RACING GANÓ EL CLÁSICO
Racing-River, el clásico más antiguo del fútbol argentino, llegaba a Avellaneda muy hablado en la semana. Porque más allá del presente de uno y otro equipo, el enfrentamiento remitía inexorablemente a la intempestiva renuncia veraniega de Mostaza Merlo a la conducción del millonario, tras la quita de confianza de los jugadores, con Marcelo Gallardo a la cabeza. Era, además, el primer choque del DT del vozarrón disfónico contra Daniel Passarella. Alguna vez compañeros de campañas que nunca se van a olvidar en el club de Núñez, el fútbol ahora los ponía frente a frente; ambos con la necesidad de sumar puntos para no quedar relegados en la carrera del Apertura 2006.
Vértigo, dientes apretados, alguna pierna fuerte, aunque sin mala intención, duelos de laterales y en el medio: los primeros minutos fueron muy entretenidos y con muchas llegadas. Lo tuvo Sava y atajó Carrizo; lo tuvo Gallardo, dos veces, y sus disparos salieron desviados. En la vorágine del comienzo, Cuando parecía que River inclinaba la balanza a su favor, fue Racing el que se puso en ventaja bien rápido, cuando Bergessio (pareció adelantado) le ganó la espalda a Mareque y encaró solo contra el arquero Carrizo para definir al segundo palo.
Era más práctico el equipo de Merlo. Ajustados a un esquema algo menos conservador que el que venía mostrando en las dos primeras fechas, sus jugadores resolvían las situaciones con más simpleza y sin perder el orden. Los volantes visitantes, en cambio, se mostraban más propensos a enredarse en el planteo de los dueños de casa. Y si habían insinuado algo más en el comienzo había sido más por el peso de sus individualidades (Gallardo, Belluschi, Ortega) que por un buen trabajo colectivo.
Los de Passarella tuvieron que salir a buscar el empate. Pero lo hicieron con mucho desorden y arrestos individuales. Racing presionaba en el medio y se regodeaba con alguna contra. El partido era de ida y vuelta. Y recién cuando los de River entendieron que la fórmula era otra, llegó la igualdad. Méndez abrió por izquierda para Mareque, que desbordó y sacó un centro para el anticipo de cabeza de Ariel Ortega.
Los visitantes habían tenido la pelota y las situaciones más claras, pero en su afán ofensivo dejaban inquietantes espacios atrás y no hacían bien los relevos. Los locales habían sido algo más prácticos y tenido más actitud. El resultado estaba bien. Y parecía que el primer tiempo se cerraba así. Pero en el descuento River se distrajo varias veces y pagó.
Primero Gallardo tuvo que salir de la cancha por no tener canilleras –un error inconcebible a esta altura de la historia-. Luego Méndez se resbaló, perdió una pelota y Torres armó una contra que parecía que se diluía. En la jugada siguiente, Bergessio (el mejor del primer tiempo) entró por izquierda y armó una exquisita pared con Sixto Peralta para luego dejar sólo a Sava para empujarla al gol, cuando Tuzzio habilitaba a todos. Los visitantes hicieron más, pero también se habían equivocado más en la primera mitad, y como castigo se fueron al descanso en desventaja.
El arranque del segundo tiempo fue un calco del primero. River atacaba con mucha gente y más desorden. Encima, con lo que le costaba armar una oportunidad clara, Belluschi dejó sólo a Ortega a los 7 y el Burrito se perdió el mano a mano, y el empate, sólo frente a Campagnuolo. Racing esperaba ordenado y salía rápido con sus dos puntas, Bergessio y Sava. Y fue ganando en confianza y convicción conforme pasaban los minutos y el resultado le seguía siendo favorable.
La presión visitante no daba resultado porque carecía de ideas. Cada ataque terminaba en las manos del arquero o en un despeje de algún defensor contrario. Los locales, en cambio, eran más efectivos. En la primera llegada de la segunda mitad aumentaron y otra vez Sixto Peralta estuvo involucrado. El volante amontonó a dos defensores en la derecha y sacó un preciso pase al centro para la llegada al vacío de Bastía, quien eludió a Zapata y definió de emboquillada por encima de Carrizo. Delirio en el Cilindro de Avellaneda y dolor de cabeza en el banco millonario. A River no le salía una y a Racing le salían todas.
Mostaza dispuso dos líneas de cuatro para defender el resultado. Passarella mandó a sus jugadores a matar o morir. Algunos se dejaron ganar por la impotencia y quisieron torcer la historia con pierna fuerte. Si hasta faltando cinco minutos no hubo expulsados fue porque Baldassi fue demasiado permisivo.
Estaba escrito que no era el día de River. Ni Oyola, ni Zapata ni Gallardo pudieron concretar sus oportunidades para descontar. Su tarde negra se redondeó sobre el final, cuando Nasuti y Gallardo vieron la roja. Al cabo de los 90 minutos, Racing supo aprovechar los errores defensivos y la tibieza ofensiva de un rival que se fue de Avellaneda con todas las luces de alarma encendidas. Fue triunfo, al cabo, y con sabor a revancha para Mostaza Merlo.
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