RAFAEL DI ZEO: "SI CASTRILLI QUIERE PARAR LA VIOLENCIA, QUE HABLE CONMIGO"
El búnker donde nos cita Rafael Di Zeo tiene una reja en la puerta y mirilla telescópica. La chapa con el número que supuestamente indica el lugar de encuentro, no está. Tocamos el timbre dos veces hasta que alguien nos atiende, y ante la pregunta de si está Di Zeo, nos dice que “no, pero vos quién sos”. Ante la respuesta del cronista, suena el “esperá”. Dos minutos más tarde, como en aquel popular cuento del ábrete Sésamo, se franquea la puerta. En otro cuarto, sentado ante una computadora y con una imagen de hombre absolutamente despreocupado, está Rafael Di Zeo, el Rafa, el líder de La Doce. Lejos de la imagen de fiereza con que lo pintan y que ha mostrado en varios hechos de violencia en el fútbol, Rafa está en actitud entradora. Ofrece gaseosa, llama al periodista por su apócope y dice que va a contar su verdad, en la primera nota que da desde el escándalo con Chacarita del 31 de agosto pasado, la primera vez que tiene un mano a mano tras pasar 20 días preso en la causa que investiga el juez Mariano Bergés, quien lo procesó por considerarlo jefe de una asociación ilícita organizada para cometer delitos en el ámbito futbolístico.
Rafa escucha la enumeración que hace el cronista de esos delitos: amedrentamientos, coacciones, reventa de entradas, portación de armas de fuego, resistencia a la autoridad, generación de actos violentos y más. Y estalla: “Todo eso lo armó con un par de pibes que declararon y que lo único que buscan es fama y vengarse porque los echamos de La Doce por chorros y faloperos. Por qué no ve el prontuario de esos muchachos y les hace una pericia psicológica. Esto no es así. Yo hablé con el juez y se lo dije: ”Bergés, a usted acá le vendieron humo”. Y compró porque le convenía para armar la causa”.
—Pero muchas de las cosas que dijeron Paleta y otros, las sabe cualquiera que va a la cancha. Los aprietes, la reventa, los molinetes liberados, los micros…
—Qué delito hay en eso, si existiera. Si los dirigentes dan entradas, liberan los molinetes o ponen micros, en todo caso el problema es de ellos.
—No si lo hacen porque están bajo extorsión.
—Eso es mentira. Yo no vendo entradas. Ojo, hablo sólo por mí y por mi hermano. Y por nadie más. La mía, la pago. Y los micros, hasta el finado Quique los ponía. Los que me acusan de todo eso, que lo prueben. Y no pueden, porque contra mí no tienen nada, sólo palabras.
—También tienen hechos. Aparecés en primer plano en el video del día de los incidentes.
—Sí, en el del 99 (NdeR: se refiere a la emboscada de La Doce a los de Chaca el 3 de marzo, en una amistoso en la Bombonera).
—En ése estás, sí. Y en el 2003, también.
—Está bien, aparezco. ¿Pero cómo? En la reja sacando a la gente. Me acusan de hablar con el comisario. Es verdad, hablé con él para que las cosas no pasaran a mayores. Le dije: “En lo que pueda, yo te saco a la gente”. Me respondió: “Vos hacé eso y yo trato de parar a la mía, no sea cosa que terminemos chocando entre nosotros y se arme algo más grande”. Y lo paré, hermano.
—Si tenés poder para pararlo, también lo tendrás para iniciarlo. Es regla de tres simple.
—Yo no di ninguna orden, si pasé último. ¡A ver si lo entendés! Y no es que tengo el poder, la gente me ve como representativo para hacer cosas. Hoy para parar un quilombo y mañana para otra cosa. Y eso me lo gané por ir siempre a la cancha. Pero el juez me imputa ser el jefe de La Doce como si ésta fuera un ejército. Y eso es un invento. Bergés se equivocó conmigo. ¿Qué delito cometí ese día? Ninguno. Intervine para parar la mano. ¿Sabés por qué se arma todo? La Bombonera, para el hincha de Boca, es su casa. Y si alguien entra y te la rompe, qué hacés. Reaccionás. O la gente no gritaba “y pegue Boca, pegue”. Lo hacía todo el estadio. Y había jueces ese día en la cancha, eh (NdeR: se refiere a Bergés, hincha de Boca y presente en el partido). Habría que fijarse si no hay un video para ver si están cantando. Pero claro, la culpa después la tenemos los que defendemos la casa.
—Para eso está la Policía.
