RACING VA POR TODA LA GLORIA
La versión marplatense del clásico de Avellaneda tendrá en este verano una particularidad: jugarán la sensación contra la decepción del Pentagonal. Es decir, el oro y el barro: el Racing confiable y para el entusiasmo de Ubaldo Fillol frente al Independiente de las dudas y las carencias de José Pastoriza. Esta noche, a partir de las 22.10 en el mundialista José Minella, se enfrentarán en un partido que puede determinar el título de Racing en el torneo de pretemporada.
Será además el primer Duelo de Patos: Fillol, en su primera experiencia como entrenador, y Pastoriza, en una de sus tantas batallas del clásico de Avellaneda, esa ciudad que al menos por este año podrá llamarse Patolandia.
¿EL ORO? Racing está invicto desde que asumió su nuevo técnico: venció a San Lorenzo y a Boca e igualó frente a River. Y mostró algunos indicios que asombran por el poco tiempo de trabajo con el grupo que lleva Fillol, ex entrenador de arqueros de los seleccionados nacionales. ¿Será casualidad o habrá un sustento detrás de este arranque de promesas? Para Racing esta noche se presenta como una impecable posibilidad de responder con alguna certeza feliz.
Para su primer clásico, Fillol confiará en la base que armó en el verano. Novedades: el paraguayo Angel Martínez (uno de los pedidos que realizó el técnico al llegar al club) sustituirá al suspendido Javier Pinola. Y volverá Mariano González, tras su participación en el Preolímpico.
¿EL BARRO? Independiente resultó —definitivamente— el desencanto del verano. Jugó tres partidos por el Pentagonal, los perdió, no gustó y sembró dudas. No sólo eso: buscó su primer triunfo en otros cuatro amistosos —con el disfraz de prácticas— y no consiguió nada. Titulares y suplentes empataron y perdieron contra un combinado de libres; otros titulares y otros suplentes empataron en partidos distintos contra Almagro. Dos conclusiones: la primera es que a Independiente le falta bastante para tener pretensiones grandes en el Clausura y en la Libertadores (esa copa que lo hizo Rey y también Orgullo Nacional); la segunda es que a pesar de los refuerzos, Pastoriza no encontró el equipo. Intentó con tres defensores, con cuatro, con dos enganches, con dos puntas, con casi todas las variantes nominales y posicionales y… nada.
Claro, ahora, tiene una chance inmejorable de cambiar el escenario, la misma que su paternidad le reclama: ganarle a Racing. Un modo perfecto de deshacer los días de decepción y de hacer brotar, ni más ni menos, que una ilusión de verano. ¿Podrá?
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