Raíces mapuches
“lonco” quiere decir cabeza. “pue” quiere decir reunión. “Reunión de cabezas” podría decirse que se llama este lugar: Loncopué. Y se llama así en mapuche. Será cuestión de ir familiarizándose con esta lengua, porque en Neuquén sobrevive la raza de pueblos originarios más resistente que encontró el paso a machete y bala de la civilización blanca. Justamente en este sitio parece que los caciques dirimían las cuestiones de un pueblo que aún hoy permanece impenetrable.
Pero Loncopué, además de guardar historias de mapuches que aún hoy sostienen su cultura ancestral en los puestos de los alrededores, ofrece un presente que se las trae. En toda esta zona el futuro parece ser el turismo. Coviahue, al pie del volcán, es un espacio similar a Las Leñas, para turistas top que no miden gastos. Aquí en Loncopué se puede encontrar el término medio.
Hasta las truchas tienen frío y ni asoman las escamas a la superficie de un río que uno supone verde en breve, cuando la primavera lo ilumine con el reflejo de las alamedas de la orilla. Agua-nieve aquí y allá. Una profesora de historia que hizo un relevamiento entre los pobladores más antiguos dice que aquí se empezó a juntar gente “cuando llegaron los alambrados”.
O sea, Loncopué, aún cuando conserva su nombre mapuche, es hijo de la conquista del desierto. Hoy que llueve el agua se ha puesto amarillenta. Hay una explicación. El volcán eructó y el viento trajo azufre a este pago. Es notable como los charcos emanan el olorcito que las viejas decían era del diablo. Entonces habrá que esperar para volver a intentar llegar a Coviahue.
Dicen que, efectivamente Coviahue anduvo enojado, pero que no dirán demasiado para no alarmar a la población. También cuentan que los enojos del volcán datan de una disputa añeja entre dos caciques por una mujer. Parece que la joven tuvo que sucumbir de mal modo con el cacique que menos le gustaba. Entonces se arrojó al cráter del volcán y se quitó la vida. Es desde entonces que, periódicamente, Coviahue vomita lava. Pero esto es leyenda y lo concreto que seguimos sin poder salir de aquí.
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