—¿Y qué hizo? Ahí está la primera falla. Falla o adrede. El responsable de todo esto, de no parar el lío a tiempo, fue Castrilli. El tiene que estar procesado, no yo. Es el que planeó todo. Esto fue una operación, hermano. Como la que nos hicieron en el 99. El que nombró a Castrilli en Seguridad Deportiva, se equivocó. Sólo fue ferroviario y referí, y encima cada vez que dirigió a Boca hubo problemas, como cuando echó a Diego en Vélez. Pero nunca estuvo en una tribuna. Qué sabe de Seguridad Deportiva. ¿Sabés qué pasa? Esto es un negocio, papá. ¿Sabés la plata que da la seguridad en el deporte? Fortunas.
—Y vos sos una pata clave del negocio. Si no hicieran lío, no habría operativos gigantes.
—Sí, claro, siempre somos los malos. ¿Cuál es el negocio nuevo? Policía privada. ¿Quién lo inventó, Castrilli o yo?
—Sin ustedes, no se necesita, privada, estatal, nada.
—¿Por qué no hablan con nosotros, entonces, en vez de poner a Castrilli?
—¿Te parece serio que Beliz te nombre secretario de Seguridad a vos?
—No digo eso, pero si quieren parar la mano, por qué no hablan conmigo y los otros muchachos. Castrilli nunca lo hizo.
—Tu solución es que Castrilli llame a una mesa del consenso a vos y los responsables de las otras hinchadas.
—Sí, pero todos juntos no.
—¿Por qué?
—Porque entre nosotros hay códigos, viste. En una de ésas estás en una mesa, decís algo que a mí no me gusta y se arma una bronca, porque el roce siempre está. Si no iríamos todos juntos a la cancha. Hablemos por separado y lleguemos a un acuerdo. Y listo. Si lo quieren hacer, esto se arregla en dos minutos.
—Pero vos lo estás extorsionando.
—No es así. La seguridad la tiene que dar la Policía. Ahora yo digo: los hooligans, en Inglaterra, ¿hacen quilombo o no? Se matan, pero afuera. Hicieron un pacto con el gobierno para que no haya problemas en las canchas. ¿O te pensás que fueron las leyes más duras las que terminaron con todo? Esa la venden cambiada. Fue charlando entre las partes. Ves, conversando la gente se entiende. Por eso Castrilli, si quiere parar la violencia, que venga y hable conmigo y con los otros muchachos. Pero no lo hacen. ¿Sabés por qué? Porque así les echan la culpa a los negros de mierda y la plata grande de la seguridad se la llevan ellos.
—¿Nunca hubo un acuerdo con la Policía para que ustedes armen quilombo y así subir los costos de los operativos?
—No nos necesitan para eso. ¿Sabés cómo la arman ellos? Fácil. Cuando la gente está haciendo la cola, la cagan a palazos, le tiran los caballos encima, se arma una grosa y ya está. Y eso no lo maneja el comisario, sino de mucho más arriba.
—Justamente lo que llama la atención es que estuviste 90 días prófugo, lo que implica mucha cobertura. Y cuando te agarraron, en tu agenda figuraban los números personales de los capos de la Federal.
—Sí, y también tengo los de muchos políticos. ¿Y qué? ¿Rafa Di Zeo no puede tener amigos? Además, en su momento los que hoy son jefes antes eran comisarios. Y cuando querían hablar con alguien para que no pasara nada en la cancha, hablaban conmigo. “Mirá Rafa, podemos hacer esto, podemos hacer aquello”. Así, todo piola. Acordábamos para que las cosas salieran bien.
—Vos decís que hablando se entiende la gente. ¿Sabés quién habló con vos? Perrotta, en agosto del 98. Seis meses más tarde emboscaron a los de Chacarita.
—Perrotta no tenía injerencia en nada, sólo estaba preocupado por si las banderas medían un metro o si corría marihuana en la popu, como si ésta no corriera en la calle, las escuelas o Tribunales. Y lo de Chaca, estuvo armado. Ellos fueron mandados por la dirigencia de Boca a ocupar nuestro lugar. Nosotros nos equivocamos al reaccionar. No sabíamos que nos estaban operando.
—No entiendo.
—¿A vos no te llama la atención que la dirigencia les haya dado aquel día a los de Chaca nuestra tribuna? Esa fue la carnada, sabían que íbamos a reaccionar. Tenemos el enemigo en casa.
—¿No será que los enemigos son ustedes, y querían sacárselos de encima?
