RACING TUVO SU GRAN DÍA
Cómo no darle rienda suelta a la ilusión. Se entiende y mucho esa reacción conmovedora de los hinchas de Racing, que gritaban y no paraban de gritar después de una goleada (4 a 0, en el Nuevo Gasómetro para colmo) que les infló el pecho y como en los tiempos del Mostaza Merlo, se empezaron a codear entre sí y a preguntar: “¿Y si se nos da”? Jugando así, claro que se les puede dar, por más que suene apresurado hacer algún tipo de pronósticos cuando el Clausura recién está gateando.
Partido con todas las letras
Ida y vuelta. Así se planteó el interesante primer tiempo que entregaron San Lorenzo y Racing en el Nuevo Gasómetro. Iba uno, respondía el otro. Mucha vocación ofensiva de ambos lados y, lógicamente, la gente que se entusiasmó con tanta emotividad.
San Lorenzo, de entrada, dio señales de cuáles eran sus aspiraciones. Es que empezó a soltar gente en ambos laterales y así encontró espacios para el desequilibrio. Luna, fundamentalmente, se las ingenió para quedar con chances en el área rival, pero la falta de puntería le impidió sacar la diferencia.
¿Racing? Arrancó sin tanta convicción, con el único recurso del pelotazo kilométrico para Mariano González, quien se movió por todo el frente de ataque y fue una complicación para los defensores rivales.
En ese ir y venir, daba toda la sensación de que los de Gorosito se iban a poner en ventaja. Error. Porque Chirola Romero, a los 26 minutos, apareció sorpresivamente y con un toque suave decretó el uno a cero.
A partir de ahí, San Lorenzo se fue desesperadamente al ataque. Se tiró diez metros más adelante y presionó en todas sus líneas. Racing, en lugar de refugiarse y someterse a lo que le podía pasar, optó por responder. Y ahí se dio un partido fenomenal, con mucho ritmo y situaciones de peligro en ambos arcos.
Mientras el Ciclón erraba, los de Avellaneda hicieron gala de su oportunismo. Centro al corazón del área y Casas, de cabeza, la mandó a guardar ante la desesperada mirada de los defensores. JUgada calcada y Casas volvió a gritar.
A esa altura todo estaba dicho. Faltaba mucho, es cierto, pero San Lorenzo estaba quebrado anímicamente. Siguió yendo y tuvo chances concretas. Pero desperdició una detrás de la otra, mientras que Racing, con espacios y mucha comodidad, apostó a la contra. No extrañó, entonces, que Mariano González (jugó un buen partido) marcara el cuarto y el delirio de los hinchas era interminable.
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