RADIOGRAFÍA DE UN MUNDO EN RIESGO
Un mundo libre de armas nucleares” fue el ruego de 55.000 personas que, en la emblemática Hiroshima reclamaban, a las Naciones Unidas, medidas efectivas para que esto fuera una realidad en 2020.
Pero ni la memoria ni el escarmiento han sido suficientes. El fin de la Guerra Fría no ha traído un mundo más seguro y lo que es peor, cualquier instantánea de la realidad muestra un progresivo rearme, incluso nuclear, sobre todo en Asia, el continente de las grandes metamorfosis.
Actualmente son nueve los países que tienen arsenales nucleares pero sólo cinco, las grandes potencias del Consejo de Seguridad de la ONU —Estados Unidos, Rusia, Francia, China y Gran Bretaña— tenían “legalizado” ese status. ¿Qué pasa con el resto: India, Pakistán, Israel y Corea del Norte?
A mediados de julio una reunión en Washington marcó un importante cambio en Asia y, a largo plazo, significará un fuerte impacto en la escena mundial.
Se trata de un acuerdo de colaboración nuclear entre Nueva Delhi y Washington que según consignó el diario indio Hindustan Times, el pasado 18 de julio, implicó el reconocimiento por Estados Unidos de que India es un estado nuclear, es decir, la Casa Blanca avala la existencia de armas atómicas indias e incluye al país informalmente como un miembro del selecto club.
Defensores y detractores no tardaron en reaccionar. ¿Esto significa un golpe mortal al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) que sólo reconoce a cinco potencias atómicas e incita al resto de los países firmantes a no obtener armas atómicas?
“Esto es muy peligroso. India nunca firmó el TNP y construyó la bomba. Esto puede ser leído, entonces, como que EE.UU. favorece a quienes tienen el arma y trata con dureza a los que no la tienen”, dijo a la prensa norteamericana Arjun Majijani director del Instituto de Energía y Ambiente de Maryland.
“¿Qué se le va a decir a Japón, Sudafrica, Argentina, Brasil y Suecia entre otros que renunciaron a su desarrollo de armas atómicas en función de un pacto que ahora se rompe?”, se preguntó a su vez el periodista Praful Bidwai del Hindustan Times.
Joseph Cirincione de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional pone el punto sobre el riesgo mayor: “Debilita el objetivo de la no proliferación y volverá más difícil la cooperación mundial para frenar la carrera de armas atómicas. Ahora será mucho más fácil para Rusia vender equipos a nucleares a Irán y a otros”.
Y en el plano geoestratégico, el acuerdo marca un giro de Bush que tenía en Pakistán su mejor aliado regional. “El acuerdo con India puede verse como un corrimiento en la política norteamericana de equilibrio de poderes en Asia meridional”, dijo a Clarín el especialista Sergio Cesarín.
“Pakistán, un socio importante cuando la Unión Soviética estaba en Afganistán y más aún después del 11-S para la resolución del problema talibán, tal vez ya no sea un socio tan confiable en lo que hace al control del terrorismo internacional. Los hechos de Londres así lo indican. Darle poder a India —dice Cesarín— es la mejor política de contención contra China, el futuro rival estratégico de EE.UU.”
En mayo de 1998, India realizó ensayos atómicos subterráneos y los mismo hizo días después su vecina y rival Pakistán (a quien China provee de tecnología nuclear). Las potencias los sancionaron duramente. Aunque el 12 de setiembre de 2001 fueron perdonados a cambio de colaborar en la lucha contra Al Qaeda.
Israel, por su parte, nunca confirma ni rechaza su tenencia de armas nucleares. No obstante, la semana pasada, documentos secretos de los Archivos Nacionales de Kew obtenidos por la BBC revelan que Gran Bretaña vendió en secreto a Israel 20 toneladas de “agua pesada” en 1958 para la producción de plutonio en el reactor nuclear de Simona, en el desierto de Neguev.
Corea del Norte, en cambio, admitió en febrero pasado tener un módico arsenal nuclear.
En el resto del mundo hay una veintena de países que estarían en condiciones tecnológicas de construir armas nucleares, entre ellos Argentina. Pero lo más aterrador no son las naciones sino los grupos u organizaciones criminales y terroristas que pueden conseguir, en el mercado negro, sobre todo después de que, con la caída de la URSS y ante el conocimiento del mundo entero, hubo un masivo robo, tráfico y contrabando de material nuclear.
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