—Eso preguntáselo al dirigente que los mandó ahí. Fijate todos los problemas que tuvimos desde ese día. Y ahora viene Bergés y se acuerda de que en el 99 algo hubo. ¿Se acuerda, o alguien se lo habrá dicho porque veía que nosotros en ésta no teníamos nada que ver y usó aquélla para jodernos? Le están pasando letra desde arriba, y se la están pasando mal. Me quieren condenar por lo que supuestamente represento, y a mí me tienen que perseguir si hay delito. Y no cometí ninguno. Pero claro, me encuentran una foto con Menem y arman una historieta, que estábamos con él y en contra de Kirchner. Y esa foto no es de ahora, como dijeron, sino de hace dos años y tampoco es en Anillaco, sino en el hotel Presidente. Además, también tengo con Alfonsín. ¿Y? ¿Eso es delito? Las armas que encontraron en mi casa son todas plantadas, igual que los documentos apócrifos. Ahora, de la guita y el oro que se robaron de mi departamento no dicen nada. Para ocultar eso quisieron vender que era Tarzán. Dejate de joder.
—Reclamás 300.000 pesos y una gran cantidad de joyas. ¿De dónde la sacaste, si no es del fútbol?
—Yo justifiqué peso por peso de dónde hice esa guita. Y eso es lo que les da por las bolas a todos: que es mía y bienhabida. Está la guita de la venta de tres inmuebles y la herencia de mi viejo. ¿O vos te creés que mi vieja cobra 300 pesos de pensión? ¿Sabés quién fue mi viejo? El que introdujo los cinturones de seguridad para autos en la Argentina. Fortuna hizo con eso. ¿O te creés que para ser de La Doce hay que ser de una villa? El problema que tienen conmigo es que se creen que soy un negro de mierda, que ando todo el día diciendo “eh, papá, te doy un tiro”. Y se equivocaron: no soy ningún negrito de mierda. Lo que no quiere decir que si alguien me busca, no voy a reaccionar. Pero ésa es otra historia. Mi viejo laburaba 18 horas por día para dejarnos algo a nosotros. Que no hayamos salido como él y nos dediquemos a disfrutar de lo que dejó, es cosa nuestra. No se la robamos a nadie.
—¿Era de Boca, también?
—Fanático. El nos metió el vicio en la sangre. Cuando vino de Italia, el primer partido que fue a ver fue Boca—Independiente y se hizo Bostero por la hinchada. Mirá vos cómo es la historia, cuando éramos chicos, él nos quería llevar a la cancha y con mi hermano Fernando le decíamos que no, que preferíamos quedarnos a jugar en el patio de casa. Pero nos convenció. Sacó abono en la platea e íbamos juntos, hasta que de grandes con Nando nos mudamos a la tribuna.
—¿Nunca les dijo: “A esa cancha no vamos porque puede haber lío?”
—Un montón de veces. El dejó de ir a la cancha el día de la bengala que mató a Basile (NdeR: Boca—Racing del 3/8/ 83 en la Bombonera). Fue su último partido. Llegó a casa y dijo: “Por la violencia que hay, no voy más”.
—Lo que debe estar pensando de ustedes desde el cielo.
—Si estuviera vivo, nos armaría un quilombo padre. Pero yo estoy tranquilo: la gente que me conoce sabe que me acusan de todo y no hay nada.
—¿Querés que te enumere antecedentes? ¿O te olvidás de que porque les cortaron el chorro de las entradas, tiraron la bomba contra Newell”s en Rosario en el Clausura 00, que le hizo perder el título a Boca?
—¿Y qué tuve que ver en ésa si tenía prohibición de ir a la cancha?
Está registrado que ese día, estaba en prevención del delito de la Policía Federal. Y mi hermano, preso en Devoto.
—¿No mandaste a tirarla?
—No. El problema es que tengo peor prensa que Hussein. Cualquiera en Boca hace quilombo y dice: “Me mandó Rafa”. Y no es así. Si le hubiera hecho perder un torneo, la gente de Boca estaría de culo conmigo. Y nada que ver.
—Antes del superclásico de verano del 2001 en Mar del Plata, hubo una pelea interna de la barra en la puerta de la cancha. Mataron a Miguel Cedrón, tu hermano salió con un balazo en un ojo y todos dicen que la empezaste vos y fue para reafirmar tu poder, porque te empezaban a hacer sombra.
