QUILMES LE GANÓ 2 A 0 A COLÓN
Colón no logra levantar cabeza; sufrió su tercera derrota consecutiva, y esta vez, a diferencia de la semana pasada, jugó muy mal.
Frente a Quilmes mostró una gran inseguridad en defensa y una incapacidad llamativa para poder crear juego de mitad de cancha hacia adelante, donde, otra vez, la responsabilidad cae en el pobre nivel de Giovanny Hernández.
Encima, casi no tuvo tiempo de acomodarse en el campo de juego el sabalero. En la primera llegada, Pablo Garnier aprovechó un descuido defensivo y puso en ventaja al cervecero, a los tres minutos de juego.
Pese a la tempranera ventaja, los dirigidos por Gustavo Alfaro, impulsados por la fragilidad de la última línea rojinegra, decidieron no replegarse y seguir buscando el arco de Cáceres.
Quilmes tuvo varias chances para aumentar el marcador, pero falló en todas. Incluso, en una misma jugada, el travesaño salvó dos veces al visitante.
En la zona de volantes, Meléndez absorvió al colombiano Hernández, mientras que Garnier y Leandro Benítez le ganaron el duelo en los carriles a Jair Benítez y Moreno y Fabianesi.
En los primeros momentos del complemento el sabalero pareció despertar, pero duró muy poco.
El local otra vez ajustó las marcas en el mediocampo y desde ahí supo imponerse en el trámite del partido.
Si bien Colón no reaccionaba, mantenía la ilusión de un destello de calidad de Hernández o alguna corrida de Fuertes o Carignano. Pero a los 12 minutos llegó lo inexplicable.
Jair Benítez, hasta ese momento el mejor jugador del equipo, trabó desde atrás una pelota con Gerlo, el árbitro interpretó que quiso pegarle un “tacazo” y lo expulsó.
A raíz de esto, Fuertes (quien estaba amonestado por protestar) se acercó a recriminarle la decisión a Ángel Sánchez y también fue expulsado.
En apenas un minuto, los de Bauza se quedaron con dos jugadores menos.
En la siguiente jugada, Ariel López, de cabeza, decretó el 2 a 0 y dio por terminado el encuentro, más allá de que restaban jugarse más de 20 minutos.
De allí en más todo estuvo demás; los nueve rojinegros que quedaron en la cancha se dedicaron a evitar la goleada, mientras que cada uno de los jugadores del local quisieron hacer “su” gol.
El pitazo final de Sánchez fue un alivio para Colón y para Bauza, que deberá pensar como revertir este momento, cuando la semana que viene enfrente a Arsenal, en el Brigadier López.
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