RAY BRADBURY: "QUIERO QUE LLEVEN MIS CENIZAS A MARTE"
-Voy a ir a la Luna… Voy a ir a Marte. ¿Quieres venir conmigo?, le preguntó a su novia un joven romántico aspirante a escritor.
-¡Sí!, respondió ella sin dudar.
Sin faltar al más íntimo deseo convertido casi en una obsesión, Ray Bradbury le propuso así matrimonio a su esposa, Margarita, tres años antes de publicar su novela Crónicas marcianas (1950), en la que supo describir con asombrosos detalles la vida en el planeta rojo.
Hoy, sin la compañía de su esposa, que falleció en noviembre último, el eterno aspirante a pisar el suelo marciano sigue atento en su casa de Los Angeles, Estados Unidos, cada centímetro recorrido por el robot Spirit, el primero de dos verdaderos geólogos robóticos enviados por la NASA, que amartizó en la madrugada del domingo último.
Y él fue testigo de ese momento junto a los científicos, en el centro de comando de la Mars Exploration Rover ubicado en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.
En diálogo telefónico con LA NACION desde la tranquilidad de su hogar, el escritor que supo cautivar a millones de personas en todo el mundo con sus fantásticos relatos del futuro ayer compartió sus sensaciones y anhelos.
“Estuve en Pasadena el sábado (domingo 1.35, hora argentina) por la noche cuando aterrizamos en Marte y fue muy excitante estar ahí -relata con una voz suave y pausada, pero quebrada por sus 83 años-. Este es el comienzo de nuestro movimiento hacia el espacio exterior de nuestro planeta, con el que finalmente llegaremos a Marte… Este es sólo el comienzo de su colonización.”
DOS REGLAS
Con dificultades auditivas, ceguera en un ojo y problemas para caminar, consecuencias de una apoplejía que sufrió a principios de 2000, Bradbury aclara que “en la vida existen dos reglas: una es lidiar con los problemas y la otra, hacer bien el trabajo”.
-¿Cree que el hombre está haciendo bien su trabajo en Marte?
-Según los detalles que estoy siguiendo de la misión, sí. Todos los países de este mundo llegarán a Marte, de un modo u otro.
-¿El hombre está preparado para hacerlo?
-Claro que sí. Si queremos hacerlo, podemos empezar mañana mismo. Necesitamos que exista la competencia, como ocurrió con la historia del descubrimiento de América. Los hombres necesitamos competir entre nosotros porque es saludable y no hay nada de malo en ello.
Con una pasión que no oculta, Bradbury opina que todos los países que tengan capacidad científica y tecnológica para llegar a Marte están obligados a hacerlo. “Como lo hicieron los colonizadores del Nuevo Mundo, que dejaron atrás las políticas europeas, sus monarquías y sus guerras apenas pisaron suelo americano para comenzar de nuevo -sostiene con firmeza en su voz-. Y mire lo que logramos: personas que llegan de todo el mundo al continente para vivir mejor.”
Medio siglo atrás, Bradbury pudo describir vívidamente detalles de la vida en Marte en sus crónicas porque creció entre fotos de observatorios y dibujos. “Luego leí a Edgar Rice Burroughs, un escritor romántico y nada científico que capturó el alma de mi cuerpo y la llevó a Marte -explica-. Nunca más volví y así fue como pude escribir las crónicas.”
-¿Nunca más?
-No. En esta hermosa conversación, soy sólo una simulación de Ray Bradbury. En realidad, no estoy aquí.
-¿Y cómo está Marte ahora?
-Realmente muy lindo, y tengo invitados que vendrán a reunirse conmigo.
-¿Cómo?
-Tienen que empezar a construir un cohete mañana mismo. Debemos planificar expediciones. Cuando me muera, quiero que lleven mis cenizas a Marte… Quiero ser la primera persona enterrada en Marte.
En sus entrevistas, la Luna y Marte siempre están presentes. Sin embargo, el planeta rojo suele ganar.
“Podemos hacer mucho más con Marte que con la Luna -asegura-. La Luna está casi muerta, pero Marte tiene todos los elementos que necesitamos: sólo tenemos que penetrar el suelo; hay que llevar maquinaria que permita cavar el terreno para poder extraer oxígeno. Podemos crear la atmósfera, el combustible, combinando los distintos elementos que componen el suelo marciano y de la Tierra, claro. Todos los elementos necesarios están enterrados en Marte y debemos encontrar la mejor manera de liberarlos.
-Científicos de la misión a Marte citan, ahora, la ciencia ficción al proyectar las posibilidades de vida en el planeta…
-(Risas.) Bueno, los científicos me necesitan. Cuando les doy conferencias, lo primero que les digo es: “Ustedes me necesitan”, porque yo puedo movilizar a las personas y ellos no saben cómo hacerlo.
-¿Alguna vez quiso ser científico?
-¡No, nunca! -afirma decidido-. Estudié astronomía en la secundaria: el primer año fue maravilloso; el segundo, comenzamos a aprender cómo trabajar con lentes para poder construir un telescopio y eso fue lo que me enloqueció… Nunca supe cómo mezclar esas malditas lentes y no aprobé. Me alegra no haberlo hecho porque no sé nada de cosas técnicas, pero sé cómo hacer que las personas se enamoren. Y mi trabajo, ahora, es construir una gran nación marciana con todas las tribus del mundo.
-Incluidos los argentinos…
-Así lo espero, como también que mejoren todos los problemas que están teniendo. Cuando hace cinco años visité la Argentina, todas las personas que se reunieron para escucharme me demostraron su afecto, algo que nunca sentí en mi país.
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