Rara lluvia
Imaginemos un espacio físico en el que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quepa 15 veces. Pensemos ese lugar como una gran planicie, de unos 3 mil kilómetros cuadros, con clima seco, escasa nubosidad, aire puro, cercano al Polo Sur y entre los 1.200 y los 1.400 metros sobre el nivel del mar. Apenas ganado caprino pastando y en lugares estratégicos cuatro edificaciones semicirculares de grandes dimensiones. Ya está. Es el Observatorio Pierre Auger.
Aquí en Malargüe la historia empezó en 1999, con la construcción de este espacio de ciencia que comparten 15 países, primermundistas como Alemania, o el nuestro, o Vietnam y Bolivia. Pero para remontarse al estudio de los rayos cósmicos, hay que remitirse al austriaco Víctor Hess y a 1912. Fue él quien descubrió lo que denominó “radiación penetrante”.
¿Y de qué se trata? De partículas que llegan desde el espacio, imperceptibles, y que bombardean constantemente nuestro planeta, desde todas las direcciones. La mayoría son núcleos de átomos o electrones, algunas más energéticas que otras. Justamente los rayos ultraenergéticos viajan a una velocidad cercana a la de la luz y son los que se estudian en el Pierre Auger, debido a que tienen cientos de millones de veces más energía que las partículas producidas por cualquier acelerador del mundo.
A propósito de energía, si bien este Observatorio es apenas ciencia básica y no determina para qué podría emplearse algún día este lluvia de partículas, es bien sabido que la humanidad debe resolver pronto un tipo de energía que reemplace el petróleo, ya que según los expertos, en aproximadamente 30 años, este bien no renovable va a acabarse. Por allí, sin que lo sepamos, alguien esté gestando un nuevo tipo de energía.
Pero, insistimos, no es el caso de este centro que congrega a 250 científicos de todo el mundo. Aquí sólo se mira. Y para mirar, hay diseminados en el campo 1.600 detectores de superficie, distanciados 1.5 kms. entre sí, consistentes en una estructura circular, como una tanqueta, una batería, tres tubos fotomultiplicadores, una pantalla de energía solar y 12 metros cúbicos de agua de-ionizada. Las partículas que caen son absorbidas por el agua y, en una suerte de espejo gigantesco, reproducidas en imagen para que una computadora se los exhiba a los hombres de ciencia.
La idea del Pierre Auger, que debe su nombre a quien en 1938 descubrió que el hallazgo de Hess se trataba de partículas capaces de caer en lluvias de diez mil por segundo en un metro cuadrado, es comprender mejor el universo que nos rodea. Según las estadísticas, como no todas las partículas que caen son ultraenergéticas, existen 100 eventos por año de estas características y deben aprovecharse al máximo.
De donde quiera que provengan, las partículas de alta energía mantienen secretos sobre la evolución y posiblemente el origen del universo, debido al misterio de su enorme energía –dicen los científicos-. Justamente Malargüe es el lugar petrolero por excelencia de Mendoza. Si consideramos que el petróleo, como ya apuntáramos, se está agotando, acaso podamos soñar con que aquí mismo se descubran un día nuevos sistemas para suplantarlo. Pero son apenas sueños de un inexperto, claro. Y se sabe que la ciencia se maneja con hechos concretos.
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