—Cedrón era mi amigo, de mi bando, quién más que yo está dolorido por eso. Y la guerra no fue por poder, sino porque un grupito le choreó una cadena de oro a una piba de Boca. Y salimos a defenderla. De ese grupito salieron los que ahora hablan giladas en el juzgado, porque no permitimos el choreo a los de Boca y les cortamos el negocio.
—Si sos tan buena gente, ¿por qué pediste no ir a Devoto? ¿No es cierto que te la tienen jurada los compadres del Abuelo, porque los vendiste?
—Qué me van a tener jurada. Son todos amigos míos: Manzana, Marcelo de Lomas, los voy a visitar seguido. El que pidió que no fuera a Devoto fue mi abogado. Y estuve ahí en el 99 y no pasó nada. A mí en la cárcel los chorros me tratan como a un señor, porque saben que no soy tribunero.
—Estuviste preso en Devoto, después en Marcos Paz, todos dicen que sos el cráneo de La Doce, tus amigos están en cana. Es difícil creerte.
—Esa es la línea argumental que usa el juez y estás usando vos: me quieren condenar por mi fama. Y la fama no es delito. Alrededor de mí hay mucho mito.
—Uno de ésos dice que cuando el año pasado se cruzaron con Los Patovicas de la barra de River, en el arco del Desaguadero, cuando las dos barras iban a Mendoza para el superclásico de verano, ellos les ofrecieron un combate a puño limpio, vos arrugaste y paraste a tu gente diciéndoles: “Estos no entienden nada, estas cosas se arreglan a los tiros”.
—Esa es la versión que tiran ellos en la interna de River. Alan y Adrián (NdeR: líder de Los Patovicas) saben que les tienen que prender una vela a los Di Zeo, que si no fuera por nosotros, valían dos pesos. Estaban blancos, hermano. Y yo ahí les demostré que tenía códigos. ¿Querés que te cuente lo que pasó? Ellos pasaron antes de que llegáramos nosotros y se ve que se quedaron esperando a otra banda de River. Volvieron caminando y justo estábamos nosotros. Y vos viste cómo es la gente de Boca, empezó la discusión y ahí ellos me pidieron de onda que no tenía nada que ver que los lastimáramos. “Acá nadie te va a lastimar, papá”, les dije. Y se fueron sanos y salvos. Mirá cómo será que mientras yo estuve prófugo me mandaron a decir por gente amiga si necesitaba algo, un aguantadero. Yo se los agradecí, porque valoraron lo que en su momento hice por ellos.
—¿Y con los de Chacarita no hay posibilidad de arreglo?
—No. Estos son los que en el 84 traicionaron la palabra (NdeR: habla del partido Chaca—Boca, en San Martín el 28/11). Hasta ahí, el Abuelo era amigo del Oreja, del Mono Oscar, pibes grandes que ya no están. Los que reinan ahora, por cuestiones internas de ellos, nos emboscaron. Y eso no se olvida más. Aun cuando terminaron pidiéndole por favor al Abuelo que volviera la amistad, la pudrieron para siempre.
—Oyéndote hablar, lo que parece que es para siempre es la violencia. Por lo pronto, mientras estén todos ustedes.
—Ya te digo, todo esto de la violencia se puede arreglar. Pero tienen que acabar con la hipocresía.
—Pusiste ahora al Vaca, Ariel y Mauro, tres que forman tu segunda línea, a manejar todo y cuidarte el lugar.
—Mentira. Ellos pueden haber hablado con la Policía por algún tema en Mar del Plata. Son amigos y no van a dejar de ir a la cancha porque yo no vaya. Pero a mí nadie me cuida el lugar.
—¿Dónde viste el superclásico?
—Me tuve que presentar en la comisaría, siguiendo las indicaciones del juez. Pero pronto voy a volver a la cancha.
—¿Cómo te imaginás ese regreso?
—Lindo, lindo. A mí todo esto me dio más fama. Me va a saludar todo el mundo. Y la gente de Boca me va a recibir con los brazos abiertos, porque creen en mí, porque saben que no me gusta que los jodan.
—Desde que Bergés agarró la causa, la violencia bajó. Si ganás vos, ¿vuelve?
—No porque vuelva yo, en ésta no tengo nada que ver. Pero insisto, si hablan con la gente adecuada, esto se termina en dos minutos.
—Vamos a ver. Si viene alguien y te pregunta: Rafa, tengo un pibe de siete años, ¿a qué cancha no lo llevo porque habrá quilombo?
—Si la gente de Seguridad habla con los referentes de la barra, decile que puede ir adonde quiera.
—¿Y si no?
—A Boca podés venir tranquilo, yo sólo respondo por mí.
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