RECLAMO POR UN EX CENTRO CLANDESTINO
Las puertas y ventanas de la casa de Virrey Ceballos 628 fueron atravesadas ayer por un cartel que decía: “Aquí funcionó un centro clandestino de detención de la Fuerza Aérea”. La iniciativa fue de vecinos de los barrios de San Cristóbal y Monserrat, que con representantes de organismos de derechos humanos marcharon hasta el frente de esa casona, deshabitada y en venta, para pedir que sea convertida en patrimonio de la ciudad y, como tal, “sea destinada a la preservación de la verdad histórica”.
Dos sobrevivientes dieron el testimonio de que esa casa, de dos pisos con balcones, fue utilizada para inteligencia aérea y represión. Fueron Osvaldo López, único cautivo de ese centro que pudo concretar la fuga, y la periodista Miriam Lewin, que permaneció allí un año para ser luego trasladada a la ESMA.
La casa pertenecía al Estado en los años del terrorismo; pasó luego a depender de la Policía Federal. En la actualidad es de propiedad privada. Las organizaciones buscaron hacer público que allí fueron “torturadas más de cien personas, después desaparecidas”, para poder obstaculizar la venta de la casa que silencia, en su interior, “más de 30 años de impunidad”.
Osvaldo López relató que los cautivos, introducidos por el garaje, “eran alojados en celdas individuales”. Vendado, pudo entrever que había tres salas de tortura —una en entrepiso—, a las que se llegaba por un pasillo largo.
Miriam Lewin no tuvo fuerzas para pasar al frente y hablar. Entregó un escrito en el que cuenta que escuchaba los gritos de tortura desde la pieza casi asfixiante en la que estaba encerrada. Luego la pasaron a la ESMA, y liberada en 1979. En sus declaraciones durante el juicio a las juntas Miriam describió la casa, pero no consideraron “probados” los datos. En 1988 pudo reconocer el lugar, al que asistió con el CELS.
Durante el acto fue desplegada una pancarta con fotos y nombres de los desaparecidos en el barrio: las monjas y las madres secuestradas en la Parroquia de Santa Cruz; el escritor Rodolfo Walsh, secuestrado en Entre Ríos al 1000, entre otros. Los viejos vecinos presentes ayer aseguran que nunca olvidan los gritos que oían cuando pasaban por las puertas de la casona.
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