RACING CONFIRMA SU BUEN MOMENTO CON OTRA GOLEADA
Ahí va Racing, paso de goles. Cuatro hoy a Nueva Chicago, otros cuatro le había marcado en la anterior fecha a Rafalea y, como es lógico, sus hinchas, esos mismos hinchas que no hace mucho se comían las uñas, hoy viven el tiempo de la ilusión.
Racing encontró el camino casi sin darse cuenta, cuando todavía se estaba armando el segundo tiempo. Nacho González dio un mal rebote, justo hacia el medio, y como un rayo apareció Principiano para empujarla al gol. Y varios minutos después, Mariano González aumentó ante el estatismo de toda la defensa de Nueva Chicago. Dos a cero y Racing volvía a sonreír, por segunda fecha consecutiva.
Hasta el momento del primer gol, vale decirlo, el partido estaba bajo tierra. Jugaron un primer tiempo de lo más aburrido, con imprecisiones varias y las piernas que iban y venían, siempre al límite. Jugadas de peligro, durante ese período, casi ni se vieron. Racing, empujado por su gente, era un cúmulo de buenas intenciones. No más que eso. Mariano González, muy movedizo, trató de encontrar espacios entre sus marcdores, pero siempre hacía una de más. Para colmo, ninguno de sus compañeros lo acompañaban.
¿Nueva Chicago? Una sombra. No jugó ni dejó jugar. Fue un equipo largo, sin comunicación entre líneas, que apostó como único recurso de llegada el pelotazo frontal, kilométrico, que tampoco condujo a ningún lado.
Claro, una vez que Racing sacó la diferencia, todo se le simplificó. Porque con espacios, más el nerviosismo del rival, se divirtió de lo lindo. Y acumuló situaciones. Una detrás de la otra. López, la nueva promesa de Avellaneda, estrelló un remate violento en el palo. Y enseguida, el propio López marcó el tercero, poco tiempo después de la media hora. ¿Final ahí? No, porque Milito marcó el cuarto. A esa altura, claro, la tribuna de Racing era festejo sostenido.
En los últimos minutos, incluso, la diferencia pudo ser mayor. nadie se hubiese extrañado si el partido terminaba seis ó siete a cero. Pero los de Cappa se dedicaron a cuidar la pelota, a manejarla hacia los costados y a esperar ese final, que encontró a sus hinchas alegres, dispuestos a renovar su optimismo. Como buenos hombres del fútbol.
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