RECIÉN ESTA SEMANA SE TERMINÓ DE SACAR EL AGUA.
La crecida del Salado no dio tregua al cementerio municipal. Un 30 % del predio -alrededor de dos hectáreas del sector sur- fue afectado por la inundación, que dejó tras su paso un olor nauseabundo, lápidas deterioradas, mugre y el dolor de los deudos que debieron soportar ver los nichos inundados de sus familiares fallecidos.
Todavía se ven hilos de un líquido oscuro escurriendo lentamente de algunas tumbas y la marca de humedad es elocuente: 1,20 metros. Claro que en los pabellones construidos en un nivel más bajo la situación fue aún peor.
Es el caso del subsuelo de una de las secciones de nichos emplazadas al sur, donde el agua casi tocó el techo y tapó todo por completo. Ese sector permaneció anegado por casi un mes, hasta el lunes pasado cuando culminaron los trabajos de extracción de agua por medio de bombas.
Cuando el personal municipal pudo ingresar, las tareas se completaron con limpieza manual e hidrolavadora. Hasta el martes el olor que emanaba de ese pabellón era insoportable. “El agua estaba altamente contaminada allí”, contó a El Litoral uno de los trabajadores del cementerio. No es difícil arriesgar por qué: el Salado invadió féretros y restos humanos, mezclando todo en un cóctel insalubre y nauseabundo.
Una valla impedía el paso de visitantes al lugar. “Algunos familiares venían hasta acá y se ponían a llorar en la entrada”, dijo otro de los empleados municipales que el jueves desinfectaba y arreglaba el sector. En el ambiente predominaba un fuerte olor a creolina que se echaba casi pura por todo el piso.
“No, no hubo nada de eso”, respondió el trabajador cuando se lo consultó por el rumor de que en ese lugar se habrían visto féretros flotando. “Yo estuve todos los días acá y lo único que flotó fueron los bancos de madera de los cuidadores que recién los sacamos cuando pudimos entrar”, aseguró.
La permanencia del agua por tanto tiempo hizo estragos en algunas lápidas -incluso de mármol- y los municipales trabajaban ayer para sellar las tumbas con cemento. “En el área directamente afectada hay 1.450 nichos y se detectaron rupturas de lápidas y tapas en aproximadamente 20”, calculó el director del cementerio, Osvaldo Aguirre.
Agregó que Fiscalía Municipal ha labrado las actas correspondientes ante escribano público, que certifican la situación descripta, y se citará a las familias de los nichos deteriorados para interiorizarlos del tema.
Deterioro y mugre
También queda agua en algunos panteones privados que tienen subsuelos. “Hay que tener en cuenta que, cuando crece el Salado, suben las napas y los panteones que tienen subsuelos acumulan siempre algo de agua. Es más, hay algunos que no fueron afectados por la inundación y que hoy tienen líquido porque todavía están altas las napas”, explicó Aguirre.
A excepción de los niveles más bajos, en el resto del sector afectado, el anegamiento duró aproximadamente unos siete días y fue bajando junto con el descenso natural del río. Sin embargo, las huellas del agua se observan en todas partes: paredes húmedas, mampostería suelta, nichos en mal estado y suciedad. Restos de barro y pasto todavía quedan adheridos a las lápidas. “Yo no sé por qué los encargados no limpian un poco”, se quejó una mujer, mientras se arremangaba para quitar la mugre de una tumba.
“Se hará alguna limpieza general. Ocurre que teníamos prioridad con el pabellón donde todavía quedaba agua; esa es la realidad”, respondió Aguirre ante la consulta.
En el sector que se inundó está ubicada la morgue judicial (que inmediatamente fue recuperada por su propio personal) y el galpón donde se guardaban las herramientas para mantenimiento del cementerio (un tractor, siete cortadoras de césped manuales, dos motoguadañas, etc). “Todo fue afectado en su totalidad, y estamos tratando de recuperar lo que es posible”, señaló el funcionario.
Por otra parte, agentes del Área de Estudios y Proyectos municipal realiza por estos días una evaluación de la parte edilicia del cementerio, cuya estructura de más de 110 años acusó recibo del fenómeno. “Hay partes que antes de la inundación ya estaban muy deterioradas y, lógicamente, el agua ha tenido un efecto perjudicial allí”, indicó Aguirre.
En su opinión, tras el cataclismo habrá gente que, ante el dolor de ver las tumbas de sus familiares fallecidos llenas de agua, seguramente querrá reubicar los féretros en otras áreas del cementerio o cremar los cuerpos.
El peor recuerdo
Poco a poco el cementerio irá recobrando su movimiento habitual, aunque entre las peores postales de la inundación seguramente quedará en la memoria la de los evacuados que se alojaron en el crematorio o entre las tumbas, cuando escaparon de la furia del agua. Buscaron un refugio y se vieron obligados a vivir junto a los féretros. Quedaron sólo unos días, pero bastó para dar idea de la magnitud de lo que fue la catástrofe que soportó la ciudad.
Beneficios
El secretario de Obras y Servicios Públicos de la Municipalidad, Juan José Maspons, adelantó que se están analizando diversas alternativas tendientes a otorgar beneficios impositivos y de pagos de derechos en el sector directamente afectado del cementerio.
“Estamos estudiando la posibilidad de extender los alcances de las normas que regulan la emergencia como para otorgar algún tipo de beneficio en lo que hace al pago de derecho de cementerio o cremación”, dijo.
Aclaró que “puede ser una condonación de cuotas o alguna otra propuesta de mejoramiento en los planes de pago por ocupación de nichos, así como beneficios para quienes deseen cremar los cuerpos que estuvieron en la parte inundada. Todavía lo estamos estudiando, y seguramente la semana que viene lo pondremos a consideración del intendente”, indicó.
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