RACING Y RIVER EMPATARON 1-1 EN SALTA EN EL PARTIDO MÁS FLOJO DEL VERANO
Racing dejó una impresión más agradable (sin ser brillante); lo de River se pareció a una pregunta sin respuesta (sin ser una cuestión traumática). El uno a uno que se repartieron en Salta no dejó conclusiones similares. Pase y vea…
EL RACING CONFIABLE. Racing fue bastante parecido al del verano, a esta nueva versión sencilla y eficaz de Ubaldo Fillol. Cuatro defensores, equilibrio en el medio y dos ligeritos (Lisandro López y La Gata Fernández) para desequilibrar. Así, con esas armas y con el argumento de permanecer ordenado, se mostró superior a River en el primer tiempo. Y mereció irse al descanso con más que ese 1-1.
Pero al margen de la relevancia que le da Racing a este Pentagonal, hay indicios favorables de frente al Clausura que se avecina: el equipo tiene una idea y la sostiene a pesar de los rivales y al margen de las circunstancias. Es cierto, no seduce por su juego, pero resulta confiable. Da la impresión de saber lo que quiere. Y eso, para un plantel en formación, no es poco.
Y ese gol que significó la ventaja parcial tiene todo el carácter de una esperanza para el futuro inmediato: desborde en velocidad de Lisandro López, centro, pecho y zurdazo de Gastón Fernández. Un golazo. Un producto genuino de una sociedad que representa entusiasmo.
También por eso, hubo un detalle que llamó la atención: el ingreso del defensor Angel Martínez por Gastón Fernández, la figura del primer tiempo. Es cierto, Racing estaba con diez, pero se pareció bastante a un error, pero previsible en estos tiempos de máxima cautela…
EL RIVER INDESCIFRABLE. Las últimas escenas de River en este verano habían sido felices. Con La Bandita le ganó al Boca campeón de todo y gozó una noche feliz. Ayer, con otro equipo, con más experimentados, hasta con el goleador Fernando Cavenaghi, no tuvo la frescura de aquellos pibes. Al margen del resultado, claro.
Lo del primer tiempo fue desencantador para el conjunto de Astrada. No tuvo brillo, fue desordenado en defensa, inconstante en el medio y previsible cuando pasó al ataque.
Ya en el segundo tiempo, empujado por la obligación de estar once contra diez (por la expulsión de Javier Pinola, el defensor que debutó en Racing), intentó y hasta sumó más gente al ataque. Pero no brotó la claridad. En consecuencia, no resultó casual el modo en el que River arribó al gol: por un error ajeno. Pelotazo largo, casi sin rumbo, equivocación grosera de Eduardo Domínguez al intentar rechazar de cabeza, aparición oportuna de Cavenaghi y definición implacable ante la salida de Mario Cuenca.
Después, en el complemento, no pudo darle sostén a su ambición y terminó cerca de Cuenca, pero lejos del gol.
ROCES, FRICCIONES, ETC. Pero al margen de las particularidades de cada uno, hubo un rasgo que los hizo parecidos: las brusquedades, el juego escaso y cortado por infracciones. Y en este rubro los dos aportaron por igual. Racing lo pagó con la expulsión de Pinola (una exageración, a primera vista), pero los dos tuvieron la misma responsabilidad.
Lo curioso —ya no sólo de este partido sino de los torneos de verano— es que casi nadie le otorga una importancia grande a estos encuentros, pero todos meten como si en juego estuviera la Copa Intercontinental.
Volvió a suceder anoche en Salta. Esta vez entre el Racing de los entusiasmos y el River difícil de interpretar. Otra noche de fútbol de verano, de conclusiones de alcance recortado.
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