REAPARECIÓ BASEOTTO Y DIJO QUE SIGUE SIENDO OBISPO CASTRENSE
Parece el cuento de nunca acabar. Pese al deseo del Vaticano y del Gobierno de sacar el caso Baseotto de los diarios y dejar que la diplomacia arregle las diferencias, la realidad siempre termina imponiéndose por sobre los anhelos. Ayer, fue el propio monseñor Antonio Baseotto quien rompió el silencio y —en una declaración que, dicha por él, sonó desafiante hacia los moradores de la Casa Rosada—, ratificó que sigue siendo el obispo castrense.
Luego de una escalada verbal, el Vaticano puso como condición para la superación del diferendo —que, para el Gobierno, implica el nombramiento de un nuevo obispo castrense— que el tema no sea sobreexpuesto en los medios. Sin embargo, no faltaron funcionarios que siguieron hablando públicamente. Entre ellos, el ministro de Defensa, José Pampuro, que llegó a decir erróneamente que al obispo castrense lo designa el Presidente.
“Naturalmente… claro que sí…”, dijo Baseotto, al ser consultado por la prensa acerca de si seguía siendo el obispo castrense, luego de que el presidente Néstor Kirchner le retirara su aval, el cargo de subsecretario y el sueldo, tras pedir —sin éxito inicial— a la Santa Sede el desplazamiento del obispo. Baseotto ratificó una obviedad: que a los obispos los pone y los saca el Papa. “Es así la cosa y no la puedo cambiar yo”, dijo con algo de picardía.
Baseotto fue abordado por la prensa en el Aeropuerto de Ezeiza cuando se disponía a abordar un avión con destino a Italia. Aclaró, sin embargo, que su destino era Portugal, donde visitará el santuario de la Virgen de Fátima. Pero no descartó ir luego a Roma y visitar a Benedicto XVI. “Probablemente, sí”, señaló. Incluso, dijo tener “una relación… ¡cómo no!” con el nuevo Pontífice, aunque aclaró: “No puedo decir que soy su amigo.”
Más aún: Baseotto confirmó que, entre las cartas de apoyo que recibió tras la decisión presidencial de echarlo, se contó una del entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI. Y negó haber sido citado por el Vaticano para aclarar su incidente con el Gobierno, que derivó en una fuerte tensión entre la Santa Sede y la Casa Rosada. Aunque manifestó su deseo de que “de una vez se aclaren las cosas”.
En ese sentido, ratificó que “fueron malinterpretados” los términos de la carta que le envió al ministro de Salud, Ginés González García, luego de que éste se declaró a favor de la despenalización del aborto y el reparto de preservativos entre los jóvenes. “Lo que hice fue citar un texto del Evangelio, pero no dije que al ministro le debe pasar lo que dice la cita”, aclaró.
En la nota, Baseotto le advertía al ministro que el Evangelio dice que aquellos que escandalicen a los pequeños merecerían que “les cuelguen una piedra al cuello y los arrojen al mar”.
Paralelamente, el obispo Justo Laguna declaró que las actuales dificultades entre la Iglesia y el Estado “no deberían desdibujar la amplia y fecunda cooperación existente” entre las partes.
En declaraciones hechas en Roma, destacó “lo mucho que mejoró” el país desde el peor momento de la crisis.
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