recuperarse del desajuste provocado por la diferencia horaria entre Francia y la Argentina. Pero no dispone de mucho tiempo para el descanso. El libreto de Oh, les beaux jours (Los días felices), de Samuel Beckett, que presentará en el IV Festival Internacional de Buenos Aires, la acompaña adonde vaya. Y está, por lo mismo, sobre la mesa. En algún momento de la charla recurrirá inclusive al texto, hará correr las páginas ajadas entre los dedos y buscará la cita beckettiana que sostenga alguna afirmación. Entusiasta, serena, sin maquillaje, sin siliconas en los labios, con la belleza inteligente de una madurez que no hizo pactos con ningún diablo disfrazado de cirujano plástico, la actriz que reside en Francia desde fines de 1975 llegó otra vez a su país con los mismos rasgos, con su pelo ceniza, su piel traslúcida, sus ojos clarísimos, su boca grande y, sobre todo, la expresividad franca de sus gestos libres.
El entusiasmo de Marilú Marini no forma parte, tampoco, de ningún casete promocional previo a un estreno. Más bien se funda sobre la mirada que, con la distancia que le permite su residencia en París, tiene sobre su país. Una mirada que la llevó a convertirse en una suerte de “entrevistadora”, para difundir en Francia el teatro que se hace en la Argentina. “En junio estuve en Buenos Aires e hice varios reportajes que están emitiéndose ahora por France Culture, una radio oficial, equivalente a lo que acá es Radio Nacional.
¿A quién reporteaste y por qué?
Entrevisté a Ricardo Bartís, a Daniel Veronese, a Federico León, a María Onetto, a Oria Puppo, a Diego Lerman, a Pablo Trapero, a Carmen Baliero entre muchos más. Toda gente que está trabajando y creando con más talento y con más pasión que recursos materiales.
No sólo hablaste con gente de teatro.
Dediqué dos audiciones al teatro, una al cine, una a la plástica, otra a la danza y otra a la música, además de una con Manuel Mora y Araujo, Alberto Casares y Enrique Pinti para que ubicaran a los oyentes en esta crisis histórica que vienen atravesando los argentinos.
¿Hay interés en Francia por lo que pasa en la Argentina?
Yo quise que además de las informaciones sobre la economía o la política de la Argentina, que sólo muestran el desastre y el deshilachamiento de la identidad de la gente, se viera cómo a través del arte la sociedad intenta recuperarse. Acá la clase media perdió sus signos de identidad, pero hubo un reflejo social de supervivencia, de autoconservación. Se siguió haciendo teatro y se siguió yendo al teatro. Hubo una defensa de la pertenencia y hasta de la inclusión de otros sectores que antes no participaban de la movida cultural.
¿Por qué te interesa que este fenómeno se difunda en el mundo?
Me parece necesario destacar esa actitud vital para hacer reflexionar a los europeos. Allá están todavía todos los recursos, los subsidios, pero la creatividad se va aplanando. Además, con la recesión económica que avanza también sobre el Primer Mundo, todo ese estado de bienestar y de apoyo a la cultura ya se empieza a resquebrajar.
Más allá de tu aporte, ¿qué aceptación tiene allá el arte argentino?
Despierta mucho interés, por ejemplo, el cine argentino. Historias mínimas y Tan de repente, que se estrenaron hace varios meses, siguen hoy en cartel. A mí me llamaron para hacer en febrero unas lecturas de obras de Daniel Veronese, traducidas al francés. La dramaturgia argentina es muy valorada en París, se han traducido muchos autores jóvenes como Rafael Spregelburd, Marcelo Bertuccio, Pedro Sedlinsky o Alejandro Tantanián.
La charla se interrumpe cuando Marilú Marini advierte que quien se acerca a la mesa es su sobrina Carmen. “¡Amorosa mía!”, exclama, abraza espontánea a la chica, la presenta y hasta cuenta, orgullosa, que es una excelente bailarina de flamenco. Enseguida vuelve a la formalidad de la entrevista. “Sentate en aquella mesa y esperame”, le pide y cuenta que esa noche irán juntas a ver Relaciones tropicales, la obra que estrenó Alfredo Arias, su amigo y director en tantos recordables trabajos escénicos como La mujer sentada, de Copi, o Las criadas de Jean Genet. La actriz reconoce que cada vez valora más los vínculos y el afecto. Y la charla se dispara oblicuamente, o no tanto, hacia las consecuencias sociales que tuvo en Francia la reciente ola de calor. “Con Rodolfo (de Souza, el actor argentino y marido de Marilú) vivimos igual que cualquiera el problema de la temperatura. Pero no era el clima lo que nos azoraba sino lo que ese fenómeno puso en evidencia. Once mil ancianos muertos en la soledad de sus departamentos desnuda un drama subterráneo, que es el abandono de la gente mayor.
Curiosamente, el tema de la soledad de los mayores aparece en la obra de Beckett que vas a protagonizar.
Se trata de un texto de una actualidad impresionante. Winnie está luchando por vivir y está también yendo hacia su propia muerte. Pero lo más conmovedor es que a través de ella y valiéndose de muy pocas palabras, Beckett consigue hablar de lo humano con trascendencia. Creo que en esa sencillez hay una profundidad metafísica.
Además de “Oh, les beaux jours”, tenés una participación junto con Enrique Pinti. ¿En qué consiste?
Es una propuesta de la Asociación Francesa de Acción Artística y consistirá en la lectura que haremos con Enrique de textos de Alejandro Urdapilleta y del francés Jacques Rebotier. Son dos autores contemporáneos que tienen en común una poética irreverente y un lirismo irónico, surrealista, muy interesante.
¿Para el año próximo tenés proyectos ciertos que puedan adelantarse? ¿Alguno te traerá a Buenos Aires?
Tenemos algunas ideas con Alfredo Arias, como trabajar sobre la adaptación de una novela de los años 50 que en su momento fue prohibida en Francia: El castillo de Cène, de Bernard Noël. Es un desafío, nunca actué un texto tan directamente osado que habla con una crudeza muy poética de lo que significa el sexo como motor y como camino de iniciación al conocimiento. Además, tenemos en vista hacer un texto de Cocteau y… me encantaría venir acá a trabajar.
¿A hacer temporada?
Sí. Tal vez suene pedante, pero quiero ser parte de lo que sucede acá. Hay acá obras de calidad excepcional. Y los actores argentinos me parecen excelentes. Me gustaría venir y quedarme un tiempo, porque cada vez que vengo a Buenos Aires aprendo muchísimo.
¿Y no hay razones afectivas?
Bueno, la verdad es que yo estoy agradecida al país en que vivo. París sigue siendo una ciudad maravillosa pero acá, el contacto con la gente es de una calidez inigualable. Esto forma parte de mi identidad y lo necesito. Para mí es un bálsamo.
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