RACING SUFRIÓ MAL DE AUSENCIAS
“Al final quedó clarísimo que para Racing fue imposible hacer disimular el mal de ausencias. Y que uno de los peores rivales que le podía tocar para semejante deserción era Banfield. Porque el equipo de Julio Falcioni es, ante todo, inteligente y le tomó menos de 15 minutos entender el partido…
Terminó siendo demasiado para Racing no contar con Chirola Romero (auxilio permanente), con Gastón Fernández (delantero con gol y una velocidad tremenda), y con Lisandro López (goleador habilidoso). Por eso Mariano González quedó demasiado solo del medio para arriba como para inquietar a alguien. Y si González estaba solo arriba, Torres penaba por lo mismo en el medio y por eso Racing sufrió.
Es que Banfield leyó el partido bien rápido. Porque arrancó con Bilos molestando y encarando por izquierda, cierto. Pero entendió que el negocio verdadero estaba en armar la jugada por la derecha, con Palacio y Adrián González para volver loco a Baroni, y terminarla con Bilos. Así, sobre todo Palacio, mandó uno y mil centros desde la raya para que Bilos, Bustos Montoya o algún otro que se sumaba bombardearan a Cuenca.
Claro que el problema de Banfield en ese primer tiempo terminó siendo el mismo que se le dio ante Chacarita y Quilmes: la falta de definición y las estupendas atajadas del arquero contrario de turno. Y para colmo, no bien arrancó el segundo tiempo, Mariano González fusiló a Noce mientras la defensa se dormía y dejó todo cuesta arriba.
Lo bueno es que cuando los nervios por la historia que se repetía ya se percibían, el empate calmó todo. Eso sí, llegó con sufrimiento. Porque antes de que Bilos lograra empatar, Cuenca le había tapado el gol en la misma jugada a Ortiz, Adrián González y Sanguinetti. Increíble.
No se quedó quieto Banfield y enseguida armó una jugada exquisita para sacar ventaja y empezar a manejar el partido a su antojo. Taco de Bustos Montoya en la puerta del área para Pablo Fernández y taco del Moncho para dejar en el mano a mano a Palacio que se acomodó y cacheteó la pelota con sutileza ante la salida de Cuenca que solo ya no podía parar a todo el mundo.
No reaccionó Racing. No tuvo chances. No tuvo ideas. No supo cómo. No había variantes para Fillol en el banco ni en la cancha. Y, además, Banfield no se engolosinó. No entró en el juego de su gente que acompañaba cada toque con oles. Nada que ver. Esperó paciente. Aguardó. Miró. Calculó. Y en el momento en el que Racing empezaba a controlar de a poco la pelota, le dio el golpe final. Ese que lo dejó sin reacción alguna de cara al final. Fue en el minuto 29 y en una contra bárbara que Núñez terminó con un centro perfecto de Bustos Montoya para que el Tati terminara todo con el 3 a 1.
No tiene recambio Racing. Eso quedó claro y ahora se quedó lejos de la lucha por el campeonato. Igual, su mayor atenuante seguirá siendo que cinco modificaciones pueden dejar tambaleando a cualquier equipo. Enfrente estuvo Banfield que está de fiesta. Y que al igual que ante River dio vuelta el partido con una ráfaga brillante y encima repleta de lujos. Ya está metido en las Copas y se agranda. Lo cierto es que aún le queda saber resolver los partidos cuando se enfrenta a rivales que son sus iguales. Pero de eso puede empezar a preocuparse en otro momento. Ahora vale festejar.
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