RASTROS DE SANGRE EN EL CRIMEN DE SANTIAGO
Los investigadores encontraron manchas de sangre en el automóvil de uno de los seis detenidos por el secuestro y homicidio de Santiago Miralles, según lo indicaron los reactivos aplicados sobre esos rastros, dijeron a LA NACION calificadas fuentes del caso.
El niño de seis años fue encontrado muerto el sábado último en un pozo séptico en Canning, partido de Esteban Echeverría. Silvia y Walter Miralles, los padres de la víctima, y Juan Carlos Blumberg, cuyo hijo, Axel, murió secuestrado en marzo de 2004, organizaron una marcha para el martes próximo, a las 18, desde la plaza principal de Lomas de Zamora hasta los tribunales federales.
Ambas familias comparten el dolor de perder un hijo en un secuestro y las críticas al desempeño de la policía y la Justicia. Anteayer, los Miralles habían dejado de cuestionar el trabajo de la policía, después de una reunión mantenida la noche del martes con el gobernador Felipe Solá y los ministros de Seguridad, León Arslanian, y Justicia, Eduardo Di Rocco. El padre dijo que se sintió “muy respaldado”.
Las cosas cambiaron ayer, cuando la madre de Santiago se mostró indignada con Arslanian, porque el ministro habría dicho que la finca donde encontraron a su hijo no había sido allanada porque los Miralles no lo pidieron. El ministro anoche, volvió a respaldar a la policía. “La familia Miralles nunca hizo saber que sospechaba de sus vecinos y la policía llegó a la casa de los Miralles 40 minutos después de que estos denunciaron la desaparición de Santiago”, dijo.
En diálogo con LA NACION, Arslanian afirmó: “No me cabe ninguna duda de que la familia Miralles es manejada por Blumberg, que opera de manera desafortunada con el solo fin de llevar agua para su molino”.
La mujer había hablado al mediodía, después de un encuentro con Blumberg, en el que acordaron la marcha del martes próximo. Ese día, la Justicia resolvería la situación procesal de los seis detenidos. Uno de ellos es el uruguayo Abel Domínguez, de 55 años, dueño del Volkswagen Gol rojo, patente SAN-738, en el que se hallaron los restos de tejido hemático.
Las manchas estaban en la alfombra del baúl y en un trapo hallado en el asiento trasero. Hasta anoche, no se había determinado si la sangre era de Santiago. Tampoco estaban concluidos los estudios histopatológicos para determinar si la víctima fue o no sedada por los criminales.
Ayer, los peritos volvieron al lugar donde se cometió el crimen y continuaron levantando pruebas. Se trata de la finca lindera a la casa de los Miralles, que cuidaban los caseros uruguayos Enrique Coito, de 49 años, y su esposa, Ana Isabel Machado, de 44. Este matrimonio tiene dos hijos: un niño de siete años, que era muy amigo de la víctima, y Henry Alexander Coito Machado, de 24. Salvo el niño, los otros tres integrantes de esta familia están presos. Y muy comprometidos en el caso, como su pariente Domínguez Farías, que también era casero en otra vivienda cercana.
Hay varios indicios que complican a los sospechosos. Es en el pozo séptico de la quinta que cuidaban los Coito donde fue hallado el cadáver de Santiago.
La familia Coito se había mostrado inquieta desde el jueves 14. Ese día, a las 11.14, la abuela de la víctima atendió el teléfono y una voz pidió 20.000 pesos a cambio de la liberación del niño. El padre de Santiago dijo sobre los Coito: “El jueves preguntaron muchas veces si en mi casa había policías”.
Existe otro indicio. El hijo del dueño de la quinta que cuidaba Domínguez relató a los investigadores que esas dos personas habían solicitado un crédito de 20.000 pesos para comprar un remise. El monto pedido como rescate. A Domínguez también lo complican las manchas de su automóvil y el contenido de un tambor en la entrada de la finca en la que vivía: cerámicas como las usadas para que se hundiera el cuerpo de Santiaguito.
Hay, además, otros detenidos: Jorge Fernández, de 19 años, y su primo, un menor de 15. Según un investigador, un día antes de que desapareciera Santiago, su padre vio cómo Fernández sacaba fotos a los chicos, que jugaban en la casa de al lado.
Silvia, la madre de Santiaguito, dijo: “Creemos que falta detener gente”. Una fuente con acceso a la causa -a cargo del juez federal Alberto Santa Marina y el fiscal Oscar Daneri- dijo que habría tres sospechosos libres. Y una alta fuente judicial remató: “Hay otras personas investigadas, pero todavía no se ordenó ninguna captura”.
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