QUILMES GANA, SUBE Y SÓLO PIDE QUE NO LO DESPIERTEN
“Hay instantes, momentos, épocas en que la historia toca timbre en la casa menos pensada. Y ahora que ese llamado suena a su puerta, este puñado de esfuerzos supremos y corazones valientes se muestra preparado para la ocasión. Ayer, justamente a 25 años del festejo en el Metropolitano del 78, Quilmes salió a atender con el traje de siempre. Ese que no es de marca y que no luce a simple vista. Pero que le va cómodo y lo hace sentir el más feliz de la tierra.
Sí, además de 100% cervecero, este Quilmes es 100% práctico y mete casi todas las que arrima: con Gimnasia fue 1 a 0 porque no creó muchas más situaciones que esa que punteó Gerlo. Es 100% ganador y quedó demostrado en las últimas cinco fechas. Es 100% escolta. Y, humilde y todo, es 100% intruso desde que ayer, al hacer el máximo sacrificio para la mínima ganancia, metió su cabeza entre los titanes del Apertura. Boca, que puntea aunque pierda; San Lorenzo, que resurge y amenaza; Quilmes que…
Quilmes hace camino al andar o, mejor dicho, hace lo que puede. Que de ninguna manera es poco. Si no, basta con ver los 24 puntos de la tabla. Y alcanza con mirar esas tribunas que se pueblan con mucha gente y muchísimas ilusiones. Y sobra con ser realistas: los cinco festejos al hilo (racha que no lograba desde el 78) no son casualidad.
Gimnasia, este errático Gimnasia de Timoteo, casi le da de beber ayer la medicina que Quilmes le había hecho tomar a San Lorenzo tres días atrás. Gente atrás, pum para arriba a la pelota, Rueda solito y solo en ataque, alguna que otra demora… Eso fue en ese inicio en el que Braña pareció guiarlo a Quilmes pero que se quedó enseguida sin nafta. Así, en los primeros 45, el local casi ni le creó peligro a Olave. Y en medio de un partido malo, Gimnasia hasta inquietó por aire al fondo, más algunos chispazos de Rueda y de Choy. La más clara la tuvo Esteban González tras un rebote de Pontiroli, pero el 1 se rehizo y todo siguió en cero.
A Quilmes no le hizo falta jugar al límite de lo permitido como ante San Lorenzo, cuando además del triunfo se llevó críticas por actitudes antideportivas. Esta vez echó mano a virtudes como la paciencia y la sabiduría para saber que, si se puede, se puede; si no… Y en ese ítem, como en el de presencia y contagio, otra vez sobresalió el cacique chileno Rodrigo David Meléndez Araya.
Y en la etapa final, en apenas tres llegadas, metió una. Otra vez Gerlo: tiro libre de Camps, rebote en la barrera, y Paco que la empujó para que entrara. Para que el Chupa López se transformara en un león hambriento. Para que Quilmes no detuviera su andar y Gimnasia huyera preocupado.
Claro que nadie sueña con imitar a los Milozzi o los Andreuchi o los Gáspari, campeones del 78. En vez de segundos en la general, prefieren verse primeros en la tabla de los que pelean el descenso. Y le dan la razón al DT cuando filosofa con que si la cabeza se va para arriba, los pies se alejan de la tierra.
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