RECHAZARON UN PEDIDO DE EXCARCELACIÓN PARA JUAN ORLANDO ROLÓN
El juez federal Reinaldo Rodríguez, rechazó un pedido de excarcelación del ex jefe de Inteligencia del II Cuerpo de Ejército y ex jefe del Area 212, coronel Juan Orlando Rolón, a quien el miércoles pasado indagó por los crímenes de la dictadura en Santa Fe. Rolón está acusado por privación ilegítima de la libertad, torturas y asociación ilícita.
El magistrado tiene diez días hábiles para definir la situación procesal de Rolón y resolver si se suma a la lista de ocho procesados por delitos de lesa humanidad, entre ellos los ex jefes del Destacamento de Inteligencia Militar 122, coronel Domingo Manuel Marcellini y el ex suboficial Nicolás Correa y el ex juez federal Víctor Brusa. Marcellini y Correa cumplen prisión domiciliaria, así que es probable que Rolón tenga el mismo beneficio, a partir de sus 81 años.
Fuentes de la Justicia Federal no descartaron que coronel pueda ser indagado por otras causas, entre ellas la que investiga la masacre de la familia de María Carolina Guallane, la joven que fue arrancada de sus padres cuando era una beba de meses y logró conocer su verdadera identidad, Paula Cortassa, hace apenas unos años.
“EL ERA EL JEFE DE LOS CENTROS CLANDESTINOS”
Los esposos Daniel García y Alba Sánchez no tienen dudas sobre el rol que cumplió el coronel Juan Orlando Rolón durante la represión ilegal en Santa Fe. “El era el jefe de los centros clandestinos que operaban en la dictadura”, dijeron. Ellos lo acusan directamente y aseguran haberlo identificado en una casa quinta de Villa California, en San José del Rincón, donde estuvieron cautivos entre diciembre de 1977 y el 25 de mayo de 1978, cuando el grupo de tareas que los había secuestrado y saqueó su casa, los dejó en libertad. Fueron casi cinco meses de torturas y martirio, hasta que una tarde del verano del ’78, Rolón apareció en la quinta. “Me dio una palizas de aquellas, y entre los golpes, cuando caía al suelo, la capucha se corrió y lo pude identificar: era Rolón. Yo no tengo dudas”, dijo García en un diálogo con Rosario/12.
Rolón fue jefe de Inteligencia del II Cuerpo de Ejército cuando el comandante era el ex general Ramón Genaro Díaz Bessone. A fines de 1976, asumió la jefatura del Area 212, en Santa Fe. Un cargo que dejó en 1979, cuando pasó a retiro y se desempeñó durante algunos meses como ministro de Bienestar Social de la provincia, en el gabinete del contralmirante Rodolfo Luchetta. Treinta años tuvieron pasar para rindiera cuentas ante el juez federal Reinaldo Rodríguez, quien lo acusó por “torturas, privación ilegítima de la libertad y asociación ilícita”, entre otros cargos. Hoy está detenido en su casa: un chalet en Villa Setúbal, a dos cuadras de la laguna y la costanera, mientras se especula que podría ser llamado a indagatoria en otras causas.
El miércoles, cuando Rolón se presentó en los Tribunales Federales, los García esperaban en la puerta, junto con otros familiares de desaparecidos. Ellos son querellantes en la investigación del terrorismo de estado en Santa Fe y acusan directamente a Rolón. “Cuando nos presentamos en el juicio, hicimos una formal querella contra él, precisamente por aquel episodio en Villa California: la tarde que visitó el centro clandestino donde nos tenían secuestrados”, comentó Daniel García.
-¿Qué ocurrió?
-El día anterior, la patota que nos tenía secuestrado me obligó a escribir bajo tortura y de puño y letra, una especie de confesión de que yo había hecho un trabajo de inteligencia y seguimiento sobre Rolón y su familia. Evidentemente fueron a mostrarle ese papel y a lo mejor le habrán dicho: ‘Tenemos detenido a un tipo que quería atentar contra vos’. Yo creo que esto -especuló García- obedecía a una interna que había en la patota en ese momento. Y bueno, a la tarde siguiente, él se hizo presente para recriminarme el hecho. Y me recriminó de muy mala manera. O sea, estuvo más dos horas pegándome. Yo estaba encapuchado, atado a una silla y recibí la paliza correspondiente. Con un agregado: como yo le dije que esa confesión me la habían arrancado bajo tortura y me habían obligado a firmarla, después que él se fue, volví a cobrar con los que quedaron.
-¿Usted lo pudo ver o identificar?
-Lo pude ver porque un par de veces caí de la silla y al caer, se corría la capucha hacia arriba. Pero no solamente eso, sino que cuando estaba por llegar, había un corrillo que circulaba entre los guardias de la casa: ‘Viene Rolón, viene Rolón’, decían. O sea, venía el jefe. Así que no me cabe ninguna duda de que era Rolón.
-¿Recuerda la fecha?
-Tiene que haber sido en febrero o marzo de 1978, aproximadamente. Porque ahí adentro, en el centro clandestino, no teníamos precisiones sobre el paso del tiempo. Nosotros fuimos detenidos en diciembre de 1977 y estuvimos secuestrados hasta el 25 de mayo de 1978. Así que este encuentro con Rolón tiene que haber sido en febrero o marzo de 1978, más o menos -dijo García.
Alba Sánchez también recuerda aquella visita de Rolón a la casa quinta de Villa California, en las afueras de Santa Fe. “Lo acusamos porque él se hizo presente en el centro clandestino donde estábamos secuestrados. Además, era el jefe, estaba en conocimiento de todos los centros clandestinos de la dictadura que operaban en Santa Fe y sus alrededores”, explicó.
Para Alba es importante que Rolón permanezca detenido en Santa Fe -con prisión domiciliaria- porque “es probable que lo puedan indagar y procesar por el resto de las causas en las que está imputado”, dijo. “Rolón se negó a declarar, presentó un memoradum escrito, en el que negó todos los cargos que se le hacen. Niega la justicia civil y quiere ser juzgado por la justicia militar. Pero es importante que quede detenido en su domicilio de la ciudad de Santa Fe, con prisión domiciliaria y con custodia policial, porque así lo pueden indagar en otras causas”, apuntó.
En el revuelo de la declaración de Rolón, hubo un cruce Alba Sánchez y la esposa de Rolón. “¡Andá a lavar los platos!”, le recomendó la mujer del militar. “¡Vos lavaste mis platos!”, le contestó Alba. Una ironía. El grupo de tarea que secuestró a los García también desvalijó su casa y se alzó con un botín de guerra: Una vajilla de 300 piezas que ellos habían heredado de su familia. Salvaron una tetera, pero no les quedó ni un solo plato.
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