REANUDAN LA BÚSQUEDA DE LOS ARGENTINOS PERDIDOS EN LA ANTÁRTIDA
En una lucha contra el tiempo y las malas condiciones climáticas, los siete expertos del Ejército tienen todo listo para iniciar la difícil misión de llegar hasta los dos argentinos que el sábado cayeron en una grieta cuando retornaban a la base Jubany.
Los preparativos dieron comienzo a las 7.30, poco antes del amanecer antártico. El trabajo promete ser duro. “Las condiciones no son óptimas pero van mejorando”, precisó desde el buque Almirante Irízar el vocero de la Dirección Nacional del Antártico, Sergio Policastro.
Los siete rescatistas arribaron ayer por la tarde a la base chilena Presidente Frei, ubicada a sólo 12 kilómetros del sitio del accidente.
El acceso al lugar donde se produjo todo, sin embargo, depende del clima: si las condiciones lo permiten los expertos realizarán el viaje en helicóptero (apenas 4 minutos de vuelo). En caso contrario deberán hacerlo por vía terrestre, en una travesía que puede llegar a durar tres horas.
Al mando de los socorristas va el coronel Víctor Figueroa, jefe de la última expedición argentina al Polo Sur, en 2002, y director de la Escuela de Capacitación Antártica del Ejército Argentino. “Pueden bajar a 100, 200 metros. No tienen limitaciones técnicas para descender a la distancia que sea”, dijo anoche el coronel Mario Gabriel Dotto, segundo comandante Antártico del Ejército.
El accidente ocurrió cerca de las 11 de la mañana del sábado, cuando un convoy de dos motos -con cinco hombres- retornaba a la base Jubany tras una visita de rutina a la estación uruguaya General Artigas (Archivo 19/09/2005).
“Ya estábamos más adelante de mitad de camino, cuando entramos en una zona de grietas. Al detectar la presencia de grietas, hicimos una comprobación mediante la carta y el navegador satelital, y empezamos a subir para salir de esa zona. Al paso de la primera moto se abrió la grieta y cayó”, relató ayer el capitán Jorge Pavón, uno de los tres sobrevivientes, jefe de la base Jubany.
En la moto que desapareció viajaban el biólogo Augusto Thibaud y el suboficial segundo de la Armada Teófilo González. Lo primero que hicieron Pavón y los otros hombres —los suboficiales Mario Leonhardt y Alejandro Carbajo— fue acercarse al borde de la grieta.
Sin embargo, los intentos de rescate fueron estériles: no vieron nada ni nadie respondió a sus gritos. El domingo se decía que la grieta tendría una profundidad de 30 metros. Ayer el capitán Pavón reveló que tiró en la boca de la grieta una cuerda de andinismo de 50 metros de largo y que no tocó fondo.
El mismo día del accidente un grupo de la base coreana King Sejong, a 7 kilómetros del lugar, se aproximó al lugar y un helicóptero de la Fuerza Aérea hizo un avistaje. Los esfuerzos tampoco dieron resultado. Por eso, la esperanza ahora está puesta en lo que puedan hacer los siete expertos del Ejército. “No se puede perder tiempo. Las horas son vitales”, resumió el coronel Dotto.
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