RAFAELA: NIEGAN INSCRIPCIÓN A INSTITUTO DE UNA ALUMNA PORQUE “TRABAJABA”
María Eugenia Cisneros tiene 19 años y este año quería comenzar a estudiar la carrera de Pymes, con orientación en Comercio Exterior, que se dicta en el Instituto Superior del Profesorado “Joaquín V. González”, pero se encontró con la sorpresa de no poder alcanzar su meta, ya que desde esta casa de estudios le manifestaron que no podía cursar, porque trabaja e iba a llegar tarde a las primeras horas de cátedra.
María Eugenia Cisneros tiene 19 años y este año quería comenzar a estudiar la carrera de Pymes, con orientación en Comercio Exterior, que se dicta en el Instituto Superior del Profesorado “Joaquín V. González”, pero se encontró con la sorpresa de no poder alcanzar su meta, ya que desde esta casa de estudios le manifestaron que no podía cursar, porque trabaja e iba a llegar tarde a las primeras horas de cátedra.
María Eugenia se acercó a la redacción de CASTELLANOS para manifestar su malestar e indignación, ya que no puede cursar sus estudios terciarios por una regla interna del Instituto del Profesorado, que viola preceptos constitucionales (ver recuadro), como el que dice que todo ciudadano tiene derecho a la educación.
En diálogo con una cronista de este diario, Cisneros señaló que trabaja en una oficina donde debe cumplir horario de comercio (de 16 a 20), por lo que iba a llegar una hora y media más tarde a las clases, ya que existía la posibilidad de que pueda salir de su trabajo a las 19:30.
El horario de dictado de horas cátedra en el Instituto del Profesorado comienza a las 18, pero Cisneros comentó que desde su trabajo iban a extenderle un certificado para que puedan justificarle las tardanzas.
“Fui en el mes de diciembre a inscribirme y no aclaré que trabajaba, sí dije que iba a llegar tarde y en el Instituto me dijeron que no había problemas. También les dije que iba a llevar un certificado y me comentaron que no había ningún tipo de inconveniente”, comentó María Eugenia.
INGRESO DENEGADO
En el mes de diciembre María Eugenia Cisneros llevó al Instituto del Profesorado todos los papeles y documentación que exigen presentar para obtener la inscripción, pero cuando el miércoles se dirigió a esta casa de estudios a requerir información sobre los cursos de ingreso, que comienzan el lunes, le dijeron que no podía ingresar “porque no van a aceptar a una persona que iba a llegar siempre tarde a las clases”.
“También me dijeron que se trabajaba o se estudiaba, que no podían hacerse las dos cosas”, agregó Cisneros.
En tanto, María Eugenia sostuvo que desde el Profesorado “me dieron a entender que no iba a estudiar con la misma responsabilidad que los chicos que no trabajan por el hecho de que iba a llegar todos los días tarde a las clases”.
“No entiendo eso de la responsabilidad, porque me parece que puedo tener igual o más responsabilidad que un chico que no trabaja. A mí va a costarme mucho más que a un chico que no trabaja, voy a tener que hacer más sacrificio y, por lo tanto más responsabilidad a la hora de estudiar”, admitió la joven en diálogo con CASTELLANOS.
EL LLAMADO PREVIO
El miércoles, antes de dirigirse personalmente al Instituto del Profesorado, María Eugenia llamó por teléfono para asesorarse por los cursos de ingreso. En esa oportunidad la atendió una chica que está en la Secretaría, “quien habló con una mujer, que supongo es la Directora del establecimiento, la que le dijo que me diga que no podía estudiar. Después fui a buscar toda la documentación que dejé en diciembre y me atendió una secretaria que me dio los papeles y volvió a decirme que no podía estudiar”.
Frente a esta situación, Cisneros le preguntó a la persona que le devolvió la documentación si había alguna otra solución y si podía manejarse el tema de alguna otra manera, “pero me dijeron que no podía estudiar mientras esté trabajando”.
“También me dijeron que si trabajara en horario corrido podían aceptarme, pero eso no puedo hacerlo. Trabajo en una oficina y no puedo pedir hacer horario corrido, es un poco ilógico”, expuso María Eugenia.
A su vez, agregó que “frente a este panorama me dijeron que no había otra solución, porque ellos se manejan así. No entiendo tampoco a qué se refieren cuando dicen que ellos se manejan así”.
Por otro lado, la joven aseguró que ella entiende que iba a llegar tarde a las primeras horas, “pero no es el caso porque iba a preocuparme para tener las cosas que se dictaron en esas materias en las que no podía estar”.
ANTECEDENTES SOBRAN
María Eugenia también comentó que conoce casos de alumnas que estudiaban en el Instituto del Profesorado y tuvieron que abandonar sus carreras, ya que “les ponían trabas porque trabajaban”.
“Tengo algunas amigas que estudiaban en el Instituto y tuvieron que dejar precisamente porque trabajaban y se lo hacían muy difícil. Algunas profesoras les pedían que den ejemplos que habían dado en las clases que ellas no habían estado. Es decir, le ponían algunas trabas”, expresó.
Asimismo, añadió que otra amiga de ella tuvo que dejar de estudiar, porque en esta casa de estudios no le justificaban las tardanzas a pesar de que la alumna llevaba el certificado de su trabajo. “Al no poder regularizar las materias por el tema de las tardanzas tuvo que dejar el estudio”.
BRONCA E INDIGNACIÓN
María Eugenia Cisneros señaló que la actitud asumida por parte de las autoridades del Instituto Superior del Profesorado le provocó “mucha bronca e indignación”, ya que la carrera que ella quería comenzar iba a servirle para progresar como persona y en su ámbito laboral.
“En el momento me dio mucha bronca e indignación. Me parece un acto totalmente ilógico. Creo que no le voy a quitar responsabilidad a mi estudio por trabajar, al contrario”, sostuvo la joven.
María Eugenia siente que frente a este problema no puede “pelear contra nadie”, mientras que la sensación de que están coartando un derecho constitucional, que debe respetarse la invade y le provoca aún más indignación.
“Quería empezar a estudiar mientras trabajaba para progresar un poco más y para tener un título. Y esa carrera me servía para progresar en el área laboral, ahora estoy trabada porque no puedo estudiar. Entonces me molesta y me indigna muchísimo que no pueda hacer nada, ya que no puedo pelear contra nadie. Ellos dicen que esas son sus leyes y reglas y, la verdad, me parecen ridículas” aseguró María Eugenia Cisneros.
Por otro lado, María Eugenia cuestionó la idea de alumno que tienen los directivos del Instituto del Profesorado. “No entiendo cómo piensan que debe ser un alumno. No sé si piensan que un alumno es el que está todo el día en su casa y puede ir a las 18 en punto al Instituto. Eso me parece una estupidez”.
“Además sé que hay chicos que van a las 18, pero desde esa hora hasta las 20 están afuera. Vemos a los chicos en el kiosco de la esquina o al frente sentados en un cantero. Y eso lo pueden observar todas las personas de Rafaela que pasan en esos horarios por este lugar. Entonces me parece ridículo el planteo que están haciéndome a mí”, advirtió María Eugenia Cisneros.
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